Exposición Individualjun 2008 - ago 2008· Por Alberto Barral

Kcho

Galería Marlborough

La exposición de las obras de Kcho en la Galería Marlborough abarcó gran cantidad de su producción artística: pinturas, dibujos y esculturas se disputaron la atención del público en el expansivo espacio de Chelsea.

También se presentaron instalaciones, que integraron la arquitectura del espacio de la galería. Círculo vicioso, por ejemplo, consistía en una serie de barcos de juguete que formaban un círculo sobre el piso donde estaban colocados, y así fue como aparecieron en el catálogo, pero en la exposición las piezas fueron ubicadas alrededor de una enorme columna que acentuaba la pequeñez de los botes en comparación con su gran altura, y enfatizaba el desplazamiento y la sensación de aislamiento individual cuando se le hace frente a un elemento interminable como lo es el agua del océano. La sensación de una posible y total pérdida que los pequeños botes, tienen que enfrentar siempre en el mar fue una de las emociones más fuertes evocadas por el arte de Kcho en esta exposición en particular.

Exposición Individual: Kcho — imagen 1
Kcho. Sin título, 2007. Pastel sobre lienzo. 320 x 190 cm. (126 x 74 3/4 pulgadas).

Había una pieza en especial que hacía énfasis en este aspecto, al punto de integrar en el objeto el tema del miedo: una canoa de madera (R.E.C.) curvada en forma sinuosa, inculcaba en el espectador la inquietante idea de que el bote en sí era un tiburón, con lo cual cristalizaba en el objeto de transporte la peor pesadilla de los refugiados que han fabricado estos frágiles puentes hacia una vida mejor.

La obra de Kcho logra ilustrar, de manera indirecta, el evidente fracaso de la promesa hecha por la Revolución cubana de un mejoramiento de las condiciones de vida de los oprimidos. Todas sus piezas proyectan un fuerte componente de pobreza y del reciclaje provisorio, característica de las construcciones de los refugiados en todas las épocas. Un gran ejemplo de este rasgo era On the Edge of the Abyss, de la serie Cardinal Points, una instalación consistente en una llanta de camión, del tipo de las que siempre parecen estar presentes cuando los guardacostas estadounidenses encuentran a los refugiados cubanos que llegan a las costas de Florida. Sobre la llanta, en cada uno de los puntos cardinales, había una pequeña casa en ruinas, de las que hemos visto en repetidas ocasiones en documentales sobre Cuba, ya sea en ambientes urbanos o rurales; la casucha de madera— que es una característica de la arquitectura internacional de la pobreza, integrada a todas las metrópolis, en particular en América Latina— es una presencia tan habitual como las torres de vidrio que albergan a la parte más afortunada de la población. Nacer en uno de esos hogares de las favelas es el camino más directo para garantizar un pasaporte hacia los botes.

Estas construcciones son también muy similares a las estructuras arquitectónicas de Roberto Diago, un artista cubano contemporáneo que comparte generación con Kcho y que presentó una selección de instalaciones en la exposición de Arte Contemporáneo Caribeño en el Museo Brooklyn hasta unos pocos días antes de la inauguración de la exposición de Kcho. Los dos puntos de vista son similares en cuanto a su preocupación por la fragilidad de la existencia y la polémica por la supervivencia económica, que son recordatorios particularmente dolorosos de la evaporación de los sueños de prosperidad y las ilusiones de mejoramiento social que las políticas de la Revolución no lograron cumplir.

Artistas como Kcho hacen que los materiales y la representación de la pobreza se tornen poéticos, casi del mismo modo en que los artistas del Arte Povera en la Italia de la posguerra lucharon para describir la desilusión cuando el milagro económico italiano de los años que siguieron a la guerra colapsó en un caos de inestabilidad económica y política. El Arte Povera introdujo en las creaciones artísticas materiales de la vida cotidiana, con el fin de abrirle las puertas de la oportunidad a cualquiera que quisiera producir arte significativo pero sin ser encasillado por los acostumbrados materiales suntuosos asociados con la producción de arte tradicional.

La producción de frágiles botes de madera de este artista incorpora los elementos de una estética directamente opuesta al materialismo, cuya presencia, como él la percibe, es abrumadora en las economías del Primer Mundo, el mismo al que los refugiados de los botes anhelan llegar. También le da al espectador sarcásticos recordatorios del ilusionismo y la desilusión que son parte integral de la experiencia migratoria de los refugiados de nuestra época, ya sean económicos o políticos.

ALBERTO BARRAL

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