Exposición Individualjun 2008 - ago 2008· Por Félix Suazo

Héctor Fuenmayor

Periférico Caracas

Considerado como uno de los más depurados representantes del conceptualismo venezolano, Héctor Fuenmayor (Caracas, 1949) propone una alternativa renovada en su más reciente muestra individual que bajo el título de Buddy tree (La escuela de los coincidentes) se presentó en Periférico Caracas/Arte Contemporáneo. Hábil malabarista en el juego de las palabras y las imágenes, estructurador de significados contradictorios pero siempre inteligentes, el artista razona críticamente en torno a la idea de lo moderno en el arte vernáculo, mediante una recomposición del paisaje que la tradición abstracta y constructiva quisieron soslayar. En ese prolongado forcejeo la razón se anteponía a la escena natural, ésa de húmedas malezas y prominentes montañas que solía aparecer en los cuadros de los maestros paisajistas de la primera mitad del siglo XX.

Buddy tree…  refiere como figura alegórica la Higuera sagrada o Ficus religiosa que tiene su morada en el Jardín Botánico de la Universidad Central de Venezuela, una planta de la familia del árbol bajo el cual Buda alcanzó la iluminación hace más de 2500 años. Dicha referencia no es extraña a las indagaciones de Fuenmayor quien fue ordenado monje budista en 1983 por el Abad Eido Tai Shimano y practica la esgrima tradicional japonesa desde hace varios años. De allí, esa permanente búsqueda de lo espiritual que toca el significado de lo sagrado en la cultura oriental, sin excluir las alusiones a la tradición religiosa occidental encarnada en ciertos pasajes del cristianismo.

Exposición Individual: Héctor Fuenmayor — imagen 1
Héctor Fuenmayor. Raíz cuadrada, 2007. Giclée sobre madera. 220 x 162 cm. (86 1/2 x 63 3/4 pulgadas). Foto: Teresa Mulet.

“Si no es coincidente no es contemporáneo”, frase de Claudio Perna a propósito de la instalación Venezuela y sus detalles (1991), podría rotular la estrategia epistemológica formulada por Fuenmayor en Buddy tree…, muestra que postula un encuentro paradójico entre lo natural y lo abstracto, salpicada de alusiones filosóficas y que en su pretensión totalizadora (holística) incorpora referencias a la biología y las matemáticas. Así lo contemporáneo se presenta como un rompecabezas, cuyo dilema consiste en superar los dogmatismos de ciertas ideologías artísticas ancladas en la noción de pureza y promover la interacción razonada de lo diverso, desenmascarando sus significados.

Las 15 obras que conforman la muestra fueron realizadas en giclée sobre madera o tela, ubicándose de manera ambigua en el límite entre la pintura, la fotografía y la instalación. El conjunto revela una tensión controlada donde se confrontan la imagen fragmentada y el vacío geométrico. De vez en cuando, los tramos segmentados sustituyen el referente natural por ornamentos o por campos de color perfectamente delimitados. Tanto las áreas omitidas como las que permanecen visibles están sujetas a un patrón alternable como si se tratara de coloritmos orgánicos, acaso en una remembranza velada –quizá inconsciente- a Alejandro Otero.

Sin título (1972-2007), impresión fotográfica sobre giclée adherido a tela donde aparece un cuadro monocromo entre las ramas de un árbol, marca uno de los puntos de partida de esta indagación. Allí, la obra y el paisaje se superponen, intercambiando sus respectivas estructuras y propiedades. La estricta regularidad de la tela roja actúa como un receptáculo de sombras horadadas cuyo contorno reproduce los arabescos del follaje. Ya aquí se presenta claramente una tentativa de “naturalización” que intenta borrar la distinción entre razón y naturaleza.

En Raíz cuadrada (2007) la propuesta alcanza su expresión más austera, quedando reducida a un esquema geométrico y numérico donde se distingue la cruz, elemento que se reitera en otras piezas. Lo visible queda en suspenso, mientras la obra desnuda revela la matriz analítica que la controla.

Por su parte Yidan en curso de colisión (2007) alcanza la escala mural, mostrando la exuberancia orgánica de la Higuera sagrada. Sus más de 10 metros de ancho van perdiendo el contorno hacia los bordes exteriores. Estructurada de manera expansiva, la obra se descompone progresivamente como lo hacen las imágenes digitales cuando son ampliadas, provocando un efecto de pixelado centrífugo que exige colocarse a una cierta distancia de la pieza.

Las obras comentadas describen la genealogía discursiva desde la cual se articula la muestra al tocar varias de las instancias que colisionan en la propuesta de Fuenmayor. Sensibilidad y razón, meditación y reflexión, entropía y orden, abandonan su condición antitética para sugerir un espacio ecuménico y heteroglósico, cuya unidad se forma en la interacción de lo diferente.

Frente a la musculatura vegetal de la Ficus religiosa, la mirada se desgrana en las múltiples referencias que conforman la travesía de la imagen, desde sus lejanos cimientos en el mundo de la vida hasta su potencia significativa en el universo de las representaciones. Y es que ante la vastedad tramada e inconclusa de lo visible, el ojo del espectador debe itinerar sin prejuicios por esos senderos, en vez de detenerse con fijeza en los detalles, los saltos y las redundancias que distinguen estos trabajos de Fuenmayor. 

FÉLIX SUAZO

Héctor Fuenmayor, por Félix Suazo | artnexus