Exposición Individualmar 2008 - may 2008· Por Luz Sepúlveda

Santiago Borja

Galería Enrique Guerrero

 Santiago Borja exhibe en la Galería Enrique Guerrero una instalación, Chaque fois unique, que es la pieza central de la muestra, acompañada de fotografías, dibujos y pinturas en las que se desarrollan distintas maneras de cómo se puede vislumbrar la imagen de una mancha sobre la piel causada por el vitiligo. El artista parte de un patrón creado por algún capricho de la genética y lo transforma tanto bidimensionalmente como en el espacio circundante, para representar una forma estética con diversas posibilidades, a partir del dibujo sobre ella.

Así, el artista delinea sobre un vidrio algunos puntos elegidos de la mancha que, a su vez, no está pigmentada de manera uniforme, cuyas siluetas se construyen como si fuesen expandidas a partir de un bullet time. Este efecto, en el que uno se sumerge en los detalles de las figuras, provoca que las formas cónicas en plástico impermeable morado se alonguen hasta el muro que tensa la tela. Se crea una instalación impenetrable; sin embargo, se cuelan los rayos del sol, que dan un juego de luminosidad y sombras sobre la pieza, la cual la convierte en un objeto con una conformación versátil. El espacio que se crea bajo los “poros expandidos” debe ser cálido y semejar un cielo extraño. De frente, de cerca y de lejos, prevalece lo visual, debido a la incapacidad táctil, que se sugiere solamente a la mirada.

Exposición Individual: Santiago Borja — imagen 1
Santiago Borja. Cada vez única, 2007. Poliéster con poliuretano. Dimensiones variables.

El vitiligo es una enfermedad degenerativa de la piel en donde las células de la melanina se mueren, por lo que ciertas áreas de la epidermis no producen pigmentación y en su lugar quedan manchas blanquecinas. Aunque la forma está definida en silueta, contorno y cuerpo, estrictamente, es resultado de una ausencia: los melanocitos —las células que producen la pigmentación de la piel— mueren, dando como resultado la presencia de manchas que siguen un patrón comparable con los mecanismos de camuflaje en los animales. Los patrones disruptivos se originan al alterar el orden establecido mediante la casualidad, y así, poder modificar la imagen en casi cualquier otra forma, que puede incluso tener mayor relevancia que la original. Santiago Borja juega con el proceso natural de la despigmentación de la piel, al construir sobre ella formas geométricas que simulan construcciones cibernéticas en el espacio imaginado, sin por ello incurrir en los resultados previsibles. La total libertad que permite la indefinición formal de la mancha abre las posibilidades para experimentar con ella y generar resultados entre la sorpresa y la expectativa, entre lo predecible y lo desconocido, la repetición y la variación.

Borja recrea una mancha específica y la agranda en la pantalla de la computadora, convirtiendo la naturaleza ortogonal de los píxeles en esferas, que plasma sobre el lienzo a modo de círculos concéntricos que se explayan, chocan, se enciman, se sobreponen y se entrecruzan unos a otros. Los círculos en colores primarios, más el blanco, el negro y el verde, crean una ilusión óptica, próxima a la metodología impresionista, en la que, una vez alejados de las partículas, recrean la forma original.

En otra pieza, una serie de cinco retratos dispuestos en seis hileras retratan el perfil de las personas que presentan alguna señal de despigmentación, resaltada u oculta con barras pixeladas. A un costado, la imagen enmarcada de la ampliación de una mancha se posa como un mapa indicativo de la conformación de alguna frontera. Sin embargo, se realza sobre ella una ciudad con puentes colgantes, edificios cónicos y otras formas geométricas que danzan por encima de la mácula intervenida. La mancha no marca límites, sino que habilita su posibilidad de dispersarse hacia otra dimensión. El artista combina el dibujo de rectas diagonales con el trazo de formas ovoides, esféricas y cónicas de un fino plumón negro, que acentúa la intangibilidad de la etérea construcción casi holográfica.

Así como la ciudad expande sus límites sin reconocer fronteras, la mancha sin pigmento genera una gran meseta homogénea y flexible sobre el resto de la piel. Sin embargo, lejos de encarnar un constructo unitario, la coloración, forma y textura visual de los distintos matices de la mancha permiten percibir la imperfección como una forma compleja, rica, casi seductora. En los suburbios de la ciudad se crean otros centros, a cuyo alrededor se construye otra microciudad. De la misma manera, las distintas pigmentaciones en la mancha blanca la convierten en policéntrica: armada de divergencia.

Santiago Borja, por Luz Sepúlveda | artnexus