Con la llegada del fin de la primavera, el Chicago Cultural Center presentó la muestra individual de la obra del pintor puertorriqueño Arnaldo Roche Rabell, Brotherhood/Hermandad, que se inauguró el 26 de abril y se realizó hasta el 22 de junio de 2008. Ésta fue la segunda muestra individual del artista en el Chicago Cultural Center, una exposición que además se desplazó al Museum of Latin American Art en Long Beach, California. Con la curaduría de Gregory G. Knight, la exposición tuvo el patrocinio conjunto del National Museum of Mexican Art y la Puerto Rican Art Alliance de Chicago.
Aproximadamente veinte de las obras recientes al óleo realizadas por Roche se mostraron en la sala de exposiciones del cuarto piso del centro cultural: un espacio silencioso con techos altos que le daban contundencia a los vívidos lienzos de gran formato del artista. Dispuestas primordialmente según color y tonalidad, las obras de la muestra se centraban en la producción que hizo el artista de 2002 a 2007. Graduado de los programas de Artes Plásticas y Maestría en Bellas Artes del School of the Art Institute of Chicago (SAIC), Roche vivió y trabajó en Chicago durante la década de 1980 y hasta los inicios de la de 1990. Brotherhood/Hermandad fue algo así como una exposición homecoming (de bienvenida de regreso a casa) para Roche, quien trabaja desde hace 15 años en San Juan de Puerto Rico.

El entrenamiento formal que recibió Roche como estudiante de SAIC, se conjuga con su pasado como nativo puertorriqueño, características que inmediatamente se hacen evidentes en las obras que componen esta exposición. Las pinturas de Roche, que son íntimas y con un intenso referente sociológico frente a los eventos recientes, ilustran la lucha personal y el trauma mediante un intenso estilo neoexpresionista que cobra vida con una paleta de colores brillantes y armoniosos. Un rompimiento distintivo con relación a su obra temprana está presente en estas pinturas; se trata de un rompimiento que se debe a la preocupación de Roche por la incertidumbre del mundo circundante, con el despertar de calamidades como los ataques del once de septiembre y el tsunami de 2005.
Resulta cautivadora la fijación de Roche con Vincent van Gogh, el artista del siglo XIX, cuyas similitudes se ven replicadas en cinco obras por separado, y cuyo estilo expresionista pionero se combina con la práctica de Roche de frotar objetos sobre papel para captar texturas. La inclusión de Van Gogh comienza con un ramillete de pinturas de 2002, entre las cuales se destaca el tríptico Al interior de estos templos se escribe la historia–Sólo mentimos al pintar, una obra rotunda que abarca siete metros. Roche llena los tres lienzos con las temáticas de las obras de Van Gogh, unidas a pedazos: básicamente imágenes de espacios interiores, una mecedora y los ya bien conocidos girasoles. Hay un busto de Van Gogh en el lienzo central, mientras que una figura —que lo más probable es que sea un autorretrato de Roche— se asoma detrás de una estructura en el panel izquierdo. Los tonos dorados y castaños y las pinceladas en azul rey de Van Gogh son objeto de una profusa apropiación por parte de Roche, pero es la inclinación del artista por lo dramático, por los grandes lienzos llenos de una emotiva reflexión personal, la que otorga a la obra una originalidad del siglo XIX ajena al mero pastiche.
El segundo tríptico de Roche, correspondiente al año 2002, es menos obvio, aunque todavía cargado de referentes a Van Gogh. El jardín de la intolerancia: al final, como los padres, los locos o los héroes, está inspirado en las obras del maestro holandés en las que se describen los jardines del asilo. El Jardín de Roche muestra eso justamente: una estructura arquitectónica que cubre el trasfondo de la pintura, con árboles torcidos que apuntan hacia la parte frontal. Los mismos tonos tierra prevalecen en la obra, pero esta vez las vívidas explosiones de pigmento azul de van Gogh surgen de una fuente central, donde dos niños se bañan y salpican agua. Roche inserta un copioso follaje tropical selvático en la escena, al igual que dos presuntos autorretratos, uno en cada panel de los extremos. Mientras todo esto compone el tema de la obra, es la soga que comienza en los brazos de un niño, y que continúa entre los árboles, la que literalmente, ata a la obra. Emociones dispares de sentimientos encontrados y al mismo tiempo de conexión con la obra embargan al espectador.
Obras subsiguientes de la muestra parten de la mano pesada de Van Gogh y viajan hacia una época del arte que corresponde a un siglo después, sin duda hasta el artista del nuevo realismo, Yves Klein, y sus Antropometrías, en las que modelos cubiertos con pintura de su color insignia, el Azul Internacional Klein (IKB), eran utilizados en lugar de los pinceles para pintar los lienzos. La obra de Roche ¿Sabes en dónde habita el coloso? (2005) opera siguiendo un lineamiento similar. El artista envuelve papel sobre un cuerpo humano y frota y pinta la forma que subyace sobre la superficie de la obra. Una multitud de formas humanas entrelazadas conforma la obra, una hoja de papel blanco de 12 x 24 pies ilustrada sólo con pigmento al óleo que evoca el IKB. Esta obra está colgada en una galería junto a otras tres pinturas ejecutadas con este mismo y particular tono azul. Todas siguen un diálogo con la práctica de Klein. En general, la obra de Roche rebosa de anécdotas sobre su propia vida, pero hacer una lectura de sus obras en el contexto de la historia del arte es lo que más nos permite aprehenderla.
BETHANY MARRIER
