Miguel Ángel Rojas

Miguel Ángel Rojas. Santa 2, 2006. Impresión digital. Detalle de políptico. 180 x 360 cm (70 4/5 x 141 3/4 pulgadas).

Exposiciónmar 2008 - may 2008· Por Marta Rodríguez

Miguel Ángel Rojas

Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá

Desde hace varios años, la obra de Miguel Ángel Rojas se ha convertido en un verdadero hito en el arte colombiano. Como bien lo dice Santiago Rueda, “No es exagerado afirmar que Miguel Ángel Rojas es hoy en día el artista colombiano más influyente. Irreverente, combativo pero nunca dogmatizado, Rojas ha defendido siempre la diferencia, ya sea ésta sexual, étnica, cultural o política. La negociación entre tendencias dominantes y actitudes vernáculas, entre libertades individuales y fuerzas sociales, entre vida, arte y orden político, constituye a grandes rasgos el campo de acción del artista”.1 La muestra retrospectiva curada por José Roca, afianza esa posición privilegiada y muestra una obra profundamente coherente, fuerte, a la vez realizada con un gran refinamiento, que la hace a la vez muy sutil.

La producción de Miguel Ángel Rojas se inicia en la década del setenta, cuando el dibujo y el grabado se impusieron como los medios privilegiados por una generación de jóvenes que mostraba una nueva actitud artística. Por esta razón, se le ha considerado como un miembro de este grupo, pero José Roca se pregunta a qué generación pertenece realmente este artista que trabaja de forma tan cercana a los artistas de los años 90. Si la generación que surge en los 70, se asimila a los intereses formales y al paradigma pictórico, como lo hace Roca mientras que la de los 90 se asume como una generación ligada a lo experimental, obviamente Rojas estaría más cerca de esta última. Pero lo que pude observar en esta muestra es que el trabajo de Rojas está fuertemente marcado por las expectativas de una generación de dibujantes interesada por una temática vinculada con la ciudad, con los hechos urbanos siempre tan próximos a los sucesos de la vida diaria de sus habitantes. Al abrirse a lo cotidiano el arte entra en contacto con la experiencia subjetiva y con muchos aspectos del mundo, entre ellos la dimensión social; rompe con los límites de lo que se ha denominado “alta cultura” y se abre hacia la “cultura de masas”. Con esta apertura, el paradigma de lo pictórico pierde su “pureza” y se ve “enlodado” por intereses que van más allá de las preocupaciones estrictamente formales. Los temas cobran especial relevancia y en el caso de Miguel Ángel Rojas, en su desarrollo, van requiriendo de nuevas estrategias que rompen con los medios tradicionales.

Exposición: Miguel Ángel Rojas — imagen 1
Miguel Ángel Rojas. David, 2005. Fotografía en blanco y negro. 200 x 100 cm. (78 3/4 x 39 3/4 pulgadas).

La muestra se organizó siguiendo un orden cronológico, teniendo en cuenta dos momentos que señala el curador: uno de carácter subjetivo y otro motivado por intereses de orden más político. En cada uno de ellos, Miguel Ángel Rojas aborda temas difíciles: en el primero el homosexualismo, y en el segundo, la religión, la droga y el narcotráfico. La coherencia y la fuerza de esta muestra se manifiestan en varios aspectos que están íntimamente relacionados: la posición que como sujeto asume Miguel Ángel Rojas ante los temas, el compromiso, yo diría afectivo, que adquiere con ellos y la utilización de los medios y estrategias artísticas.

