Wack! El arte y la revolución feminista

Colette Whiten. Estructura #7, 1972, al frente. Ana Mendieta. Sin título, 1972. Vidrio sobre impresiones corporales. Annegret Soltau. Selbst, 1975, a la izquierda.

Colectivajun 2008 - ago 2008· Por Harper Montgomery

Wack! El arte y la revolución feminista

PS1 Contemporary Art Center

 Como es bien sabido, el surgimiento del feminismo fue un fenómeno global. WACK! Art and the Feminist Revolution, nos mostró cómo, entre 1965 y 1980, este movimiento motivó a las mujeres a forjar nuevas formas de hacer arte, y cómo este feminismo se basó en diversas experiencias. Aunque la narrativa histórica de la exposición estaba asegurada por el desarrollo del arte feminista en las costas este y oeste de Estados Unidos durante la década de 1970, la presencia de artistas de Latinoamérica, Asia, Europa Canadá, y Australia y Nueva Zelanda subrayó la forma en que las políticas del feminismo modularon en gran manera la práctica artística.

WACK! incluyó las obras de unas 120 artistas, instaladas por grupos temáticos. En su ensayo curatorial, Cornelia Butler explicó que concibió los temas “como propuestas, más que como categorías definitivas”. Esta flexibilidad permitió que la exposición se percibiera como un evento libre y abierto que se desarrollaba a medida que se descubrían las diferencias y los puntos de unión. Una visión de la línea de tiempo histórica del feminismo acentuaba la exposición, aunque sin imponer una narrativa estricta. La política también estuvo presente, pero los mensajes eran demasiado numerosos y diversos para poderlos precisar.

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Louise Bourgeois. Disfraz para el performance Un banquete/Un desfile de modas de partes del cuerpo, 1978.

Las artistas latinoamericanas estaban integradas en grupos temáticos en una forma que enfatizaba los puntos en común más que las diferencias. En una galería dedicada a la abstracción se hallaban obras de la década de 1970 de Anna María Maiolino y Louise Bourgeois, unas al lado de las otras, con lo que se lograron sugestivos resultados. En la película de Maiolino titulada In-Out (Antropofagy), encontrábamos una serie de tomas muy cerradas de bocas abriéndose y cerrándose y lacerando sus dientes al ritmo de una perturbadora pista de sonidos de gruñidos y aullidos. Una boca aparecía con una cinta sobre los labios, otra comía hebras de una cuerda roja, blanca y negra. Cerca de allí colgaba un traje del performance de Bourgeois titulado A Banquet/ A Fashion Show of Body Parts, en el que varios actores usaron fundas de caucho cubiertas con formas bulbosas que parecían senos. Sobre otra pared estaba una obra de la serie de Objetos Gráficos (1967) de Mira Schendel —una hoja de papel traslúcido impresa y grabada con letras y marcas gestuales— colgada cerca de un collage de Howardena Pindell, de principios de los setenta, en el que ella perforó a mano pequeños círculos de papel blanco, numeró cada uno y los pegó en una hoja de papel más grande. Las dos obras mostraban cómo la abstracción puede ser producida por compulsiones orientadas por procesos.

Las minirretrospectivas que surgieron de entre estos grupos temáticos les dieron una bien merecida importancia a los conjuntos de obras de Ana Mendieta y Lygia Clark. La obra de la primera se vio en dos puntos diferentes de la exposición. En una gran galería donde se presentaron obras sobre trauma físico había seis fotografías de su serie Untitled (Glass on Body Imprints), 1972, y 36 diapositivas que documentaban un performance de 1973 titulado Untitled (People Looking at Blood, Moffitt). Reproducidas a color, estas obras tenían una agresividad que recordaba las primeras obras de Adrian Piper basadas en el performance, que se hallaban en otra área de la exposición. Obras de la serie Silueta (1973-1980), de Mendieta, compartían una pequeña galería con dibujos de Nancy Spero. Incluían fotografías que documentaban las figuras semejantes a diosas que Mendieta moldeó en hielo, nieve y fuego, y vídeos de performances relacionados con éstas. Incluso si las formas de diosa de estas obras se percibían como pasadas de moda, la obra de Mendieta pareció muy relevante para nuestras reconsideraciones del arte de tierra, el performance, y el papel que la política cumplió en el desarrollo del conceptualismo en Estados Unidos durante la década de 1970.

