Desde Bogotá

Liliana Sánchez. En mí hay multitudes, 2008. Instalación en técnica mixta. Dimensiones variables.

Colectivasept 2008 - dic 2008· Por Natalia Gutiérrez

Desde Bogotá

Galería Santafé

El Comité del Encuentro Internacional de Medellín 07 Prácticas Artísticas Contemporáneas, espacios de hospitalidad, convocó a 15 artistas de la ciudad de Bogotá para que presentaran un proyecto fundamentado en algún aspecto propio de la dinámica social y urbana de la ciudad de Medellín. Los artistas invitados fueron Adriana Bernal, Adriana Duque, Liliana Sánchez, María Isabel Rueda, Rosario López, Fernando Escobar, Ícaro Zorbar, Juan Fernando Herrán, Juan Mejía, Luís Fernando Ramírez, Wilger Sotelo, Saúl Sánchez, Miler Lagos, Pablo Adarme y Ricardo León.

El jurado, conformado por Ana Paula Cohen, Maria Inés Rodríguez y Óscar Muñoz, escogió, de las propuestas enviadas, cinco: las de Luís Fernando Ramírez, Adriana Bernal, Juan Fernando Herrán, Miler Lagos y Liliana Sánchez. La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, a su vez, otorgó cinco becas a cada artista, como una manera de hacer presencia en el evento de arte de Medellín de 2007. Los artistas viajaron a Medellín, desarrollaron su propuesta, y el resultado conforma esta exposición, que se presentó en La Casa del Encuentro del Museo de Antioquia, y en Bogotá en la Galería Santafé, en abril de 2008.

Para empezar, habría que decir que la idea de invitar a unos artistas de Bogotá para que visiten a Medellín en el marco de su evento artístico es una metodología que encuentro simple y sana: cada artista amplía su mirada al observar un lugar diferente por un tiempo y a su vez la ciudad que lo recibe se siente mirada. Ojalá esa metodología se ampliara a otras ciudades y la adoptaran otros eventos del país que a veces se inventan unas convocatorias complejísimas.

Colectiva: Desde Bogotá — imagen 1
Adriana Bernal. Chocolarte Project, 2008. Chocolate sculpture allusive to Fernado Botero’s work. Approx. 78 ¾ x 78 ¾ x 78 ¾ in. (200 x 200 x 200 cm.).

El diseño de esta convocatoria me gusta porque además tiene un giro no tan simple pero sí muy interesante para mí, aunque no esté explícito, y es el que tiene que ver con su carácter de envío. Sería genial reinventar lo que se envía desde Bogotá o para Medellín y discutir qué se entiende actualmente por envío, qué entendemos por producir ese envío o la función de esos enviados: hacer visible a, hacerse visible para, hacer visible lo que tiene lugar en un lugar.

En realidad, el artículo de Derrida que se llama así, “Envío”, es una apuesta por la vigencia de la representación, siempre y cuando el que representa “meta” su pensamiento en la palabra y lo que implica; Derrida invita al que representa a que piense en la palabra “desde”; lo invita a despertar la conciencia de que ese “desde” es ya un envío.

Derrida habla en este artículo de la representación como volver presente, como el poder-de-hacer-volver-a-venir, y ese poder-de-hacer-volver-a-venir-a-la-presencia de forma repetitiva es lo que marca la “re” que precede a representación. Derrida habla del poder de la representación para preguntar por la posición del poder-poner, del disponer, del colocar, del situar. Desde Bogotá, –podría ser también para Medellín, según desde donde se mire–, es un título que contiene todas esas derivaciones del diccionario que tiene la palabra "envío", maravillosas, como hacer llegar, mandar o remitir. Pensando en el envío, se le quita peso al objeto que está “en frente de mí” y se envía: se convierte en un vector de información y se le manda a alguien.

Colectiva: Desde Bogotá — imagen 2
Miler Lagos. Emergente, 2008. Impresión Lambda. 100 x 150 cm. (39 ¼ x 59 pulgadas).

Dos obras remitían a la ciudad sus propias representaciones: Miler Lagos tomó fotografías de algunas esculturas en bronce que encontró en el espacio público de la ciudad de Medellín. Son construcciones curiosas: a veces los pies atraviesan de manera surrealista el bronce, para “sentar” aún más sobre el suelo a un personaje que ya está sentado en un asiento frente a una especie de escritorio, que resulta así un extraño aparato de tortura. ¡A esa escultura había que tomarle una fotografía! Otra escultura era una mesa en bronce sobre la cual se dispusieron bustos de mujeres ilustres de la región antioqueña. Se trata de una fotografía del monumento La esquina de las mujeres, que Miler Lagos se encontró cerca del Jardín Botánico. En realidad, no deja de ser curiosa esa forma de representación: sólo torsos sobre una mesa; queda la pregunta de cómo representamos, de lo que la representación trae inconscientemente del pasado y de hacer visible “aquello a lo que se le da lugar”. Inmersos es un buen nombre para la escultura pública de cualquier ciudad a veces sumergida, quieta, en medio de tantas fuerzas de la repetición, que tal vez la re-presentación en estas fotografías inquiete un poco.

Fotografías de gran formato con las esculturas de Botero en chocolate era el proyecto Chocolarte de Adriana Bernal. Las fotografías estaban precedidas por una frase: “Homenaje a Bernardo Salcedo y su gran sentido del humor. Mi proyecto se inspira en una frase que él decía: "Las esculturas de Botero parecen figuras de chocolate”.

