La fotógrafa argentina Graciela Sacco es conocida por su innovadora forma
de combinar tecnología y fotografía, en especial en sus experimentos en los que
pega imágenes sobre superficies poco corrientes. Su exposición más reciente, Historia de un m2: (metro
cuadrado: espacio mínimo vital), presentada por la galería Diana Lowenstein,
llenó las expectativas al ofrecer, una vez más, una perspectiva diferente del
uso de la fotografía. La muestra consistió en once piezas, incluidos dos videos
y una instalación de video.
Para producir estas imágenes la artista colocó una cámara debajo de una escalera en un área de alto tráfico y empezó a grabar a las miles de personas que caminaban sobre ésta. Fue un proyecto concebido para ser monitoreado desde una estación remota, desde donde ella controló la edición. El suyo fue un voyeurismo a lo lejos, acorde con la forma usual de observar, como espectadora anónima cuya misión era registrar el paso de todas esas personas en su diario caminar. Ellas se convirtieron en un número, simplemente una masa abstracta, para dar la idea del individuo versus el grupo, cómo el primero es englobado por el segundo y desaparece en ese contexto. Sacco colocó el espacio social versus el individual, dónde comenzó y dónde termina, cuando uno está en su espacio individual y cuando lo ha cruzado para volverse parte de una masa en movimiento. La relatividad de la sociedad es permanentemente desafiada por la sociedad.

Las imágenes resultantes daban la sensación de que la gente estaba literalmente caminando sobre uno, en especial en los videos. El acto físico de cruzar de un punto a otro se extendía hasta el punto de convertirse en la conexión entre diferentes personas. La artista utilizó las imágenes de los zapatos que caminan, con el fin de insinuar movimiento en un sentido general, por lo cual, deliberadamente, no mostró ninguna otra parte de los cuerpos. Su idea fue encarar esta noción de vida nómada que ha impregnado a la sociedad contemporánea, en la que un porcentaje cada vez mayor de la población no vive en el lugar en el que nació. La metáfora del hombre en tránsito se extendió de la acción física de movimiento al acto filosófico de vivir, pasando, literalmente, por la tierra.
La mayoría de las piezas eran en color sepia, lo cual creaba un ambiente de uniformidad, cierta intimidad, y distancia al mismo tiempo. Sólo en dos piezas se utilizó color: Zapatos turquesa, una fotografía sobre aluminio, y Pies en colores, sobre acrílico. En las dos, manipuló y aplicó color sólo a los zapatos, acentuando el crédito que se les da como símbolo de movimiento por excelencia. No es la primera vez que la artista utiliza este elemento en su obra. Antes, en su serie Sombras del Sur y Norte, empleó zapatos como la superficie en la que se imprimieron las fotografías, mediante la técnica de la heliografía. Ahora los representó de manera diferente: las imágenes de la gente que los usa, caminando por la ciudad, cobrando vida. El sugestivo empleo de sombras daba la idea de la persona, aunque sólo un indicio, una silueta, lo suficiente para dejar la puerta abierta a la imaginación: desde nuestro lugar seguro podíamos crear o pensar sobre las historias de esta gente. Eso es lo que Sacco hizo al grabar estas imágenes desde su posición anónima.
Con frecuencia, los requisitos técnicos de su obra plantean un reto cuando se piensa en exponerla en una galería, y también para el coleccionista. Sin embargo, es esa misma cualidad la que la vuelve única y la hace sobresalir. Sacco siempre está experimentando, yendo al máximo, encontrando algo nuevo; y ésta es una parte importante del proceso de su obra, la que define, en el fondo, el resultado final. En esta ocasión, jugó con la transparencia del acrílico, empleado como superficie para varias de las imágenes, imitando las escaleras transparentes desde donde grabó los videos. Incluso con las fotografías, todavía nos daba la impresión de estar debajo de la escalera, mirando hacia arriba mientras la gente caminaba por encima de nosotros.
Al proyectar imágenes de zapatos que se movían en ambas direcciones, la artista estaba haciendo alusión al vigoroso movimiento que invade la vida contemporánea. La gente se traslada de una ciudad a otra, de un continente a otro. El idioma ya no es una barrera y la globalización se ha vuelto realidad, no sólo en términos económicos sino también en el campo social.
IRINA LEYVA
