Exposición Individualjun 2008 - ago 2008· Por Claudia Calirman

Juan Soriano

Philadelphia Art Museum

Un sábado en la tarde, una multitud de gente hizo fila en el Museo de Arte de Filadelfia para ver la retrospectiva de Frida Kahlo (1907-1954) que conmemoraba su centenario. Ansiosos por ver las obras de este famoso ídolo mexicano, los fanáticos se perdieron de ver, unas pocas galerías más allá, una pequeña y preciosa exposición de obras de Juan Soriano (1920-2006), contemporáneo y amigo de Kahlo. Fragile Demon: Juan Soriano in Mexico, 1935–1950, en el Museo de Arte de Filadelfia, fue curada por el curador invitado Edward J. Sullivan, decano de Humanidades y profesor de bellas artes de la Universidad de Nueva York, y se centró en el periodo de quince años que el artista pasó en Ciudad de México. La exposición presentó sólo dieciséis de sus obras, cuatro de las cuales pertenecen a la colección del Museo, el único de Estados Unidos que alberga un número significativo de obras del artista.

Aunque Soriano es reconocido en México como uno de sus mejores artistas modernistas, su arte es casi desconocido fuera de su país natal. Sus obras  —retratos de parientes y amigos, imágenes de niños, naturalezas muertas y paisajes— ofrecen una característica variación de los temas y estilos artísticos de sus contemporáneos. Desde que tenía ocho años, Soriano supo que sería pintor. Estimulado por una de sus cuatro hermanas, se inscribió en clases de pintura y realizó su primera exposición a los catorce años. Se convirtió en una figura muy importante en Ciudad de México en los treinta y los cuarenta.

Exposición Individual: Juan Soriano — imagen 1
Juan Soriano. La niña muerta, 1938. Óleo sobre lienzo.47 x 80 cm. (18 1/2 x 31 1/2 pulgadas).

Cuando se trasladó de su nativa Guadalajara a Ciudad de México en 1935, se hizo amigo de Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, entre otros. Sin embargo, rechazó la agenda social de los muralistas mexicanos y describió el muralismo como dogmático. Entabló una relación duradera con el escritor y futuro ganador del Nobel, Octavio Paz, quien en 1941 escribió un ensayo sobre el artista, en el que lo describió como “un chico vestido de hombre”, haciendo énfasis en lo frágil de su aspecto.

Al igual que Frida Kahlo, rechazó la etiqueta de surrealista. Para la artista, su obra se basaba en su dura realidad (el accidente en un bus, debido al cual tuvo que soportar 35 cirugías y varios abortos; su desdichado matrimonio con Diego Rivera); en consecuencia, no era la exploración onírica prescrita por el líder surrealista André Breton. Para Soriano, el surrealismo era un proyecto internacional, y él no quería ser confinado en sus principios. Como Kahlo, se inspiró en su profundo interés en el arte colonial, popular e indígena, y en los bodegones y retratos del siglo XIX.

Su obra más famosa, Dead Girl (1938), de la colección del Museo de Arte de Filadelfia, muestra el enigmático y poético estilo del artista. La niña yace en una cama con una tela blanca. El vestido café que cubre su cadáver dista mucho del traje blanco con el que usualmente se presenta a muchos de los niños muertos. Está rodeada de flores y su cuerpo parece alargado y distorsionado. En la parte superior del cuadro se ven unas manos separadas del cuerpo, como si fueran las manos de un doliente que reza por el alma de la niña. Parece una visión surrealista de la niña muerta, y como muchas otras de las obras del artista, tiene un aura de irrealidad.

La pintura más llamativa de la exposición era Saint Jerome (1942), perteneciente a la Fundación Juan Soriano y Marek Keller, de Ciudad de México. En ella, san Jerónimo, el traductor de la Biblia latina, aparece como un apuesto joven desnudo, objeto del deseo homoerótico, en lugar de su usual representación como un santo ermitaño que medita en una cueva cerca de un león. El modelo para esta pintura fue el amante del artista en esa época, el autor y emigrante español Diego de Mesa, miembro de la alta sociedad.

Child with Bird (1941), una aguada de la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York, fue otra sorpresa desconcertante aunque bien recibida de la exposición. El cuadro muestra, en forma perversa, a un jovencito medio desnudo que sólo lleva puestos una capucha roja y un chaleco, frente a una sábana blanca. El chico despliega una sonrisa licenciosa y sostiene un pájaro frente a su pene.

La exposición de Soriano estaba junto a las galerías permanentes del museo dedicadas a Marcel Duchamp y Constantin Brancusi, y cerca de la nueva instalación temporal del artista mexicano contemporáneo Carlos Amorales (nacido en 1970). La instalación de este último abarcaba diferentes medios, como dibujo, animación, y performance. Al igual que las pinturas y los dibujos de Soriano, la obra de Amorales está habitada por sombras de humanos, pájaros, animales e insectos, una visión personal del mundo en el que imágenes y objetos familiares invocan ansiedad y temor. En cierta forma, los dos artistas mexicanos, aunque los separan cincuenta años, abordan su propia visión surrealista, creando una gratificante experiencia para quien ve sus obras expuestas una al lado de la otra.

CLAUDIA CALIRMAN

Juan Soriano, por Claudia Calirman | artnexus