Ante América

Alfredo Jaar. Terra non Descorpeta, 1991. Técnica mixta, instalación (cajas de luz y espejos). 120 x 480 x 70 cm.

Exposiciónene 1993 - mar 1993· Por Ivonne Pini

Ante América

Exposición

Para la escogencia de los 27 artistas participantes no se tuvo en cuenta la representación balanceada por sino la posibilidad de reunir un grupo de creadores que tienen en común su preocupación por abordar —desde ángulos muy problemas como la idiosincrasia, el contexto social, la cultura, asumiendo una peculiar aproximación al hombre y su medio.

Alejo Carpentier en el prólogo a El reino de este mundo sostiene que "por la virginidad del paisaje, por la formación, por la ontología, por la presencia fáustica del indio y del negro, por la revelación que constituye su reciente descubrimiento, por los fecundos mestizajes que propicio, América está muy lejos de haber agotado su caudal de mitologías".

Esta aseveración del escritor cubano adquiere especial significado cuando vemos una exposición como Ante América. Allí se hace tangible el hecho de que estamos lejos de haber descubierto toda nuestra realidad. Formamos parte de un contexto donde cotidianamente los artistas se relacionan con su entorno a través de mensajes visuales que se apropian de un rico mundo simbólico, permitiendo, a la vez, el rescate de materiales que constituyen elementos básicos de nuestras culturas.

El manejo de lenguajes simbólicos es una constante en el arte latinoamericano. Recorrer el siglo XX en torno a las diversas propuestas impulsadas por los artistas del continente, denota peculiares formas de aproximarse a la aprehensión de ese rico mundo simbólico.

Exposición: Ante América — imagen 1
Juan Francisco EIso. El rostro de Dios, 1987-88. Papel amate, ramas, yute, arena volcánica, hierro y ojos de vidrio. 50 x 130 x 130 cm.

En nuestros países han surgido una serie de propuestas que desde ángulos diversos, con concepciones peculiares, arman un lenguaje visual cargado de significados y de sugerentes lecturas. Todas ellas comprometidas de forma diversa con el entorno en que aparecen, poniendo de manifiesto las peculiaridades regionales y el particular acercamiento que cada artista hace a su mundo. Apelando a componentes unas veces históricos, populares o del inconsciente individual y colectivo, persisten en buscar propuestas que parten de su propia realidad, y lo interesante de este acercamiento es la conciencia de pertenecer a un contexto específico, imposible en algunos casos de ser ubicado en los parámetros tradicionales del concepto de lo occidental asumido como globalidad dominante. Contribuyendo a repensar criterios de representación, se niegan a limitarse al exotismo o al falso folklorismo que asume una actitud complaciente con lo que podríamos llamar turistas del arte. Si partimos de la base de que el arte es una forma de conocimiento del ser, debe pretender mostrar no solamente como somos extremadamente, sino lo esencial de lo que somos. Y es en esa dirección que se orienta la curaduría de la muestra. La idea central es Ver el arte de América desde él mismo y desde el sur e intentar difundirlo en su complejidad y evitando las generalizaciones estereotipadas, las “eterizaciones ” de un nuevo exotismo y la satisfacción de expectativas cliché1.

América es asumida como un mundo muy complejo, caracterizado por la pluralidad cultural, de allí que se encuentren reunidos artistas de diversas procedencias. Si bien el mayor énfasis es señalar identidades y formas de cultura latinoamericana, la selección abarca la obra de artistas de múltiples raigambres culturales —afro o nativo americanos, o artistas del Caribe, por ejemplo— para establecer nexos en imaginería, creencias y prácticas artísticas. Participan así artistas de comunidades de inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, al igual que de grupos anticulturales de ese origen allí establecidos, como los chicanos. La producción cultural de estos grupos rara vez se presenta junto con la de América Latina, y es así desconocida en el sur. Igualmente intervienen artistas aborígenes de América del Norte, por corresponder al gran tronco anticultural indoamericano y compartir con sus hermanos del sur una historia y una situación social semejante. El mismo criterio se ha usado para los “aborígenes importados ”, como decía Lipschutz, al incluir creadores africano-norteamericanos, cuyo trabajo se vincula además con el Caribe, fundamentándose en el rico acervo de África en América2.

