Cuando Jac Leirner cumplía treinta años, Brasil, su país natal, sufría
una de las peores hiperinflaciones de su historia moderna. Como dice el dicho,
“el dinero no valía ni el papel en el que estaba impreso”. Leirner usó
cruzeiros, la devaluada moneda brasileña, en una instalación alusiva a la
inflación descontrolada. Consistía en una cadena de billetes que serpenteaba a
lo largo del piso y descendía por una escalera. En su exhibición actual en la
Galería Sonja Roesch, un collage titulado Dinero
está hecho a base de billetes devaluados de 100 y 100.000 cruzeiros pintados y
montados de tal manera que forman un cuadrado à la Albers. Mediante un fiat
artístico, Leirner le devolvió el valor a la devaluada moneda brasileña: el
precio de Dinero es US$50,000.
Una de las obras más convincentes y viscerales en esta exposición se titula Pulmón. Al igual que muchas otras obras de Leirner es Minimalista en el sentido de los readymades de Duchamp: objetos encontrados y mínimamente alterados (o no) por la artista. Pulmón consiste en una docena de envolturas transparentes de celofán provenientes de cajetillas de cigarrillos (Leirner fuma o solía fumar). Las envolturas están meticulosamente apiladas una encima de otra y contenidas en una caja de plástico igualmente transparente: pulmones dentro de un cuerpo radiografiado. Uno intuye que la asociación de la obra es con un pulmón sano pero de alguna manera queda implicado un pulmón contaminado.

Una serie de obras de Leirner tituladas Corpus delicti —frase en latín que quiere decir cuerpo del delito y que en el argot legal significa “conjunto de evidencias de un crimen”— tiene su origen en presuntos robos menores. Hay dos de tales obras en la muestra actual. La primera está hecha de tarjetas de abordaje, ceniceros y cubiertos pendientes de una cadena como si fueran a ser usados como collar. Uno podría pensar que esta improbable joya hace un comentario sociológico sobre el frecuente robo de cubiertos (y frazadas), como parte integral de la experiencia del viaje aéreo. De hecho, debido a las medidas de prevención del cáncer los ceniceros de avión casi se han vuelto raras gemas. El segundo Corpus delicti es simultáneamente más aéreo y potencialmente más grávido. Es una colección de dieciocho bolsas para vómito “robadas” de las aerolíneas, infladas, concatenadas y colgadas del techo, para sugerir la estela de un avión en vuelo. Ésta es una obra a la vez más poética, internacional y fisiológica que el primer corpus. Provienen de aerolíneas de diversas nacionalidades. Su uso normal implica náusea, ocasionada por malestar o asco. Tomar estas bolsas no es necesariamente un acto de apropiación ilícita sino que es en parte cumplir su propósito. Se ponen en el bolsillo de los asientos para ser usadas, como lo son los crucigramas en las revistas de viajeros. Al usarlas como materiales de una obra de arte, Leirner les encuentra un mejor uso que contener vómito: una verdadera transfiguración del objeto banal.
No es la primera vez que Leirner ha coleccionado bolsas que luego ha usado como material de una obra. En 2006 produjo 144 bolsas de museo. Es improbable que Leirner haya robado esas bolsas de compras; lo más probable es que se las dieron al comprar un souvenir. Una vez habló sobre su “apreciación de lo ordinario” de esta manera: “Sale del museo como basura y regresa como arte”.
Otra obra de Leirner que refiere al título de este ensayo es una que explícitamente enfrenta la posibilidad de que alguien robe sus propias obras. Con frecuencia, esta obra ni siquiera es percibida porque se camufla como parte de la sintaxis de un espacio de exhibición. Es un pequeño letrero que dice: “please do not touch”1. En su muestra en la Galeria Sonja Roesch, Leirner colocó dos de estos letreros en lados opuestos de la sala, una duplicidad que los hizo aún más invisibles. Por supuesto, la frase podría también estar pidiéndoles a los visitantes que no se toquen, mas ese sería un pedido poco brasileño.
NOTA
1. Jac Leirner rinde homenaje a Marcel Duchamp, quien en 1947 hizo Prière de toucher (Favor tocar), un seno femenino hecho con espuma sobre terciopelo negro, expuesto tras una vitrina, la obra se puso en una caja para el catálogo de la exposición Le surréalisme en 1947.
FERNANDO CASTRO R.
