La necesaria exposición antológica dedicada a la artista argentina
Liliana Maresca (Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, 1951- Buenos Aires,
1994), denominada Transmutaciones,
inauguró su estela itinerante en el Museo de Bellas Artes de Rosario, el pasado
7 de febrero, para seguir camino hacia el Centro Cultural Recoleta, de Buenos
Aires, el 20 de mayo, y luego continuar su andadura por Córdoba, en el Museo
Caraffa. Su curadora, Adriana Lauria, realizó un sesudo trabajo de investigación
y catalogación de la obra de la artista, figura clave del arte argentino
contemporáneo, poseedora de una poética abiertamente deslimitada, excesivamente
visceral, cuya proteica actividad incluyó la producción de objetos,
escenografías, instalaciones, esculturas, performances y foto-performances.
Lo bello, lo sublime, el erotismo exacerbado, lo abyecto, la autorreferencialidad sin mediaciones, el impulso vital, así como la caducidad, el deterioro físico, la sangre y las sustancias espurias, se dan cita en una muestra memorable, sin concesiones esteticistas, que revaloriza el espíritu neodadaísta y las búsquedas neoconceptuales no desmaterializadas, tan fundamentales para interpretar el acontecer artístico del país durante la década del noventa y la actualidad.

De alguna forma, la exclusión y marginalidad ético-social y antropológica se evidencian, en la inquietante instalación objetual La Recolecta (1990); la devastación y la muerte generalizada se presentan, en clave metonímica, por medio de la obra Wotan-Vulcano (1991); los pseudosintelectualismos y las jergas imposibles de descifrar, a modo de “idiolectos”, se patentizan en Ouroboros (1991); del mismo modo, la creciente inflación del mercado del arte, se manifiesta, en trabajos del tipo: Espacio disponible (1992) y Maresca se entrega a todo destino (1993).
Hasta 1974, el fenómeno de hacer arte por medio de la utilización del cuerpo fue denominado, en la arena internacional, body art. Este término fue legitimado por la historiadora del arte italiana, Lea Vergine, con su renombrado libro, titulado, precisamente, Il corpo come linguaggio (El cuerpo como lenguaje).
Dentro de este rubro, y desde una mirada posvanguardista y post-utópica, se pueden incluir todas las operaciones paradojales de foto-performances, de base corporal y objetual, con las cuales, Liliana Maresca se hallaba directamente implicada y obsesionada, ya desde la década del ochenta hasta su muerte, acaecida, en 1994. Esa pulsión de mostrarse y exhibirse (overexposed), para el registro de la mirada del otro tuvo que ver con un contenido fuertemente existencial: “mostrarse” para poder “ser”. En este sentido, la utilización del cuerpo, en tanto superficie alternativa de la hoja de papel o el lienzo, era parangonable con una nueva estrategia neorromántica, con el fin de involucrarse, por otra vía, con el mundo circundante. De allí, que las foto-performances de Maresca exhibidas en la antológica realizada en el Museo de Bellas Artes Castagnino no se manifiestan desde la sobriedad, sino desde la embriaguez, de un cuerpo bello y, a la vez, enfermo. En sus acciones y performances, Maresca, colocaba al desnudo la organización monstruosa de lo real y de todas las enfermedades, miserias y sufrimientos. En realidad, se percibe que como buena body-artista, nunca concibió un argumento previo sobre la vida de sus personajes: ellos mismos se convirtieron en los personajes y en la historia. En este último aspecto, como muchos otros colegas suyos, citemos solamente, a título de ejemplos, las referencias obligadas a Alberto Greco, Federico Peralta Ramos, Ana Mendieta y Las Yeguas del Apocalipsis, entre otros, se buscaba siempre resignificar al neohumanismo, aquel que todavía, se suponía, no estaba castrado por los excesos funcionalistas de las sociedades postindustriales, es decir, aquellas criaturas que huían del concepto de provecho. Con este tipo de actitudes, las fuerzas del inconsciente comenzaron a desbloquearse, desatándose a través de un juego de dramatizaciones, pulsiones de vida y muerte, fantasías destructivas y de catarsis, en definitiva, un recorrido elíptico que iba de lo erótico a lo tanático. Dentro de este opus bellamente siniestro se destacan las obras de la serie Liliana Maresca con su obra (1983), compuesta por un conjunto de foto-performances, de matriz objetual, en las que la artista posa desnuda con algunos de sus objetos escultóricos, a modo de extensiones protésicas o cuerpos postorgánicos: Liliana Maresca frente al Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, fechada en 1984, Liliana Maresca: imagen pública – Altas esferas, 1993, y Maresca se entrega a todo destino, igualmente datada en 1993. El suyo es un “cuerpo parlante” del arte, que se metamorfosea en diferentes ámbitos y situaciones, generando una fuerte turbación en el ánimo del espectador. Lo que Maresca pudo llegar a prever, ya en los albores de los noventa, era que la sociedad contemporánea misma se había vuelto inorgánica, es decir, mucho más comprensible y permeable a los efectos perversos y convulsivos de este nuevo tipo de performances, que se desarrollan por medio de sujetos proyectantes, como era su caso. Puso cuerpo, carnalidad, sustancia, sensualidad y piel a un mainstream, desterritorializándolo de sus senderos previsibles. El cuerpo en construcción, como hibridación fantástica entre lo orgánico y lo inorgánico, aparece en la mayoría de las obras de esta artista argentina que en su momento, no fue lo suficientemente reconocida. Tales camadas de alteraciones, a las que somete a su propio cuerpo y a sus trabajos escultóricos y objetuales, nos hablan de una subjetividad mutante, donde la metamorfosis reinventa una diferente y diversificada disponibilidad del ser en movimiento perpetuo.
Cabe acotar que el catálogo-libro de la presente retrospectiva, efectuado con el invalorable apoyo de Malba-Fundación Costantini, contiene un importante repertorio iconográfico de obras expuestas y piezas también desaparecidas, pero documentadas de forma historiográfica. El mismo se complementa con un ensayo crítico de la curadora, una cronología biográfica y contextual, así como una actualizada bibliografía.
CLAUDIA LAUDANNO
