En
inglés existe una hermosa palabra, serendipity,
que significa la habilidad de realizar por casualidad descubrimientos
agradables e inesperados. Así fue mi primer encuentro en 1997 con la obra
abstracta de Esteban Lisa durante la feria Arco, en el stand de la Galería Guillermo de Osma. Me encontré frente a cuatro
cuadros de los años 50 titulados Juego
con líneas y colores. Recuerdo haber pasado largo tiempo ante este
conjunto, y sobre todo, la emoción inexplicable que estas obras suscitaron en
mí. Sentí que sus formas y colores formaban parte de mi interior. ¡Qué extraña
sensación! En ese momento mi vida encontraba una armonía y mi alma trascendía
hacia un nuevo mundo.
Con anterioridad, había apreciado la obra abstracta de grandes maestros como Kandinsky, Klee, Malevich, Mondrian y Pollock, entre otros, pero con ninguno de ellos se me había abierto la ventana a la abstracción. Mi existencia sensorial estaba anclada en el mundo de la antigüedad, de lo clásico y de lo figurativo. Esteban Lisa me entregó la llave para abrir la puerta que lleva a ese mundo y despertó en mí un interés profundo por un universo abstracto y en expansión, donde todo era posible y donde la materia, con su potencial latente, se convertía en vida, impulsada por la energía del mundo. Me sentía como si estuviese viajando a bordo de una nave espacial descubriendo el Universo, y a la vez, descubriéndome a mí mismo.
Fue así como surgieron mi obsesión y pasión por la obra de Esteban Lisa y la abstracción. A partir de ese momento, ya con la llave en mano, comenzó mi largo viaje de enriquecimiento espiritual y humano, que me ha llevado por todo el mundo siguiendo las huellas del Maestro. Gracias a Lisa he conocido a personas excepcionales en España, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Alemania, Italia, Suiza y China. Como si del trazo de una obra abstracta se tratase, entre todos estos países se han ido tendiendo puentes imaginarios, creando una unidad basada en el respeto y amor por la obra de este artista singular.

Cada una de las obras en mi colección tiene su historia particular. A veces, cuando todos en casa duermen y siento el peso y silencio solitario de la noche, paseo por cada uno de los cuadros de Lisa. Entonces, me conecto a un mundo ideal donde el caos exterior que nos amenaza continuamente se debilita y es reemplazado por una experiencia primordial que me hace fundirme y ser parte de un Universo en unidad y sin limitaciones, donde las leyes del hombre no tienen sentido y uno forma parte de una "religiosidad cósmica" que nos acerca a lo Divino. Aquí no existe ni el miedo ni el sentido de la religión social y moral. Einstein lo denominaba "sentimiento cósmico religioso", donde los opuestos se armonizan y complementan.
Muchas veces me he imaginado que, cuando estoy durmiendo o ausente de casa, los cuadros de Lisa dialogan con las obras de otros artistas. El murmullo de estas conversaciones me conduce a pensar en Lisa debatiendo con Oteiza sobre el vacío en la escultura; con Klee, sobre la musicalidad en su pintura; con Kandinsky, dialogando sobre lo espiritual en el arte y la importancia de las formas y colores; con Miró sobre lo poético y la armonía y, con Calder, compartiendo lo lúdico en los ritmos de sus cuadros de los años 50. Aunque cada artista mencionado haya vivido en un tiempo histórico distinto o simultáneo al de Lisa, siempre existe un hilo conductor que los une en su arte, visión de la vida y temperamento intelectual.
Me siento conmovido y emocionado por compartir este sentimiento y estar unido irreversiblemente a otros seres humanos, por muy diferentes que sean de mí, a través de la estética y lo espiritual. Ésta es la razón por la cual he sentido la necesidad vital de abrir las puertas de mi espacio privado al mundo exterior. Tal es la comunión que siento con el universo de Lisa, que siempre he dicho que si en mi casa hubiese un incendio, lo primero que salvaría sería una obra geométrica de Lisa de mediados de los años 30, aunque haya cosas mucho más valiosas en su interior.
Para mí, Lisa no es sólo una artista sino también un ejemplo de vida. Fue alguien que vivió de modo íntegro y nunca fue víctima de las apariencias; al contrario, se refugió en la humildad y en la sencillez. Tan importante era esto para él, que en vida nunca expuso ni vendió su obra. Esteban Lisa enseñó a sus alumnos y discípulos el valor de la ética, la tolerancia, la comprensión y la integración del ser humano. Quería que fuesen seres pensantes. Enseñaba pintura en un barrio humilde de Buenos Aires a judíos, árabes y emigrantes europeos. Él pensaba en la grandeza y mejora del ser humano a través de la estética, la filosofía y la ciencia. Labor fundamental que sigue actualmente la fundación que lleva su nombre, en la ciudad de Buenos Aires.
Por encima de su aspecto pictórico, Lisa fue un educador comprometido que creía que con el soporte de un sólido sistema ético el hombre progresaría y se libraría de las restricciones sociales y políticas, llegando a un nivel de conciencia más elevado y a un entendimiento más profundo y completo de la sociedad y de sí mismo.
En la obra de Esteban Lisa encuentro sentido a la vida. La dualidad que existe dentro de mi persona entre la razón y la pasión encuentra armonía y me permite crear un orden que me conduce a superarme espiritualmente. Muchas veces me he planteado cuál es el punto clave que me une a la obra y personalidad de Esteban Lisa. Me pregunto qué tenemos en común. Esto me lleva a pensar en las palabras de Primo Levi en su libro Si esto es un hombre, cuando hablando de sus recuerdos y su dolor menciona la bella palabra en alemán heimweh que quiere decir "dolor de hogar". Creo que con Lisa comparto este "dolor de hogar".
Él, en solitario, a los 12 años emprendió un viaje en tren desde Talavera de la Reina hacia Barcelona, donde un barco lo llevaría lejos de su tierra de Castilla-La Mancha. Este viaje físico hacia lo desconocido supuso también un viaje interior que lo llevó a la creación. Yo también emprendí a los 11 años un viaje en tren que me alejó de mi querido Santiago de Cuba hacia La Habana donde me esperaba otro largo viaje interior hacia el exilio en el que he encontrado, a través de la estética, la filosofía y la obra de Esteban Lisa un equilibrio existencial. Gracias a esta revelación o transferencia a través de la obra de otro ser humano me sostengo en pie, alejado del caos que nos rodea.
JORGE VIRGILI