Como lo mencionaba anteriormente, los artistas de los 70, utilizando medios tradicionales como el dibujo y el grabado, se ocuparon de temas vinculados con la vida en la ciudad. Inquilinatos, prostíbulos; el cine, las imágenes de las revistas y las historietas se convirtieron en el objeto de la mirada, y con ellos se abrieron hacia el contexto sociocultural. Miguel Ángel Rojas trae la ciudad a través del teatro Faenza, y en él se enfrenta a sus inclinaciones sexuales. Es en este teatro, situado en el centro de la ciudad, considerado patrimonio nacional por su arquitectura Deco, y en esos años, un cine rotativo y lugar de encuentros homosexuales, donde halla Miguel Ángel Rojas bajo la titilante luz que emana de la pantalla, un tema para su etapa subjetiva, un punto de arranque fundamental para su obra artística. Con sus grabados, con sus dibujos salpicados de semen, y la serie de fotografías del Faenza, por primera vez en Colombia se habla de un tema tabú, de un tema nunca antes abordado. Miguel Ángel Rojas entra a la ciudad y a la sexualidad desde una condición marginal: “(…) Ya en ese momento sabía que no encajaba en el medio y que no iba a crecer dentro de la normalidad. Por eso me volví artista. Porque su ser mismo es el de ir en contra de lo establecido. Usé el arte como mi fortaleza para encontrarme, para reconocerme y asumir mi orientación sexual. Mi obra ha sido paralela a mi vida y está conectada plenamente con la experiencia, mi experiencia"2. Por esa razón resulta tan profundamente conmovedor el video Golpe en el ojo (2002), donde Miguel Ángel Rojas, con la actitud de un hombre maduro, rescata a través del video las secuencias del teatro Faenza acompañado de un sonido desgarrador que conmueve profundamente. Las imágenes estáticas de los años 70, hoy se convierten en cine, toman nueva vida y movimiento, y en ellas aparecen los personajes, los acercamientos, esa bella arquitectura venida a menos y se magnifica el grano de la fotografía que da origen a la imagen. Y Grano es la primera instalación que realiza Miguel Ángel Rojas en 1981. Se trata de un dibujo realizado in situ en la sala de proyectos del Museo de Arte Moderno de Bogotá, con tierras negras, traídas de Girardot su ciudad natal, en el que recrea de manera hiperrealista el piso de baldosa de su infancia. Esta instalación se asumió como un enorme dibujo hiperrealista y es ante ese gesto, en esa expansión del dibujo, que se proyecta hacia el espacio “real”, cuando pienso que los temas fueron jalonando los nuevos medios, los nuevos procedimientos. Este enorme dibujo fue nuevamente instalado para esta muestra.

Exposición: Miguel Ángel Rojas — imagen 2
Miguel Ángel Rojas. Mirando la flor, 1997-2006. Fotografía en blanco y negro y video. 95 x 396 cm. (37 2/5 x 156 pulgadas). Tríptico de 95 x 132 cm. c/u. (37 2/5 x 52 pulgadas). Pantalla LCD de 21 pulgadas.

En cuanto a los medios utilizados, Miguel Ángel Rojas recurre frecuentemente a la fotografía y la instalación, y en los últimos años, al video. Hay un lenguaje en el que prima el blanco y negro que resulta revelador e impactante, (las pinturas de 1990 fueron excluidas de esta muestra). Ese lenguaje en blanco y negro que aprendió con otros de su generación, se hace explícito desde los primeros grabados, cuando aborda la figura masculina vestida con botas y jeans, en la que Miguel Ángel Rojas encuentra un motivo de deseo y de autorreconocimiento, hasta en David, una serie de fotografías de un hermoso soldado que posa como el David de Miguel Ángel Buonarroti, con su pierna mutilada por una mina “quiebra patas”, estrategia que se utiliza en la guerra que se libra en Colombia. Ese uso del blanco y negro que da el tono de la atmósfera de la exposición, está ligado al lápiz, al carboncillo, y a los valores tonales de la fotografía en blanco y negro. El blanco y negro están presentes desde sus primeros dibujos, en los que recreaba imágenes de las películas de karatekas que se proyectaban en el teatro Faenza. En estos primeros dibujos de gran tamaño, se proyecta un dibujante refinado que siente pasión por su oficio y que una sabia sensibilidad lo utiliza para hablar del mundo que lo rodea y lo afecta. Esos cuerpos enormes están construidos por una masa gris, lentamente elaborada, en ellas se hace evidente el tiempo de la elaboración y la necesidad de plasmar en una imagen algo que está más allá de la mirada, el deseo, el afecto, la extrañeza. Ese exquisito dominio del lenguaje en blanco y negro se hace explícito en la serie de fotografías del Faenza, en las que de forma azarosa, con una cámara oculta, captura los encuentros homosexuales. Unos años más adelante, esa mancha oscura sobre fondo blanco explota en su serie de revelados parciales, donde Miguel Ángel Rojas dibuja con luz y pasa de lo subjetivo a lo objetivo, a otro tema que lo afecta profundamente: la violencia y la droga. “Me encerraba en el cuarto oscuro y le lanzaba al negativo un disparo de luz de linterna, creando un dibujo de luz. Las obras del 80 y 90, como Caloto, aluden a situaciones caóticas, a la violencia en la ciudad, al exterminio de los campesinos, a la violencia de los extraditables y a la droga, en cuya euforia dislocada también estuve inmerso en ese entonces. Así de afectado me sentía”.

