Como parte del Congreso Internacional de Diseño Icograda 2007, a fines
de octubre se inauguró en el Museo Nacional la muestra Bachs. Imágenes de cine.
Se trató de una retrospectiva, conformada por afiches de un diseñador muy
notable y ya fallecido. Sin embargo, al reunir carteles muy poco conocidos o
recordados, logró casi el mismo impacto sorpresivo de la novedad.
Constituyó un muestreo de varias décadas: 60, 70, 80, 90, y hasta el propio 2001, año en que murió Muñoz Bachs. Ahora bien, el énfasis estuvo en los dos primeros decenios. Justamente, aquellos donde el cartel cubano alcanzó mayor prestigio internacional, en virtud de ganancias visuales tomadas de corrientes artísticas de la avanzada mundial, la experimentación y la capacidad heurística para revertir escollos materiales en soluciones creativas, conforme han apuntado estudiosos del tema.

Precisamente, de 1960 data el afiche de Muñoz Bachs que promovió Historias de la Revolución, filme criollo de ficción producido por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Además de su condición pionera, de su valor estético e histórico, ese cartel es excepcional porque fue resuelto con un recurso poco habitual en la ejecutoria de Bachs: la fotografía. Como inusual fue también la sobredimensión expresiva del vacío, que se advierte en Niños desaparecidos (1985).
El idiolecto de Muñoz Bachs se identifica más por la beligerancia de la imagen, y no de la tipografía. En sus carteles, la figura humana, de rostro o cuerpo entero, resulta predominante y recurrente. El color, si bien llamativo y variado, no suele escandalizar. La línea, nerviosa e informal, evoca al también ilustrador de libros para niños. Que, en definitiva, procuraba colegir y plasmar en síntesis creativa las ideas esenciales de los textos, literarios o fílmicos.
Ésta era, asimismo, una premisa del ICAIC, entidad para la que laboró Muñoz Bachs durante mucho tiempo, y que sustentaba el principio de no importar, junto con el filme, su anuncio publicitario. Así, la retrospectiva de Bachs fue pródiga en carteles destinados a promover cintas de varias nacionalidades, autores, géneros, años, tendencias artísticas y credos sociopolíticos.
Fueron afiches tipificados por el uso de la serigrafía o silkscreen, modalidad del grabado económica y más próxima a la pintura, por el uso de pastas y capas de colores. De ese modo, resultó orgánico incluir en la exposición mesas de trabajo del taller serigráfico del ICAIC, con bocetos de carteles de Bachs. Eran cuadriculados, con muestras de los caracteres a emplear y la composición tipográfica, pero no con el texto definitivo. Sí con proporciones menores que las de sus versiones impresas y, en ciertos casos, colgadas en las paredes de la sala expositiva. Exponentes del trabajo previo del artista, esos bosquejos se integraron a la exposición con sentido museológico y museográfico.
Coincidente luego con la vigésimo novena edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, la exposición estuvo centrada en el cartel cinematográfico, dirigido a la promoción de filmes o de eventos del séptimo arte. Pero también comprendió uno que otro ejemplar concebido para divulgar cónclaves de diseño en sí, subrayando aún más el perfil del congreso auspiciante en esta ocasión.
En general, la exposición reunió decenas de pósteres, entendidos como carteles fijados a la pared que han perdido su fin publicitario. Más no perdieron su filiación con el encargo originario. El texto que portan los hará recordar indefectiblemente, aun cuando esos afiches hayan trascendido el momento en que fueron creados. Pese a sus valores estéticos o históricos, que los tornan coleccionables o museables, algunos —como los dedicados a filmes— hasta podrían recobrar su misión primigenia, su vocación ancilar.
Exhibida unos meses antes en Valencia, España —donde nació Muñoz Bachs, en 1937—, la retrospectiva significó también un homenaje, en su septuagésimo cumpleaños, a este comunicador visual multipremiado en señeros festivales internacionales de cine —entre ellos, Cannes— y en certámenes de carteles cinematográficos, como el de Hollywood. Un autor que mereció el Premio Coral en el Festival de La Habana, por su cartelística, a la cual son inherentes, asimismo, el uso de la alegoría, la cita de Charlot y el sentido del humor.
ISRAEL CASTELLANOS-LEÓN
