Exposición Individualjun 2008 - ago 2008· Por Harper Montgomery

Diango Hernández

Alexander and Bonin

 En su segunda exposición individual en Nueva York, Diango Hernández sugirió que, en última instancia, el modernismo, la tecnología y la democracia liberal no lograron liberarnos. No obstante, de las obras expuestas se intuía una negación a descartar por completo la convicción utópica de que podemos transformar nuestra vida si reformamos nuestro entorno. En este grupo de instalaciones y dibujos recientes del artista encontramos formas modernistas, vestigios de antigua tecnología de las comunicaciones e imágenes del asesinato de John F. Kennedy. La ansiedad debilitó la elegancia y pureza de la forma de la exposición.

El saber que Hernández nació en Cuba y llegó a la mayoría de edad durante la década de 1990, cuando la caída de la Unión Soviética ocasionó una grave crisis económica en la isla, nos anima a sacar algunas conclusiones generales sobre los significados políticos de sus obras, en las que aborda las relaciones de Cuba con Estados Unidos, el imperialismo y la propaganda, y queda claro que está hablando desde el punto de vista de un inmigrante cuya vida ha sido profundamente afectada por estos conflictos políticos. La instalación más grande de la muestra, My Symmetry, consistía en una pared tipo persiana que dividía la galería principal. Por un lado de la persiana estaban inscritas las palabras patria o muerte, mientras que por el otro se leía in god we trust, que son, respectivamente, las consignas de la Revolución cubana (y latinoamericana) y de la democracia liberal de Estados Unidos y el capitalismo. Huellas de manos manchaban algunas partes de la persiana, como señal de las presencias humanas que son forzadas a negociar estas contradictorias posiciones políticas como parte de su vida diaria.

Exposición Individual: Diango Hernández — imagen 1
Diango Hernández. Pura historia, 2007. Acrílico, lápiz e impresión offset de papel sobre papel. 40.5 x 30.5 cm. (15 7/8 x 12 pulgadas). Foto: Bill Orcutt.

La segunda instalación, waves inside my room, consistía en una galería más pequeña, con un techo falso de tablas prensadas perforadas. El techo estaba iluminado desde arriba, de modo que el salón se llenaba de sombras dramáticas, y sobre un pedestal en el centro del espacio se hallaban las entrañas de un radio antiguo. Al mirar más de cerca, se comprobaba que las tablas perforadas eran las partes traseras de viejos radios que habían sido sacadas de entre la basura, y esto, combinado con el título, nos llevaba a pensar cómo Estados Unidos, desde la Revolución cubana, ha empleado la radio como medio clave de propaganda en Cuba (y en general en América Latina). El título, waved inside my room, sugería, además, la imagen del Hernández joven escuchando la radio que le llegaba desde Miami, en su cuarto de Sancti Spiritus, Cuba, durante los ochenta.

En estas dos instalaciones el artista creó también ambientes de perversa intriga que sugerían significados más ambiguos. Iluminada de manera espectacular desde un lado, la pared de persiana que dividía la galería principal proyectaba fuertes sombras sobre la mitad del salón, evocando un dramático interior tropical. Surgían escenarios de Hollywood, escenas de interrogatorios de la CIA y otras escenas novelescas de Cuba como existe en la imaginación de  Estados Unidos. Menos específico en sus evocaciones, el techo perforado de la segunda instalación estaba iluminado de tal forma que distorsionadas sombras geométricas se extendían por los muros y el piso. El murmullo del radio descompuesto que estaba sobre el pedestal llenaba el salón, creando un ambiente de presagio y expectativa.

La pared de persiana y la geometría de las láminas del techo también evocaban una especie de modernismo vernáculo o improvisado. Estas evocaciones eran reforzadas por la serie de dibujos que estaban colgados a lo largo de un muro de la galería principal, exactamente frente a la pared de persiana. En estos dibujos Hernández combinó formas abstractas con collages de fotografías de escenas relacionadas con el asesinato del presidente John F. Kennedy. Los dibujos representaban formas redondas perforadas que recordaban el tipo de constructivismo moderado que se convirtió en lenguaje popular de la escultura pública en Europa y Estados Unidos en la década de 1960. Lo discordante en estos dibujos, sin embargo, era que el artista literalmente construyó estas formas abstractas recortando y pegando fotografías de eventos anteriores y posteriores a la muerte de Kennedy. En un dibujo titulado Pure History, se podía distinguir a Jackie con su sombrerito tipo casquete, estrechando la mano del gobernador de Texas entre las curvas de lo que parecía un diseño para una pantalla perforada. En otro, recortó una forma escultórica estilo Arp, de una fotografía del ataúd de Kennedy bajo la rotonda del Capitolio. En todos estos dibujos, las formas modernistas son escultura o arquitectura colocadas sobre pedestales o ubicadas en relaciones con paredes y pisos.

Lo promisorio de esta exposición es la forma en que el artista ha dirigido sus inquietudes políticas hacia problemas de forma. Cómo se usan las formas en pro de la ideología es un problema difícil de examinar, y Hernández empezó a abordarlo allí. La obra que ha mostrado en bienales durante los últimos años ha sido más genuina en sus referencias políticas, pero con esta exposición vimos un aspecto más ambiguo y sutil de su compromiso político, lo cual es un desarrollo interesante de su obra y reafirma, creo yo, el potencial visionario del tipo de proyectos en los que participó como miembro del colectivo Gabinete Ordo Amorís durante mediados de la década de 1990. 

HARPER MONTGOMERY

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