Esta afectación, este compromiso, se prolonga hasta sus trabajos más recientes. El tema de la droga y el narcotráfico es duro, como el anterior es difícil, podría caerse en la obviedad pero Miguel Ángel Rojas con ese refinamiento de dibujante adiestrado y apasionado, con una posición clara ante el tema, utiliza puntos diminutos cortados de hojas de coca, y con ellos arma frases, nombra ciudades, Medellín, New York. Con ese acto sencillo de enunciación y con la elección del material preciso, alude a este tráfico de droga que vincula a los productores y consumidores de droga. Con respecto a su posición que como sujeto asume ante el tema escogido, dice Miguel Ángel Rojas: “(…) hay un sentido de justicia en todo mi trabajo. Cuando uno ve las noticias en donde aviones extranjeros vienen a contaminar el campo, las aguas, a enfermar a los niños, es imposible no sentir escalofrío. Por eso Santa, que consta de cuatro fotografías, es una obra que nace de un sentimiento de ira, y lo que llueve allí es veneno”. Esta obra vista a distancia parece un hermoso paisaje, sobre el que se ha escrito con puntos blancos una frase procedente de la novena de Navidad: “Como bienhechor rocío como riego santo”. Al acercarnos, encontramos que los puntos son pequeñas calaveras. Ante esta imagen emerge nuestra condición actual, nuestras creencias, la religión y la cruda realidad. En Gringos juega con el humor. Esta es una gran pieza delicadamente hecha con hojas de coca mordisqueadas por hormigas que los campesinos llaman “gringos” por su gusto a la coca. La muestra incluye dos videos, en uno, de forma documental se muestra un soldado que lava su cara con sus brazos mutilados a causa de una explosión en la zona del Caquetá. El otro, Mirando la flor (1979 – 2007) funciona como un tríptico, en la mitad se ve en video un hombre afectado que habla continuamente, su voz no se oye pero sus gestos, su ropa muestran a un hombre afectado por la droga. A cada lado se ve la imagen fotográfica de este hombre, varios años atrás, mirando la fotografía de una flor. Dos tiempos distintos y entre ellos la droga aparece en el medio.

La religión es el tema de Naturaleza muerta y una nueva versión de Dogma. En la primera juega como en el caso de la coca, con el simbolismo del objeto y los materiales escogidos. Esta obra fue presentada en el 40 Salón Nacional de Artistas, Un lugar en el mundo. En esa ocasión utilizó bocachicos, unos pescados propios del río Magdalena, una especie contaminada. Estos pescados cubiertos en laminilla de oro, cobran un simbolismo religioso al ser puestos en un altar de una iglesia colonial. “Esta sencillísima intervención -comenta Santiago Rueda- obedecía, en palabras del artista, a su deseo de hacer un comentario sobre la inoperancia de la doctrina cristiana en un espacio cargado de historia, en el que se aprecia claramente la imposición de un pensamiento sobre otro: el cristianismo aniquilando la cultura nativa. El pez muerto se convirtió en un símbolo de ese anacronismo. La hojilla de oro simboliza todo ese poder de la iglesia como institución y la muerte de su pensamiento mítico. A la vez es el primer trabajo en que Rojas se refiere a los problemas actuales de seguridad alimentaria. Un pez nativo como el bocachico, sirve de metáfora sobre las condiciones actuales de la vida, la diversidad y los conflictos alrededor de economía y genética.” En esta ocasión se exhibieron fuera de ese contexto y se hacía evidente su estado de descomposición.

Miguel Ángel Rojas, como otros de su generación, se volcó sobre el entorno, como diría Hal Foster, su obra dio un viraje hacia el eje horizontal, hacia el contexto. En ese giro el compromiso con los temas lo ha ido guiando, pero hay una actitud vinculada al eje vertical, a la calidad, a la tradición artística, sobre todo vinculada al dibujo. En toda la muestra se percibe esa formación de dibujante que he estado tratando de señalar. Hay una toma de posesión ante las experiencias subjetivas y las experiencias colectivas, que es propia de esa vertiente artística que asume el arte como un medio de expresión íntima, como un acto de afirmación y salvación. Ese compromiso con su oficio y con sus temas se muestra íntegro en esta muestra, que también incluye su instalación Subjetivo (1982), que se inauguró hace unos días en Alonso Garcés Galería. Esta es una obra poderosa, que tiene sonido y olor, en la que Miguel Ángel mediante trazos realizados con procedimientos gráficos: serigrafía y frottage, trae a la sala de exposición la atmósfera de los baños del Faenza. Con un trabajo hiperrealista pone al espectador ante los baldosines desgastados, las paredes húmedas y el rumor de una cañería, trae consigo un ambiente de soledad y decadencia. Con Subjetivo, Miguel Ángel Rojas lleva la experiencia del Faenza al campo de la instalación, al lenguaje de los años 90 que de forma incipiente y casi imperceptible comienza a gestarse en los 70.

NOTA

1. Santiago Rueda, Arteria, Año 3, diciembre 2007 – mayo 2008, pag. 6

*Imágenes cortesía de Galería Alcuadrado.

MARTA RODRÍGUEZ

Crítica de arte y miembro de AICA. Profesora de la Universidad Nacional de Colombia.

Miguel Ángel Rojas, por Marta Rodríguez | artnexus