Para la escogencia de los 27 artistas participantes no se tuvo en cuenta la representación balanceada por países, sino la posibilidad de reunir un grupo de creadores que tienen en común su preocupación por abordar —desde ángulos muy diversos— problemas como la identidad, el contexto social, la cultura, asumiendo una peculiar aproximación al hombre y su medio. Y pese a la diversidad hay lazos que relacionan a sus autores; en todos los artistas exhibidos existe la intención de mostrar su manera de apropiarse de una conciencia latinoamericana. Algunos parten de su contexto más inmediato para analizar fenómenos cotidianos, no como simple inventario sino para reflexionar acerca de ellos. Tal es el caso de los artistas colombianos Beatriz González, Doris Salcedo y José Antonio Suárez, por ejemplo.

Exposición: Ante América — imagen 2
Luis Cruz Azaceta. Hell Act (Ley del infierno), 1988. Acrílico sobre lienzo. 305 x 365 cm. Cortesía de Frumklin/Adams Gallery.

Beatriz González nos enfrenta a su aguda percepción de la realidad colombiana, creando imágenes cargadas de simbologías, donde se sintetiza una realidad dual y ambigua en la que tienen cabida tanto el tranquilo indígena que nos observa en su obra 1/500, como los cadáveres que flotan en La corriente, clara alusión a la presencia de la muerte, elemento cotidiano en la vida colombiana3.

Doris Salcedo ha venido trabajando consecuentemente el tema de la violencia, pero no asumida con criterio descriptivo, sino como vivencia. Una vivencia que está en la memoria de quienes la sufren directamente y que subyace en la de quienes viven en un contexto de violencia indiscriminada. La obra expuesta busca, como en anteriores ocasiones, que el observador sea quien a partir de sus propias experiencias interprete lo observado.

José Antonio Suárez realiza sus pequeños dibujos de tal suerte que nos involucra en un mundo de compleja lectura, en el que alusiones, textos, recuerdos, variedad de materiales, arman una narración no secuencial, por la que desfilan hechos familiares de su entorno tanto por los personajes como por las situaciones sugeridas.

Carlos Rodríguez es un representante característico de la corriente crítica que se desarrolló en el arte cubano de los 80, y esa actitud en él se ha centrado en una constante ionización de la retórica oficial utilizando un ácido humor. Sus óleos Resistir, Luchar, Veneer, son claros ejemplos de esa reflexión en la que apela tanto a componentes visuales como lingüísticos.

Exposición: Ante América — imagen 3
Luis Camnitzer. De la serie La tortura uruguaya (Detalle), 1983. Técnica mixta, instalación. 30 x 300 cm.

Para Camnitzer y Capelán la experiencia del exilio, que tan fuertemente peso en la sociedad uruguaya, afecta su propia experiencia artística y surge con toda su carga de significado social, más que cultural, tratando de mostrar problemas y situaciones de cotidianidad. Camnitzer en los ochenta comenzó a producir sus series sobre el tema de la tortura, y sin hacer gala de actitudes donde prime la crudeza directa, opto por estimular en el espectador sus sentimientos. Y el terror al que apela obvia los referentes testimoniales para recurrir al diario vivir que rodea la relación entre torturador y torturado, y valiéndose de los objetos de todos los días, nos acerca, dramáticamente, a la soledad y angustia del prisionero.

Carlos Capelán vive en Suecia desde hace casi 20 años. Emprendió el exilio y debe convivir con la ambivalente situación de formar parte de diversas culturas; este contexto género en sus instalaciones la necesidad de reflexionar acerca de la relación existente entre la corriente principal, hegemónica y las demás. Sus Mapas y Paisajes no dejan de reflejar esa variedad de realidades culturales concretas de las que parte y forman un tejido complejo. Objetos diversos, tierra, cenizas, libros, mapas, textos, pintura gestual, autorretratos, son amalgamados mostrando la compatibilidad de los opuestos, enfatizando en la creación de una vivencia muy meditada utilizándolos como el recurso para armar su propio lenguaje, para articular sus experiencias.

