Los Carpinteros está conformado por dos artistas residentes en La
Habana, Marco Castillo y Dagoberto Rodríguez, puesto que el tercer miembro,
Alexandre Arrechea, abandonó el grupo en 2003. Aunque ya llevan unos cuantos
años trabajando como dúo, ésta fue sólo su segunda exposición individual en
Estados Unidos, y mostró al máximo su espléndida inventiva y desenvoltura
visual.
La Montaña Rusa era el nombre de la exposición en general, pero también se refería a la obra más grande de ésta. Aunque muchas personas, en especial en Estados Unidos, podrían estar tentadas a tomar el término Rusa del título como una especie de referencia al comunismo de estilo soviético, en realidad la frase se refiere a una atracción mecánica, que era lo que la gran escultura parecía. Al examinarla un poco más se descubría que esta montaña rusa en particular era en realidad una serie de camas sencillas unidas por los extremos, que se elevaban, bajaban en picada, ondulaban y describían curvas en el espacio. Sobre cada cama había un colchón de Jacquard rosado; el efecto era monumental e íntimo, industrial y sensual. Visualmente, el diálogo entre lo escultórico y lo doméstico, lo artístico y lo funcional, era humorístico y conmovedor a la vez. Las metáforas duales de la cama y la montaña rusa, cada una asociada de manera tan perfecta con los momentos cruciales del ciclo de la vida y sus muchas vicisitudes, eran tan perfectamente compatibles que uno se preguntaba por qué no se habían unido mucho antes. Además de su presencia escultórica, la obra se interpretaba de una forma muy gráfica, con el soporte estructurado aparte de las curvas de la superficie. Las barras negras de la estructura también se semejaban mucho a la serie de pinturas neoplásticas de líneas negras de Mondrian.

Esta idea de naturaleza escultórica versus funcionalidad, y la cuadrícula trastocada por la curva, funcionaba con un efecto sinceramente encantador con un conjunto de bibliotecas de madera, grandes, muy sólidas y fuertes. En estas obras, la repetida regularidad de las unidades rectangulares estaba envuelta por grandes elipses y formas redondeadas que surgían en secciones. Los artistas comentaron que estas piezas, a pesar de sus evidentes irregularidades, estaban hechas para ser utilizadas, y era muy sugestivo pensar en verlas domesticadas en esa forma.
Por último, había un modelo a escala de una intrincada piscina, con escaleras cromadas y baldosas azules, llena de agua filtrada, que estaba construida como una planta del piso, tridimensional, para un apartamento o una casa. De nuevo, las asociaciones coincidentes ayudaban a que la pieza pasara de ser simplemente ingeniosa a algo que en verdad llamaba la atención. Al igual que con la montaña rusa y las bibliotecas, teníamos una obra tridimensional cuyos orígenes como dibujo eran muy evidentes.
Un aspecto de estas obras que es interesante comentar es cómo evitaron las referencias obvias a Cuba y, sin embargo, compartían una sensibilidad muy cubana. Mucha gente busca de inmediato ubicar el arte cubano en un marco de referencia político/propagandístico, y tiende a fiarse de las mismas figuras y signos. En el caso de La Montaña Rusa, uno podría hacer conexiones con la incertidumbre de la vida en general y del futuro de una Cuba que ahora tiene un nuevo líder. El énfasis en la ejecución de cada pieza podría rememorar las tradiciones comunistas o folclóricas. Pero también había conexiones más sutiles. Para empezar, todas estas obras estaban conectadas por el empleo de curvas similares a olas e, incluso, de agua real, que nos recordaban el hecho de que Cuba es una isla, y el papel crucial que ha cumplido el agua en el arte, en la religión, y hasta en la política del país. También teníamos las referencias conectivas a los asuntos domésticos, la arquitectura y el hogar, que parecen ser una sensibilidad compartida por muchos artistas cubanos, desde Emilio Sánchez hasta María Elena González.
Se podría esperar que con el amanecer de una nueva era política en Cuba el intercambio entre ésta y Estados Unidos se haga más fluido, lo que les daría a Los Carpinteros y sus compatriotas una mayor movilidad en los años futuros.
JOHN ANGELINE
