Exposición Individualmar 2008 - may 2008· Por Eva Grinstein

Oscar Bony

MALBA - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires

 Coherente con su política de investigación y difusión de la obra de los grandes artistas contemporáneos de Argentina, el Malba, Colección Costantini, inauguró recientemente la exposición Oscar Bony. El mago. Obras, 1965/2001. Se trata de una selección ajustada, de apenas sesenta piezas, que revisa de manera contundente la trayectoria del artista, nacido en la provincia de Misiones en 1941 y fallecido en Buenos Aires en 2002: una carrera corta y vertiginosa iniciada al calor de la vanguardia de los sesenta, nutrida con un estimulante exilio italiano y coronada por la febril actividad de los años noventa, de regreso en su país.

La exposición y su correspondiente entramado previo de rastreo, análisis y edición, cada vez más aceitado en la labor del equipo del Malba, depara varias sorpresas. En la puesta física de la muestra, la sorpresa llega mediante un conjunto de obras que incluye trabajos inéditos o casi desconocidos, acompañados de textos que en su momento integraron diversos proyectos de Bony, ahora revisitados. Simultáneamente, también hay elementos novedosos en el exhaustivo catálogo, donde Marcelo Pacheco, curador en jefe del Malba y a cargo de esta exposición, propone un cuerpo completo de informaciones y opiniones sobre Bony.

Exposición Individual: Oscar Bony — imagen 1
Oscar Bony. Fair is foul and Foul is Fair, Primera escena de Macbeth de William Shakespeare (Lo bello que es feo y feo lo que es bello), 2001. Instalación compuesta de 2 fotografías, blanco y negro sobre papel y vidrio baleados en marco de madera de 100 x 90 x 4 cm. ( 39 1/4 x 35 2/5 x 11/2 pulgadas) con placa e inscripción. Bin Laden 2001, 2001. Fotografía a color sobre papel en marco de madera de 300 x 300 x 6 cm. (118 x 118 x 2 1/4 pulgadas).

Es precisamente el texto de Pacheco uno de los aportes más notables de la muestra. En esas páginas, el curador despliega ideas y sensaciones que exceden la figura de Bony, exponiendo pensamientos oblicuos sesgados por su subjetividad, que dan cuenta de los intersticios, marchas y contramarchas del proceso de creación de una muestra, ésta y cualquier otra. Escrito en un tono autorreferencial y metadiscursivo casi descarnado, atípico en el lenguaje de las grandes exposiciones museísticas e institucionales que aún adscriben a categorías vetustas como la de “objetividad”, el artículo puede ser leído como un hito en el camino de una necesaria apertura y flexibilización de esos antiguos parámetros estilísticos, en el fondo conceptuales, arraigados aún con fuerza en nivel local.

Observando desde el punto de partida que “el propio Bony había enfrentado a la historia del arte, la crítica y la estética en sus campos de batalla”, Pacheco se topa con un material huidizo y hostil; material fotográfico y fílmico, pinturas e instalaciones, aseveraciones y títulos desafiantes, altos momentos líricos, escenas dramatizadas que se adueñan del problema de la violencia convirtiéndola en balazo literal llamado a horadar el mundo de la representación. Desde las primeras experimentaciones conceptuales a su última pieza, post caída de las Torres Gemelas en la que Bony confronta una foto que él mismo sacó en Nueva York y otra del avión estrellándose, donde asigna la autoría de la obra a Bin Laden, pasando por las pinturas hiperrealistas de los setenta e informalistas de los ochenta, la exploración de Bony sobre el plano se funde con su búsqueda escultórica, fotográfica y performática: el espectro de opciones para entrar en su mundo es, indudablemente, amplio.

El ordenamiento cronológico de la producción, al que también contribuye sin dudas Andrea Giunta en su ensayo, revela a un artista ecléctico y a la vez constante en sus intereses, ligados a los grandes temas amados por la filosofía: la muerte, la belleza, el tiempo, la identidad. Sus autorretratos baleados de los últimos años pueden ser leídos, en este sentido, como verdaderas condensaciones de sentido que parecieran buscar respuesta urgente a las preguntas de toda su vida.

Otra de las secciones destacables de este profundo trabajo de redescubrimiento de Oscar Bony es la que lo presenta en su rol de fotógrafo pionero del rock nacional. Contratado para producir las tapas de hoy célebres discos de fines de los sesenta y principios de los setenta, Bony retrató a bandas y solistas del incipiente circuito argentino, aplicando una sensibilidad juguetonamente emparentada con esa otra mirada reconocida y legitimada de su producción artística “oficial”. La inclusión de esos retratos, contextualizados en el catálogo mediante un esclarecedor texto del crítico musical Fernando García, brinda a la selección final otro costado de aproximación posible a la figura de Bony, joven artista durante los años de la rebeldía sesentista, fiel a sus principios durante la madurez. 

EVA GRINSTEIN

Oscar Bony, por Eva Grinstein | artnexus