Para el público argentino, la exposición —realizada en el Museo
Nacional de Bellas Artes, de la Escuela de Ulm (1953-1968), y la producción
pictórica de Tomás Maldonado de las décadas del 40 y del 50 sumada a las obras
de su reciente retorno a la pintura— reviste un interés particularísimo.
Cuando en 1954 deja Argentina para trabajar en Ulm, lo hace considerando regresiva y limitada la praxis artística y viendo en ese momento en el diseño, la apertura a una posibilidad transformadora del entorno físico del hombre.
Esta exposición le ha permitido al público general conocer qué fue, en realidad, la Escuela de Ulm.
Con dicho fin, la propuesta expositiva estaba dividida en distintas secciones: Historia y contexto, Biografías de los miembros fundadores, Arquitectura, Principios teóricos, Comunicación visual, Diseño industrial, Departamento de Cine, Entrevistas con ex profesores y alumnos e influencia internacional de la Escuela.

Max Bill fue el primer rector de la escuela en 1953. Maldonado se unió al equipo de renombrados docentes: Max Bense, Gui Bonsiepe, Hans Gugelot, Friedrich Vordemberg-Gildewart y Alexander Kluge.
Con la partida de Max Bill, la Escuela abandonó la línea del Bauhaus de Dessau y pasó a “un modelo de diseño basado en la técnica y la ciencia. El diseñador ya no es un artista superior sino un socio igualitario en el proceso de decisión de la producción industrial”, según lo definió Otl Aicher, uno de los gestores del proyecto.
El público argentino pudo así interesarse por muebles diseñados en la escuela, afiches, logotipos, distintos tipos de tipografía, objetos técnicos de avanzada de uso cotidiano, características visuales de las propuestas pedagógicas.
La exposición de Maldonado estaba dividida en varias partes que revestían un interés por completo diferente. Una de ellas presentaba las obras que realizó el artista en Argentina en la época de su pertenencia a la Asociación Arte Concreto Invención. Instituciones y coleccionistas del país y del extranjero contribuyeron con su aporte a la importancia de la misma.
En 1948, el crítico argentino Cordova Iturburu había llamado la atención sobre las “creaciones estructuradas con diversos elementos materiales por voluntades inventoras dotadas de fantasía y sensibilidad estéticas”, y a ese respecto destacaba la obra de Maldonado.
Era un momento en que el artista, a su retorno de Europa, estaba en la plenitud de sus medios.
Las obras expuestas en este caso muestran toda la sutileza de su investigación del espacio, los ritmos creados por líneas y pequeñas formas, su utilización del color plano sin modulación.
Fue su calidad pictórica la que lo impuso desde la década del 40 y lo acompañó en su producción argentina, hasta su partida en 1954 hacia Ulm.
El público general y también la crítica especializada tuvieron, a través del conjunto de obras expuestas, una oportunidad excepcional para confrontar lo que veían con la importancia histórica que las vanguardias constructivas de los años 40 en Argentina habían ido adquiriendo con el tiempo.
En una de las mesas redondas que acompañaron a la muestra, Maldonado subrayó que el interés por la simetría compleja, por lo estructural y cognitivo, por el examen de la lengua que se utiliza, ya estaba presente en la Asociación Arte Concreto Invención.
Tuvo también gran interés la parte documental de libros y textos escritos por el artista: fueron exhibidos varios ejemplares de la revista Casabella, de la cual fue director de 1977 a 1981, y los libros Vanguardia y racionalidad, Técnica y cultura, Real y virtual, Diseño industrial; un reexamen, entre tantos otros.
Raimonda Riccini, en un artículo brillante que forma parte de la publicación que acompaña la muestra, aventura que una de las grandes dotes del Maldonado pensador, es haber sabido aprovechar el potencial cognitivo intrínseco en las zonas de indeterminación de las disciplinas y los problemas que ha debatido.
En la última parte de la exposición de Maldonado se han exhibido sus obras actuales, ya que volvió a pintar en el año 2000, y el Museo Nacional de Bellas Artes ha querido presentar esa producción inédita como homenaje.
Casi con coquetería, el autor se refirió a ellas diciendo que alguien podría considerarlas anacrónicas. Puede ser así para aquellos que gusten de las definiciones y los rótulos. En realidad, volvemos a encontrar en ellas la misma pasión, la misma inteligencia y sensibilidad de las anteriores, la misma dinámica refinada y poderosa. Y además, la presencia de un goce, un disfrute creativo, que es una verdadera celebración de la vida.
NELLY PERAZZO
