Exposición Individualsept 2008 - dic 2008· Por Monica Kupfer

Fernando Toledo

Galería Arteconsult Alemán y Grimberg

Las pinturas recientes de Fernando Toledo son visiones líricas de las realidades cotidianas del hombre moderno, en composiciones que impactan inicialmente por el contraste de colores y las formas que representan personas, elementos de la naturaleza o símbolos universales. A través de los años ha explorado temas como la inmigración, el amor, la corrupción y la profanación del ambiente, en obras que nunca dejan de ser visualmente armoniosas. Tiene un sentido muy particular del color una manera de armonizar tonos poco usuales, que ha logrado como consecuencia de sus años de búsqueda y experimentación con la pintura sobre lienzo. Aunque también se ha aventurado a desafiar la tradición pictórica con dibujos ejecutados directamente sobre las paredes de los museos, con pinturas en banderolas o instalaciones sobre campos minados y aguas contaminadas, sus trabajos bidimensionales siguen revelando la mayor fuerza expresiva.

Exposición Individual: Fernando Toledo — imagen 1
Fernando Toledo. Ciudad Jardín, 2008. Acrílico-carboncillo sobre tela.171 x 145,5 cm. (67 ¼ x 57 ¼ pulgadas).

En su serie más reciente, titulada Paisajes para recuperar el horizonte, Toledo pone en evidencia su consternación ante la destrucción urbana, la construcción desmedida y los intereses económicos que hacen daño a la cohabitación armónica entre ciudadanos. Como lo ha hecho en años recientes, combina sobre el lienzo el dibujo con carboncillo con la pintura de acrílico, logrando contrastes excepcionales y un idioma artístico cada vez más personal. Lo que ha desaparecido en esta nueva serie es el bosque tropical con sus ramas enmarañadas y colores profundos. Los rojos de sangre fuertes y oscuros que favoreciera en el pasado han dado paso a combinaciones de grises plomo y amarillos intensos, con turquesas en cielos o mares de falsa ilusión. Cuando aparece el mundo natural, es a manera de árboles y selvas en tonos de gris, como imágenes resecas de la abundancia verde abrumadora que caracteriza las contadas áreas conservadas de su país adoptivo. En Parque metropolitano, por ejemplo, un gran bosque en blanco y negro cruza la composición de izquierda a derecha, y de la parte inferior surge un mantón de amarillo intenso como una plaga deforme y amenazante. En el fondo, entre los árboles, se ven bloques de edificios que parecen atacar el ambiente natural desde la retaguardia. El peligro es inminente.

Toledo, quien en los años noventa fue ganador en tres ocasiones de premios en la Bienal de Arte de Panamá, ya había mostrado su interés por los problemas urbanos en esa época. En 1998, fue galardonado por su Serie de los damnificados, una obra de dibujo y pintura con tintas, pasteles, lápices de colores y carboncillo sobre planos arquitectónicos fotocopiados. Así, según lo explicara el artista, lograba complementar la información técnica del plano con la información plástica propia, para crear una obra de arte y reflexionar sobre “la relación del hombre con su entorno urbano, su sentir, su drama, su dilema por vivir mejor en donde habita o coexiste”. Toledo describe el dibujo como un lenguaje que le permite “más espontaneidad, más sensibilidad sobre el trazo”, descripción que se aplica igualmente a sus obras de 2008, donde el árbol sutil de hace diez años se ha convertido en un bosque sin verdor, y las siluetas de los hombres han sido reemplazadas por múltiples estructuras arquitectónicas.

En Ciudad Jardín, un conjunto de edificios esquemáticos rodea y abruma por completo a un pequeño grupo de seres humanos que habitan en el centro de la apretada urbe. Dentro de las siluetas humanas aún crecen árboles, totalmente desprovistos de verdor, envueltos en un nubarrón de “smog” citadino. En la parte superior, un cielo azul intenso libre de nubes enriquece la composición de manera importante, sin llegar a prometer un mundo mejor. Aunque los edificios caricaturescos de esta ciudad recuerdan en algo las urbes en los lienzos del argentino Seguí, aquí estamos frente a un artista con otro concepto de la ciudad, como un lugar donde el hombre común no participa activamente sino que es ahogado por la desenfrenada proliferación de edificaciones. La figura humana en la ciudad de Toledo es casi un recuerdo, una presencia muy tenue, dentro de una urbe de desordenado crecimiento e irónico “progreso”.

El mismo cinismo está presente en Horizontes sostenibles, una ciudad donde los árboles sólo brotan de los techos de los rascacielos, creando una perspectiva insólita y deprimente. Sin embargo, en estas obras de Toledo hay belleza en la manera que el artista contrasta la fría construcción con la cálida poesía de la naturaleza, los colores planos de los fondos y los cielos con el dibujo esmerado de los árboles, el detalle minucioso con aquello simplemente sugerido. Toledo cuida los elementos básicos de una buena composición, sin dejar de expresar lo que siente. A la manera característica de los artistas contemporáneos, se preocupa por la situación actual y los problemas del mundo a su alrededor.

MÓNICA KUPFER

Fernando Toledo, por Monica Kupfer | artnexus