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Lygia Clark. Cabeza colectiva, 1975-2007.

Las obras de Lygia Clark de finales de los sesenta y principios de los setenta se vieron asombrosamente contemporáneas en WACK!, y nos recordaron la tendencia actual de la escultura hecha de materiales humildes pero con un propósito social concreto. En una pequeña galería se encontraban tres obras pertenecientes a una serie de objetos que Clark hizo para que los espectadores los usaran e interactuaran con ellos: Elastic Net (1973), una gran red de bandas de caucho para que un grupo de gente la jalara y estirara; Camisa-de-força (1969), una capa hecha de lona plástica, para que una persona la usara; y Collective Head (1975), un tocado de tríplex decorado con trocitos de lona plástica, cuerdas y papel, para ponérsela mientras se camina por calles urbanas. Un video y una serie de fotografías nos mostraban a la artista y a un grupo de estudiantes usando estos objetos, los cuales hizo mientras desarrollaba sus teorías sobre cómo el movimiento físico y la interacción pueden usarse en forma terapéutica.

En términos generales, los aportes de las latinoamericanas se inclinaron hacia las obras basadas en el conceptualismo y el performance, y a menudo se conjugaban con la violencia política que plagó muchos de sus países desde finales de los sesenta hasta principios de los ochenta. Además de muchas de las brasileras incluidas, Marta Minujín, Cecilia Vicuña y Catalina Parra fueron participantes de WACK! que en algún momento de su carrera se vieron forzadas a exiliarse en Estados Unidos y Europa. Los vídeos de Sonia Andrade de 1974-1977 de una cámara que recorre un muro de Río de Janeiro marcado con un graffiti, y una instalación de Mónica Mayer de 1977 en la que les pidió a mujeres de Ciudad de México que completaran la frase “Como mujer, lo que más detesto de la ciudad es…” demostraron cómo las aproximaciones conceptuales a la protesta, y las basadas en el performance les sirvieron a las artistas en diversos contextos.

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Nancy Spero. Amor paz gloria, 1966, izquierda; Joder, 1966, derecha.

Esta exposición nos estimula a reconsiderar cómo el feminismo, que según Butler fue “el movimiento internacional más influyente” del período de la posguerra, moduló la producción artística en todo el mundo. Y cómo las artistas latinoamericanas participaron en lo que fue, esencialmente, un fenómeno internacional, a la vez que abordaron problemas políticos locales. WACK! hizo evidente la necesidad del arte de tomar el control en ambientes en que los problemas políticos vencen a los del mercado. Es un buen momento para pensar cómo las latinoamericanas y las artistas que trabajan en contextos fuera de Estados Unidos y Europa podrían brindar modelos para los artistas estadounidenses en una época en que la crisis económica y política se está cerniendo allá.

WACK! Art and the Feminist Revolution fue curada por Cornelia Butler y organizada por el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, donde se inauguró en marzo de 2007. Del 17 de febrero al 12 de mayo de 2008 se pudo ver en el PS1 Contemporary Art Center, y de allí pasará a la Vancouver Art Gallery, donde estará del 4 de octubre de 2008 al 18 de enero de 2009. El catálogo de la exposición fue editado por Cornelia Butler y Lisa Gabrielle Mark y copublicado por el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles y la MIT Press.

* Todas las imágenes que ilustran esta reseña son fotos de Matthew Septimus.

HARPER MONTGOMERY

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