Exposición Individualjun 2008 - ago 2008· Por Claudia Laudanno

Dudi Maia Rosa

Instituto Tomie Ohtake

Bajo la curaduría general, de Agnaldo Farias, Dudi Maia Rosa (São Paulo, Brasil, 1946) expuso una singular y numerosa muestra individual, denominada Eu sou um Outro (Yo es otro), en el Instituto Tomie Ohtake, ubicado en el corazón del barrio de Pinheiros. La exposición se extendió del 29 de febrero al 13 de abril pasado, distribuyéndose por dos amplias salas del mencionado centro de arte.

Desde hacía más de dos años, Dudi Maia Rosa estuvo trabajando arduamente en esta importante muestra que ostentó, como divisa artística y existencial, la célebre frase del poeta francés Arthur Rimbaud: Car je suis un autre…, la cual, revolucionó y estremeció, en tanto práctica, principio y credo, la misma noción de identidad y subjetividad. Dicha aseveración, escrita cuando Rimbaud sólo contaba con diecisiete años, a su leal amigo Paul Demeny se halla en uno de sus textos más sustanciales, denominado Carta a un vidente.

Exposición Individual: Dudi Maia Rosa — imagen 1
Dudi Maia Rosa. Sin título, 2007, Resina poliéster pigmentada y fibra de vidrio.

Cuando Rimbaud delineó ese maravilloso sintagma, abrió un camino apasionante y desconocido para el arte y, en particular, para la poesía, pero también llevaba a la praxis un axioma que los surrealistas, encabezados por André Breton habrían de conducir a sus últimas consecuencias: cambiar la vida. Para llegar a ser “vidente”, decía Rimbaud, el iniciado debe practicar una alquimia y metamorfosis tal, que llegue a un desorden y perplejidad de todos los sentidos.

“Yo es otro” es una de las frases más tocantes y fuertes para el psicoanálisis y la antropología de esta sobremodernidad o hipermodernidad, que estamos transitando sin ningún tipo de certidumbres. Y aclaremos: no se trata de la mala traducción de: “Yo soy otro”, sino que “ese” que ya no soy más ha dejado de pertenecerme, actuando por su propia voluntad y libre arbitrio.

Con su ejemplo irrepetible, Rimbaud transformó las relaciones de la literatura con la vida, de la vida con la vida, de la vida con el arte, como antes de él nunca se había concebido.

No de la obra y la vida, sino del guión o argumento (script) que, indefectiblemente, condena y es el sino de ambos conceptos: estar permanentemente atados entre sí.

Al renunciar a su identidad asegurada como escritor, es decir, su principio de individuación, es decir, su “razón de ser”, Rimbaud se transformó radicalmente en otro. Incluso las fotografías que lo mostraban en Abisinia son las de “otro”. Quiso, y logró, ser “alguien más”.

Vidente visible, Dudi Maia Rosa emprendió ese camino de introspección y de donación de una subjetividad derramada hacia la alteridad, propuesto por Rimbaud, que implica darse a ver como una “otredad”, desde su dilatada trayectoria artística, que cuenta con más de cuarenta años de intensa y nutrida producción. También, por qué no, cabría aplicar en su obra, como artista, teórica del arte y profesora, el lema horaciano Ut pictura poiesis, al cual, la que suscribe estas líneas, agregaría: Ut pictura kynesis, al alba de estos tiempos de complejidades, saturaciones, predicciones léxicas, modos más dilatados de conocer, trasmutándose en distintos ropajes, como bien lo ha hecho el artista, en el conjunto operístico que expuso en el Instituto Ohtake, hasta mediados de abril.

Dos corpus bien diferenciados se pueden señalar en el recorrido de Eu Sou um Outro: en primer lugar, un opus compuesto por obras de tenor más sordo, con acabados opacos, sombríos, contrapuntos de texturas y diferencias de tintes. El segundo conglomerado de piezas, exhibe a su vez una honda preocupación y experimentación constante con la transparencia, la luminosidad y el brillo. Tanto en unas como en las otras, el artista apunta a la diversidad y al carácter no conclusivo de sus trabajos. Para él, ninguna obra está terminada, en este último aspecto. Y es fundamental tener presente tal apuesta estética y teorética de Maia Rosa, pues es ya un cliché generalizado, concebir que la operación artística reviste características de comunicabilidad directa y espontaneidad. Y dicha ingenuidad es la que sólo identifica al arte con la obra. No obstante, es fundamental comprender, y ello se verifica en Eu Sou um Outro, que el arte contemporáneo, hoy más que nunca, proyecta tras de sí una sombra, una especie de silueta menos luminosa en la que se refracta, volviéndose inquietantemente enigmático, al retraerse, cuando se desea su posesión.

Si analizamos las obras de Maia Rosa, que viene desarrollando con un soporte que ya no es la tela ni el lienzo clásico, de allí, el título de su libro de artista, Dudi Maia Rosa o as Mortes da Pintura, Metalivros, São Paulo, 2005, sino bloques de resina de vidrio, trabajados con resina poliéster pigmentada, veremos que la construcción de su propio analogon material, implica ya la salida fuera del cuadro, hacia el objeto pictórico, dotado, generalmente, de un espesor de 8 a 10 cm. Estamos hablando de tridimensionalidad, y ésta es una de las tantas “resurrecciones” que Maia Rosa propone para la pintura heterodoxa o “postmetafísica”, como se la ha denominado, teniendo en cuenta sus nuevos trabajos, la mayoría de los exhibidos, de 200 x 200 x 8 cm de espesor, aproximadamente.

Resulta muy esclarecedor, luego del tránsito pormenorizado de las dos amplias salas del Instituto Ohtake que albergan sus trabajos, volver a ese lema de Rimbaud, con el que Maia Rosa se identifica: Car je suis un autre. Y es así, pues cuanto más nítida y violenta es la luz con la que se desea iluminar su andadura artística, más se protege y esconde lo primordial de ella, retrotrayéndose bajo un cono de sombra al que todos podemos acceder, a condición de transformarnos en ese “otro” que no es mera proyección o extensión de “nosotros”, sino, en cambio, pura singularidad y alteridad irreducible, irrepetible.

CLAUDIA LAUDANNO

Dudi Maia Rosa, por Claudia Laudanno | artnexus