Exposición Individualjun 2008 - ago 2008· Por Carlos Antonio de la Sierra

Gabriel Figueroa

Palacio de Bellas Artes

En la historia del cine mexicano hay una figura insoslayable sin la que sería imposible entender la tradición fílmica del país: Gabriel Figueroa (1907-1997). Ícono fundamental de muchísimos directores, Figueroa se ha convertido con los años en un referente de la fotografía cinematográfica mundial, y su trabajo, en un registro artístico que va más allá del celuloide; la trascendencia de Figueroa se le escurre al séptimo arte y su obra se acomoda en un ámbito distinto que también rebasa la foto de cine. Es el artista Gaby, entonces, un hombre que prestó su mirada oblicua a la vida pública y se convirtió en una sucesión de pautas necesaria en la historia de México. La obra de Figueroa es una vida, y su vida, una obra; es, por encima de todas las cosas, una parcela de la historia de un país desgarrado y una inscripción fidedigna y fiel de los actores y paisajes que adoquinaron el día a día de cientos de puestas en escena, dentro y fuera del set.

Desde febrero pasado se exhibe en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México la muestra Gabriel Figueroa, cinefotógrafo. A lo largo de un recorrido alentador, motivado por una museografía pertinente y propositiva, la exposición es un recuento de proyecciones videográficas, ediciones fragmentadas, imágenes fijas, obra pictórica, carteles, testimonios, documentos de museos de México y de otros países sobre Gabriel Figueroa. Es decir, no sólo hay drills de algunas escenas memorables fotografiadas por él (una lista muy larga de la que sin duda sobresalen, entre otras, las de María Félix) sino también proyecciones de fragmentos de varias películas (destaca, por su siempre connotado vigor visual su trabajo con Sergei Eisenstein y Luis Buñuel), hasta fotografías de él mismo durante su labor en el set, muchas de ellas captadas por reconocidos fotógrafos también, como Héctor García o Rodrigo Moya. Mención aparte merece la carta final que le escribe John Huston. “Ven a pasar unos días con nosotros a Puerto Vallarta”, le dice el cineasta norteamericano.

Exposición Individual: Gabriel Figueroa — imagen 1
Gabriel Figueroa. Manuel Álvarez Bravo, 1902-2002. Making of de la película Nazarín dirigida por Luis Buñuel, 1958. Colecciones Fotográficas Fundación Televisa / Fondo División Fílmica.

La retrospectiva, que reúne casi 300 piezas de origen variopinto y 30 proyecciones en pantallas digitales, ocupa las ocho salas del museo. La organización fue a partir de rutas temáticas que hallaran coincidencias o vasos comunicantes en la iconografía de Figueroa. Así, en 18 temas atinadamente conectados, está su trabajo sobre la ciudad (Metrópoli), sus colaboraciones con Emilio Fernández (El Indio), su obra erótica (Amor, amor, amor), sus atmósferas lúgubres y azarosas (Noche), las películas con Buñuel (Buñuel) o sus participaciones en la televisión (Pantalla chica). Después de dos años preparándola, el curador Alfonso Morales, habla de la urgencia de la exposición sobre Figueroa: “Sentencia lo importante que ha sido el cine para la confirmación de la identidad mexicana del siglo XX. Recuerda también que no puede perderse una industria tan importante como el cine y seguir teniéndola sólo como recuerdos dorados; es necesario una industria propia, poderosa, no subordinada a modelos ajenos y que sea capaz de construir sus propias imágenes”.

Independientemente de la sugerencia del curador, la obra de Gabriel Figueroa, él mismo como parte intrínseca del modelo creativo que aparece en numerosas estampas, recrea una estética propia que sí da cuenta de la historia del cine en México, pero por sobre todas las cosas, se asume como parte de una representación independiente que deja de lado cualquier tipo de pernicioso nacionalismo. La obra fotográfica de Figueroa es, por tanto, universal, y su propuesta visual no está enmarcada exclusivamente en la efigie de México (lo es, es cierto, en gran medida y su potencia es palmaria) sino en un ojo invisible que mueve la sensibilidad de todos los hombres. En ese sentido, es sintomático que en la última parte de la muestra, titulada Pléyade, aparezcan las imágenes fijas y móviles de tres adaptaciones cinematográficas de obras literarias. Están El fugitivo (John Ford, 1947), basada en El poder y la gloria de Graham Greene; La noche de la iguana (John Huston, 1964), adaptación del texto de Tennessee Williams, y Bajo el volcán (John Huston, 1983), inspirada en la novela de Malcolm Lowry. Obras universales, pues, ubicadas y filmadas en México y fotografiadas por un artista universal. La última fotografía de la exposición es la escena final de Bajo el volcán (Anónimo, plata sobre gelatina, 1,50 x 1 m). En ella aparece Gaby Figueroa en filmación registrando la muerte del cónsul Geoffrey Firmin en manos de los parroquianos de El farolito. Ahí mismo, a un lado, está la mencionada carta de John Huston. En ella le dice que la película estaba por ser una obra maestra gracias al ojo sapiente, movedizo y fulminante de Figueroa. Bajo el volcán, pues, fue su última película, y el ojo en movimiento, el REM de párpados abiertos dejó de girar. La muestra Gabriel Figueroa, cinefotógrafo permaneció en exhibición hasta el 4 de mayo del presente año.

CARLOS ANTONIO DE LA SIERRA

Gabriel Figueroa, por Carlos Antonio de la Sierra | artnexus