Adriana Bernal considera que tanto las esculturas de Botero como sus réplicas que se venden en la calle son parte del entorno visual de la ciudad. Por eso las utilizó como moldes para hacer esculturas de chocolate, derretirlas un poco e “instalarlas” de nuevo digitalmente en los paisajes de diferentes ciudades. Adriana Bernal ya había hecho “postales efímeras” en otras ciudades como Berlín o Tunja representando la representación, que hace venir de nuevo a la presencia, y en el caso de las esculturas de Botero, para preguntar por la posición del poder-poner, del disponer, del colocar y del situar. Como envío, estas dos obras, las de Miler Lagos y las de Adriana Bernal, me parece que son precisas para iniciar una mesa de discusión sobre el espacio público de Medellín o de Bogotá o del resto del mundo, donde cada experiencia ayudará a cuestionar y a construir ese tener el poder de poner.

Colectiva: Desde Bogotá — imagen 3
Juan Fernando Herrán. Sin título de la serie Escalas, 2008. Impresión inkjet. 108 x 163 cm. (42 ½ x 64 pulgadas).

Escalas: así les dicen los “paisas” a las escaleras, y así se llama el proyecto de Juan Fernando Herrán. El artista nos cuenta: “En la construcción de lugar aparecen estructuras que resuelven en primera instancia problemas prácticos, como el acceso o el abrigo, pero que simultáneamente se consolidan como elementos simbólicos que reflejan los imaginarios de los habitantes y su idea de progreso”.

Su proyecto es una serie de fotografías de escalas que tomó en los barrios marginales de Medellín, que en sus construcciones manifiestan su intención de sobrevivir, insistiendo en ocupar un lugar. En las fotografías de gran formato de Juan Fernando Herrán vi fotografías de escalas de tierra que suben tenaces por una loma; escalas verticales que llegan al filo de la comuna, escalas abandonas, inconclusas, sin oficio, a la espera de miles de oficios, escalas triangulares entreveradas, a medio terminar, con graffiti, como basureros, escalas como juguetes, como posible anaquel de cocina, escalas de cemento que no llevan a ninguna parte. Estas fotografías son precisas en el envío: hacer visible lo que tiene lugar en un lugar: escalas del bricolaje, del abandono y de los deseos de cemento que generalmente quedan inconclusos.

Una pregunta sobre la modernidad y los deseos está presente en el trabajo de Juan Fernando Herrán, y me parece que la comparte Luis Fernando Ramírez. Arquitecto de profesión, hace ya un tiempo le plantea preguntas a la arquitectura moderna, su sombría vigencia y su evasión del sentido del lugar. En su trabajo ha ido animando el proyecto moderno con cambios formales llevados a cabo por la inventiva de la autoconstrucción y de la invasión de la vegetación tropical, y ahora con las mezcla de ritmos. Este proyecto es una investigación sobre las casas disqueras que tienen su sede en Medellín, y que promovieron un tipo de música tropical mezcla de bolero, gaita, cumbia, mambo, twist y porro. Una música cuyas figuras sobresalientes fueron Los Golden Boys y que fue la música bailable colombiana de los 60, una mezcla eficiente y “blanqueadora” de algunos de sus orígenes, que entró alegre a los salones de los años 60.

Colectiva: Desde Bogotá — imagen 4
Luis Fernando Ramírez Celis. Golden Lame Cumbia (el plumaje del Rey), 2008. Video proyección sobre círculo de madera, sonido estéreo, carátulas de discos. Tamaño de proyección: 1.10 cm. (Voz, guitarra eléctrica, conga, güiro: Luis Fernando Ramírez; acordeón: J. Rojas; batería: G. Cáceres; teclados y mezcla: A. Martínez; edición en video: D. Quitián).

Golden Lamé Cumbia (El plumaje del rey) contrapone estos Golden Boys colombianos, dorados en el nombre, con la opulencia del Rey del Rock. Hasta aquí sería un proyecto documental. Pero se atraviesa un fuerte contenido subjetivo, que yo veo cercano a “La venganza de los nerds”: Luis Fernando Ramírez, como arquitecto, construyó rascacielos pero con cuchillas de afeitar o con jabones, y en esta obra canta esta cumbia mix como los chicos dorados, tanto criollos como extranjeros, con un esmoquin de lamé en un video que da vueltas a 33 RPM. Me envía un mensaje de métodos para construir: no ceder muy rápidamente el dominio a los héroes, para quedarse absorto en su contemplación y asumir el poder de dislocar.

En mí hay multitudes de Liliana Sánchez. Según la artista: “Esta obra tiene como punto de partida la imagen de la paloma destruida en el Parque de San Antonio por el atentado-bomba ocurrido en 1995. Esta imagen propone en un primer momento, y tal como lo reafirma su presencia en el parque, la necesidad de mantener la memoria viva sobre el pasado de violencia que atravesó Medellín; sin embargo, y más allá del suceso mismo, lo que se ofrece a mi vista es un juego simbólico entre la tensión misma que guarda la ciudad y que se convierte en ritmo particular de su movilidad. Esta motivación y el uso simbólico de este hecho dan paso a la configuración de esta obra”. La obra que vi era un video de un ave y sus plumas, que se repetían gráficamente en el muro. Tengo que confesar que no la entendí. Leyendo el texto tal vez puedo decir que es difícil hoy entender las metáforas El envío es preciso un vector de información. “la metáfora pasa por alto cualquier cosa, aquí a mí, en el mismo momento en que parece pasar a través de mí”1.

NOTA

1. Jacques Derrida. La retirada de la metáfora. Paidós. Barcelona, 1987.

NATALIA GUTIÉRREZ

Desde Bogotá, por Natalia Gutiérrez | artnexus