Esa relación centro-periferia es abordada desde otro ángulo por los chilenos Arturo Ducos y Alfredo Jaar. Jaar en su Terra Non Descoparte continua trabajando en tomo a lo que ha sido preocupación básica de su obra: mostrar de una manera sugerida, sutil, los efectos del colonialismo en los países del Tercer Mundo.

Pero también la reflexión sobre su cultura puede adquirir un carácter más sincrético, buscando relacionar lo occidental dominante con las bases africanas e indígenas que forman parte de su propia realidad. Si pensamos en la obra del mexicano Francisco Toledo, las fuentes ancestrales de que parte son las nutrientes de su poder narrativo y del fabulario que caracteriza su mundo de imágenes tan propio, tan mítico en la manera como se relaciona con los objetos.

Y dentro del mundo caribeño, los jamaiquinos Everald Brown y Milton George son parte de los intuitivos del arte jamaiquino, al decir de David Boxer4. El primero realizando un arte que es el resultado de su propia experiencia espiritual y el segundo volcado hacia un particular expresionismo que tiene como centro a la figura femenina. Siguiendo con el Caribe, los artistas cubanos Juan Francisco Elso y José Bedia ejemplifican la configuración de una cultura que es el resultado de la intensa hibridación que allí se vivió y se vive.

Elso Padilla partía de la idea básica de ir de adentro hacia afuera, de los elementos propios, ancestrales, para llegar a lo extremo. Sus instalaciones realizadas con materiales diversos como barro, corteza, madera, ramas, hojas y su propia sangre, referían a complejas inquietudes intelectuales. Sus conceptos respecto al uso de los materiales, de su valor, nos pone a pensar en su cercana con la idea de arte que manejan las culturas africanas. El arte que para Elso es una forma de ver y entender el mundo. Un mundo donde magia, mito, espiritualidad y comprensión de la realidad latinoamericana constituyen un todo, donde el rescate de la América mítica que hiciera consciente su propia historia, buscaba generar imágenes que pasaran de una actitud introspectiva, individual, hacia la simbolización del conjunto del continente5.

Exposición: Ante América — imagen 4
Jimmie Durham & María Thereza Alves. Veracruz/ Virginia (Detalle), 1992. Técnica mixta, instalación (señales de tránsito, fotografía). 300 x 300 x 150 cm. aprox.

Como el mismo Bedia lo sostiene6: "En definitiva lo que pretendo es establecer conexiones con esas formas cosmogónicas del mundo primitivo afro-americano que aún no han desaparecido entre nosotros y que funcionan a base de símbolos. Mi actitud no es colonialista, es Tercermundista". Sus instalaciones son la tiara demostración de la coexistencia de mundos de pensamiento ligados a la tradición filosófica de occidente, con mitos, leyendas y formas de pensamiento de raíz africana e indígena. Él, formado en la cultura occidental, se aproxima a otras culturas de manera premeditada, incorporando sus influencias, acercándonos a un mundo que todavía conserva su energía y del cual somos parte.

En este diálogo que la exposición propone con las variantes más diversas del arte latinoamericano, la búsqueda se extiende fuera de las fronteras incorporando artistas latinoamericanos que viven en EEUU y artistas americanos con tiaras raíces africanas o indígenas, como Jimmie Durham y Melvin Edwards.

La aproximación al arte chicano permite bucear en las implicaciones que todo proceso de aculturación conlleva. Por un lado son parte integral de su cultura de origen y por otra tienen una conflictiva relación con el medio en que viven y del que —pese a sus contradicciones— forman parte. De allí el peso que el pasado tiene en las propuestas, y los artistas recaban en las fuentes de su propia experiencia el material que les permite el rescate de esas vivencias, enfrentándolas, contraponiéndolas o integrándolas a la cultura dominante que tiende a marginar sus recuerdos. Amalia Mesa-Bains reconstruye en sus instalaciones la presencia de los altares domésticos, dedicándolos tanto a sus familiares muertos, como al recuerdo de fechas religiosas o históricas y también a figuras femeninas relevantes. Esos altares son una reflexión sobre la compleja hibridación que se vive cuando confluyen en su espacio cultural desde el catolicismo a la religiosidad nahua, generando un sincretismo complejo y opuesto a los intentos de globalidad cultural. Enrique Chagoya recompone en su obra un peculiar mundo personal donde se encuentran sus recuerdos infantiles —en los que predominan la presencia del catolicismo y Mickey Mouse— con una postura crítica hacia los símbolos de opresión, y a sean culturales o políticos. Guillermo Gómez Peña por su parte, creció en México y desde los 23 años se radicó en Estados Unidos, metiéndose en los problemas de identidad que caracteriza la incorporación a un contexto tan diverso. Su obra se vale de situaciones exageradas, del ridículo, del kitsch, "para construir un ímpetu y un espacio vertiginoso que reúne el mundo aglomerado y sin digerir que le preocupa"7.

