Exposición Individualmar 2008 - may 2008· Por Natalia Gutiérrez

Víctor Escobar

Valenzuela Klenner Galería

Víctor Escobar (Neiva, 1966) nació en Colombia y vive hace 20 años en Europa. Muy joven, mientras estudiaba el primer semestre de artes en Bogotá, se ganó una beca para estudiar Artes Plásticas en Moscú. Luego recorrió Europa y se instaló en Suiza donde vive. La primera vez que vi una obra suya fue Autostop, en 2005. El protagonista del video era el artista mismo, que sostenía un letrero con la palabra Colombia, mientras hacía autostop en una autopista europea, sin ningún éxito. Los buses y los automóviles pasaban a toda velocidad y a veces movían imperceptiblemente la pantaloneta de este viajero colombiano que permanecía inmóvil, estoico. “Lo que yo quería era invertir la situación del sentimiento hacia Colombia. Los que deseaban salir del país debían enterarse de que muchos otros soñaban con regresar”.

Luego vi sus videos sobre una comida típica colombiana, el tamal, devorado por una multitud que zumbaba como abejas. Vi también las fotografías de calles de ciudades del Primer Mundo, con indigentes dormidos de espaldas, unas fotografías intensamente rojas. Me parece que sus imágenes logran tocar problemas humanos, casi bíblicos: devorar, atesorar, abandonar, desear. Me recuerdan la obra póstuma de Marcel Duchamp, que despierta en el espectador un deseo irresistible de mirar lo que hay detrás de una puerta y, finalmente, se da cuenta de que la obra es su propio voyeurismo y que el deseo “lo” constituye. Podría decir también que la idea en sus trabajos no está en el objeto, ni en el contexto, sino en un lugar entre éstos y el espectador, al que se le develan sus propios deseos y preocupaciones. Creo que la razón es que son obras impecables, que bordean el simulacro, pero con temas muy populares y de los que se habla poco. Por ejemplo, el dinero. 

Exposición Individual: Víctor Escobar — imagen 1
Víctor Escobar. Caja Escobar 3, 2007. Billetes, madera y terciopelo.

En el 40 Salón Nacional de Artistas, en 2006, rompió una pared del museo e instaló unos fajos de billetes de mentiras pero idénticos, no me atrevo a decir que a los de verdad, porque no sé qué tan verdaderos sean los billetes; finalmente, son el simulacro en su estado puro. Encaletado, el nombre de la obra, yo me atrevería a decir que es una palabra muy popular para decir que algo está enterrado, pero que es como un tesoro precolombino, como una “guaca”. Estas “caletas” en el museo eran como aquellas que construyen los narcotraficantes en sus casas.

Con esta intervención en el muro, muchos quedamos sorprendidos, y yo me incluyo. La verdad es que los millones de dólares del narcotráfico escondidos en las paredes de las casas o enterrados debajo de la tierra son una noticia permanente en Colombia desde hace por lo menos 30 años. Tal vez por el poder hipnótico del dinero o por la acción surrealista de enterrarlo, o porque a los colombianos nos parecen cadenas de exageraciones o historias de Alí Babá, tal vez por la dificultad de afrontar los traumas, porque los colombianos nos decimos mentiras, no sé, esas noticias del dinero enterrado, encaletado, a la mayoría no nos movilizan. Se necesita un artista colombiano que vive desde hace años fuera del país, para incomodarse con el tema y señalar lo que sucede.

En esta nueva exposición Víctor Escobar mostró caletas y cajas. Ambas demostraban que el dinero convertido en espectáculo tiene un poder hipnótico. Las cajas de terciopelo negro, abiertas para mostrar un fajo de billetes, eran para el ojo una trampa sensual. Esta exposición entonces hablaba del poder hipnótico del dinero y de los deseos convertidos en espectáculo: deseos de atesorar y de comprar. El artista mismo nos hace caer en la cuenta: “El tema de la exposición es un juego irónico con la avaricia y el ansia de dinero”. Un dinero que asegura transacciones afectivas a las que se refieren las letras de las canciones populares: “Eso sí, cuando te enteres/que traigo billete verde/me besarás como Judas/y me dirás que me quieres,/porque yo sé que el dinero/es el que siempre prefieres”. Es un dinero que asegura macabras transacciones de poder. El artista dice: “El tema de la exposición son las inmensas cantidades de riqueza que se mueven en la clandestinidad y la relación histórica reciente y profunda que hay en nuestra cultura, entre la corrupción y el narcotráfico”.

Son cajas que hablan del poder del nombre: sobre el terciopelo negro las cajas tenían escrito el nombre de Escobar con letras doradas. El nombre es el primer pasaporte que habitamos, y Escobar, para un colombiano puede llegar a ser un nombre inhabitable. Son cajas que hablan de una paradoja: Colombia, el lugar más habitable y generoso y a la vez inhabitable e injusto. 

NATALIA GUTIÉRREZ

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