Exposición Individualsept 2008 - dic 2008· Por Monica Kupfer

Amalia Tapia

Mateo Sariel Galería

A pesar de su importancia política e histórica, y de su belleza natural e interés tecnológico, el Canal de Panamá ha inspirado las obras de sólo un número reducido de artistas. Los paisajes recientes de la reconocida pintora panameña Amalia Tapia constituyen una de esas contadas excepciones en la tradición pictórica de su país. Son paisajes que registran vistas de la abundante naturaleza que rodea la vía acuática, interpretaciones de los mecanismos de las esclusas y vistas de la actividad humana, que le han merecido al Canal de Panamá ser considerado una de las maravillas del mundo.

Si bien tienen valor documental, los paisajes de Amalia Tapia distan dramáticamente de ser simples registros de una realidad geográfica, tecnológica y marítima. Sus lienzos impactan por la calidad atmosférica de las vistas que reproducen, el manejo de los colores contrastantes y la interpretación de la luz natural a diversas horas del día. Recuerdan a los paisajes de los grandes pintores impresionistas, tradición a la que están ligados, por su interés en los efectos lumínicos, sus pequeñas pinceladas y su deseo de interpretar el mundo natural y de enaltecer los logros del hombre contemporáneo. El impresionismo no sólo aclamó la luz sino también la realidad moderna, las actividades humanas y las nuevas maquinarias. Así como Monet demostró fascinación por las locomotoras a vapor en obras como Estación St. Lazare y estructuras mecánicas como el Puente de Argenteuil, Tapia celebra, a través de estas pinturas, el paso entre dos océanos cavado por el hombre.

Exposición Individual: Amalia Tapia — imagen 1
Amalia Tapia. Atmósfera, 2008. Óleo sobre tela. 86,3 x 106,5 cm. (34 x 42 pulgadas).

Tapia ha enfocado el Canal de Panamá en un momento de especial importancia histórica, cuando este trozo de territorio y esta gran vía acuática finalmente han pasado, en cumplimiento de los Tratados Torrijos - Carter, a manos panameñas. Si en la historia del arte el paisaje ha sido el tema por excelencia para la exaltación del nacionalismo y el sentido patriótico, este enfoque de Tapia sirve como reflejo —si bien romántico— de una nueva realidad nacional. La ejecución de los tratados representa una tercera independencia para Panamá (después de sus separaciones de España y de Colombia), y el Canal es el símbolo perfecto de esta transformación. De una manera sutil, con una visión poética del paisaje y de la maquinaria, Amalia Tapia representa una nueva realidad política y la esperanza de un futuro prometedor para su país.

En el nivel estético, los logros son notables. Se trata de una artista que ha recorrido un largo camino de investigación en el ejercicio constante de la pintura sobre lienzo. No hay nada gratuito en la manera en que escoge sus colores y la estructura de sus composiciones. Es impactante ver cómo Tapia, quien por décadas se ha expresado por medio de temas íntimos, naturalezas muertas y la representación de objetos con valor personal y sentimental, ha logrado una transición a la pintura de grandes exteriores. Sus paisajes tienen una calidad grandiosa, aun en los pequeños formatos, para describir el carácter sublime y sobrecogedor de la naturaleza tropical y de la brecha que el hombre cortó a través del istmo. Observamos grandes buques minimizados por el tamaño del canal, cascadas que explotan sobre aguas tranquilas y los elegantes puentes que comunican un lado del país al otro, a Norteamérica con Suramérica. En estos óleos, hasta las compuertas de las esclusas, esos grandes portones mecánicos, resultan gloriosas con todas sus texturas, su desgaste, su historia.

Dentro del paisaje grandilocuente, el hombre aparece como una figura pequeña pero importante. Tapia pinta a ingenieros y trabajadores, pero también a los participantes de las famosas carreras de cayucos que, una vez al año, en los meses de verano, cruzan a remo del Atlántico al Pacífico. Esas carreras, en las que por décadas compitieron principalmente norteamericanos, hoy son organizadas por panameños que disfrutan de este deporte acuático en el que el hombre se acerca de la manera más humilde —en las típicas canoas de nuestros indígenas y con remos de madera— a la grandeza de la vía acuática. En ningún lugar se ven tan pequeños como cuando Tapia los muestra dentro de las esclusas, que para los barcos Panamax resultan escuetas y para los cayucos representan enormes cámaras de cemento y metal, una brillante metáfora para la relación entre el hombre y la monumentalidad de este proyecto tecnológico.

Esta nueva serie de Amalia Tapia no rompe barreras ni abre nuevos caminos en el arte de vanguardia, sino que más bien nos recuerda la importancia de los valores tradicionales de la pintura bien ejecutada en su dibujo, composición, color y contenido. Un siglo después de la introducción del impresionismo, Tapia reinterpreta las lecciones de este movimiento y las adapta a un tema no sólo de gran importancia sino de gran belleza. Sus pinturas logran darles a estos paisajes locales una calidad universal.

MÓNICA KUPFER

Amalia Tapia, por Monica Kupfer | artnexus