Exposición: Ante América — imagen 5
Doris Salcedo. Sin título, 1989-1992. Instalación.

Los cubanos radicados en Estados Unidos, Ana Mendieta y Luis Cruz Acacheta, son otros de los latinoamericanos incluidos en la muestra. De Mendieta se exhiben fotografías de sus instalaciones Cuerpo/Tierra. Sus siluetas registradas fotográficamente son fieles exponentes de la forma de concebir el arte que caracterizó toda su producción. "Ella se convirtió en su propio método de composición imponiendo su silueta con pólvora encendida, piedras, flores, fuegos artificiales, y hasta con hierro de marcar con la forma de su mano, sobre fragmentos seleccionados al azar del ambiente natural"8. Y sus planteos no son solamente el registro de su cuerpo sino una particular manera de abordar —desde él— sus recuerdos, sus vivencias, sus búsquedas culturales. Luis Cruz Acacheta, radicado en Nueva York desde la década de los 60, vive intensamente un medio urbano en el que la violencia de todos los días se le fue convirtiendo en familiar y penetrando su forma de ver y pintar el mundo que lo rodea. Como el mismo lo sostiene su gran tema ha sido la crueldad del hombre con el hombre, y opta por mostrar a la víctima, escarbando en el suficiente y en las heridas que la opresión social o política abren en el hombre contemporáneo.

Exposición: Ante América — imagen 6
Everald Brown. Instrumento para cuatro personas, 1991. 35.5 x 60 x 129.5 cm.

Recorrer Ante América significa tomar conciencia de que no podemos seguir pretendiendo falsas generalizaciones en el análisis del arte de la región.

Las propuestas surgidas demuestran que los artistas son conscientes de ser el resultado del encuentro no de dos mundos sino de tres. La presencia de lo primitive —ya sea indígena o africano— poco tiene que ver con el manejo que en el siglo XX hicieron otros importantes creadores. No se trata de resolver problemas formales o de diseño, descontextualizando los componentes originales, sino de asumir e integrar a su obra lo que constituye una parte ineludible de su soporte cultural. Entendida esta realidad, surgen artistas que asumen su pertenencia a distintos espacios culturales que se entremezclan y contribuyen en su formación. No están negando a la cultura occidental, que forma parte de su propia tradición, sino que al incorporar conceptos no occidentales, hacen consciente su pertenencia también a ese espacio.

Constituimos entonces un continente integrado por una diversidad de regiones que mantienen sus particularidades y contradicciones y la integración podrá desarrollarse si somos capaces de asumir esa realidad. Y si bien la forma como esos referentes pesan íntimamente en cada país son muy diversos, no hacen sino reafirmar esa condición de variedad y contradicción. 

NOTAS

1.Catalogo Ante América, Banco de la República, Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá 1992.

2. Catalogo Ante América, ob. cit.

3. Carolina Ponce de Le6n, Beatriz González, Catalogo Ante América, ob. cit.

4. David Brown, Milton George en Catalogo Ante América, ob. cit.

5. Luis Camnitzer, Elso Padilla Revista Arte en Colombia, N° 41. Bogotá 1989.

6. Texto Aparecido en el artículo de Leslie Judd Ahlander, José Bedia Maestro de cuchillos y meteoros Revista Arte en Colombia N° 46, Bogotá 1991.

7. Rachel Weiss, Guillermo Gómez Peña Catálogo Ante América, ob. cit.

8. John Perrault texto aparecido en el catálogo de la Retrospectiva de Ana Mendieta, New Museum of Contemporary Art, Nueva York, 1987.

IVONNE PINI

Profesora de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia y Editora Ejecutiva de Arte en Colombia/ArtNexus.

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