SKE (nombre que viene usando por más de 20 años Eliezer Pagan, uno de
los más prominentes artistas urbanos de Puerto Rico y reconocido
internacionalmente desde fines de los 90) puede ser situado entre los grafiteros que, como lo hicieran Jean Michel Basquiat y Keith Haring, han
pasado de plasmar efímeramente su arte en controvertibles espacios públicos a
usar distintos soportes que permiten exponer su pintura tanto en galerías de
arte como en museos.
SKE (pronunciado Skí) nació en 1971 en un barrio proletario de un municipio que forma parte del Área Metropolitana de San Juan, y, desde la edad de 10 años, cuando estudiaba en escuela pública y firmaba JOKER, no podía controlar el deseo/la misión de dibujar y escribir su nombre sobre cualquier superficie, tanto en el salón de clases como en las paredes de su barrio. Pero aquel niño no se quedará en la odiosa fase de sólo grafitear su nombre en cualquier lugar, ya que poseía (y posee) una de las cualidades más importantes de un artista que quiere crecer y sobresalir: acercarse y aprender de los que pueden enseñarle, en su caso, desde el discurso Hip-Hop, que tomaba fuerza, hasta amigos con sus mismos intereses quienes le prestan libros que lo introducen al graffiti “de grandes ligas”, al muralismo urbano inteligente y de consecuencia. Y con estas ganas es que SKE, quien lleva grafiteando más de 25 años, se irá desarrollando como un singular cronista de la sociedad puertorriqueña, cronista que ha logrado una refinada y dramática síntesis del arte urbano puertorriqueño y los cánones tanto del modernismo como de la posmodernidad.

Desde muy temprano en su carrera, y habiéndose dado cuenta de la importancia de la estética y del poder del mensaje de su obra, SKE emprende un “viaje” de experimentación en todo lo relacionado con el arte urbano. Clave en este proceso será ROM (Efraín Colón) —grafitero de mayor en edad, bohemio y con gran experiencia—, quien lo introduce tanto a técnicas mucho más sofisticadas como a los posibles temas del graffiti “serio”. Ya a sus 20 años, en 1991, SOZE, amigo grafitero de la infancia y quien se había mudado al Bronx en Nueva York, lo invita a visitar la capital del graffiti, donde se le abrirá todo un mundo de posibilidades.
A pocas semanas de su llegada a Nueva York formará parte del reconocido grupo internacional de grafiteros FX Crew, estableciéndose como alguien cuyo discurso era sumamente sugestivo, por sus distintas profundidades y lecturas. Su obra inmediatamente dialogará con la de algunos de los más reconocidos artistas urbanos jóvenes de Estados Unidos y, vía Internet o revistas especializadas como The Source, comenzará a ser reconocido en todo el mundo, y con el tiempo será invitado a “grafitear” “en vivo” en varias metrópolis de Estados Unidos y en países como Italia, Brasil y Japón.
Lo que viene después es un merecido protagonismo en la historia del graffiti puertorriqueño. Complejos y atrevidos murales monumentales lo establecen como un prodigioso/poderoso poeta urbano, capaz de combinar imágenes muy distintas, para lograr impactantes metáforas que resumen muchos de los problemas socioeconómicos y políticos que definen su realidad existencial.
Recientemente, SKE ha decidido —con la misma pasión que hacía (y hace) su “grafiteo” público— llevar su obra a nuevos y más aceptados soportes, que lo ayudarán a que tenga una presencia de importancia en espacios artísticos más tradicionales. Y esta nueva dimensión le funciona perfectamente porque, siendo autodidacta, su conocimiento de la Historia del Arte es impresionante y se refleja tanto en su arte urbano como en sus nuevos cuadros. Toma libremente elementos no sólo de Basquiat, y los que vinieron después de este gran revolucionario de la plástica, sino que también vemos en su obra ecos que van desde Picasso hasta Gorky, desde Seguí hasta Tapies, desde Dubuffet hasta Lam y Matta, desde Frank Stella hasta Pollock y Cy Twombly, haciendo de todas éstas conscientes e inconscientes influencias muy suyas, inteligentemente suyas.
En su nueva obra, presentada en la Galería La Pintadera, bajo el titulo de First One Man Show, SKE no abandona el hilo conductor que había marcado su obra anterior (que combina la construcción de su nombre, sus mundos alucinantes, su dominio del retrato clásico y su interesantísimo acercamiento al erotismo y al sexo), logrando que cada uno de sus presentes escenarios sea un reto visual, que hacen que nos demos cuenta de que estamos ante algo nuevo, original, poderoso, encantador, tentador.
¿Cómo lo logra? Para las obras de esta exposición, SKE no solo ha podido darles nueva vida sobre los lienzos, maderas o espejos a muchos de los seres/formas/entes/fuerzas/caras/máscaras, mediante el uso de unos colores, unas profundidades, unas texturas y unas transparencias dramáticamente llamativas, producidas mediante distintos recursos pictóricos (desde el pincel hasta “sprays”, desde quemar la madera hasta usar “polvos de brillo” que se usan con la pintura de automóviles – un tipo de “escarcha” luminiscente ) y el magistral uso de resinas. De ahí que muchas de las pinturas y las cinco “esculturas” (Quintet, cinco senos en fiberglass de una sensualidad muy atrevida) que forman parte de First One Man Show sean excelentes y reten al espectador de distintas maneras.
Y es que hay que entender que han sido artistas como Basquiat, Haring, en Estados Unidos, y en Puerto Rico, valientes “grafiteros” como ISMO, Sofia, REX, MERO y, claro, EKE, los que con la originalidad y excelencia de su discurso estético han hecho que tanto los amantes de las artes visuales como los coleccionistas, así como los críticos de arte que vivimos en este mundo globalizado, tengamos que aceptar (y valorar) una fuerza estética y ética todavía controvertible pero imparable, que representa enormemente el momento histórico que comenzamos a vivir desde los años 60 (aunque todos sepamos que el graffiti tuvo que haber nacido durante la Revolución Urbana hace 10.000 años y se manifestó tanto en Mesopotamia como en Egipto, tanto en la Grecia Clásica como en la Roma republicana, y durante el Imperio).
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
