Los primeros 10 años con Rubbers es la exposición que celebra la relación de Luis Felipe Noé (Buenos Aires, 1933) con la renombrada galería y presenta una panorámica de sus notables pinturas. En el marco de la misma muestra, presentó Noescritos sobre eso que se llama arte (Ediciones Adriana Hidalgo, Buenos Aires), recopilación de textos de las últimas cuatro décadas, que, al igual que otros libros del artista, discurren entre la teoría y la práctica del arte contemporáneo.
Más activo que nunca, el artista comenzó este año recibiendo la distinción de “Ciudadano ilustre”, reconocimiento de la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires a destacadas personalidades, y presentando una antológica en el Museo de Arte Moderno. Entonces, Noé en línea congregó más de 250 dibujos, instalaciones dibujo en la pared y técnicas mixtas sobre papel, en las que, como en las díez pinturas de la actual muestra de Rubbers, sobresalen su descomunal vitalidad y provocadora desmesura.

Noé pinta ideas. En Marabunta (2007) recrea, una vez más, un saber y una atmósfera de agitación y trabajo fecundo. Cualquiera que conozca la extensa trayectoria de Yuyo Noé (como le dicen sus amigos), y su incansable ritmo de trabajo, que lo lleva a exponer y a exponerse por lo menos cada dos años, tiene derecho a preguntarse si el artista sostiene su capacidad de sorprender. Es que Noé ha realizado más de 80 exposiciones individuales desde 1959, tanto en Argentina como en Estados Unidos y Europa.
Multipremiado y pródigo con su obra y su tiempo, Noé además ha exhibido colectivamente en incontables ocasiones. Bien conocida es, también, su decisiva participación en 1961 en la conformación del grupo de la llamada Nueva Figuración, integrado por el artista Ernesto Deira (1928-1986); Jorge de la Vega (1930-1971), Rómulo Macció (1931), grupo que, entre la abstracción y la figuración, se rebeló contra los prejuicios y abrió las puertas a una pintura más libre. A ese gesto de ruptura, Noé le sumó otros, como el abandono del marco rectangular, su retiro total de la pintura en 1966 y su retorno a ésta en 1975. El reclamo del artista y el ejercicio de libertad dentro y fuera de la obra no cesa. La energía de Noé está puesta en buscar un camino que va de lo ostensible a lo intangible.
Las pinturas de Noé contagian algo que es difícil de precisar. ¿Será un entusiasmo? Ante la reunión de las díez obras exhibidas Guerra interna (1997); Saldos (1998); Racatapatán (2000); Expectativa (2001); El estricto orden de las cosas (2006) es posible confirmar su coherencia y recordar su renovada opción por la pintura. “En un momento en el cual no pocos dentro del mundo del arte hablan de la pintura en tiempo pasado, yo la practico creyendo que lo nuevo que nos revelan los cambios tecnológicos reside ante todo en la concepción y visión del mundo, más allá del medio que se utilice para manifestarlas”, expresaba en 1999. Dan ganas de volver a detenerse y quedarse a mirar estos trabajos que se oponen a lo previsible y al orden que paraliza. En contraste, el caos -que no es el desastre- funciona como un motor de creación que contagia también al espectador.
Noé no es un distraído; además de ocuparse de los problemas de la pintura, elige comprometerse con lo social. Los graves asuntos que recorren la trama rota de una sociedad en permanente estado de exasperación, que expulsa y olvida a millones de personas, también ocupan un sitio central en su trabajo. Su pintura, atravesada por la conciencia de la incertidumbre y el malestar en el mundo actual, vuelve una y otra vez sobre su entorno, como en Cuadro de la intolerancia (1999); ¿Hasta cuándo? (2002); Tiempo de austeridad (2005).
Mosaico de varios fragmentos, cada uno de los nueve cuadros de Acumulación de acontecimientos y situaciones (2003) podría considerarse individualmente. Trabajadas en el reverso del bastidor de tela y enmarcadas por las maderas a la vista, las imágenes aparecen condensando las búsquedas del artista. La mirada del visitante registra algunos rostros y figuras apenas insinuadas, pinceladas que vuelan con dinamismo, líneas y formas sin un sentido evidente y manchas de colores que se superponen. “Hago como si dirigiera una orquesta compuesta por mis pasados. Éste es mi presente, o sea, mi futuro”, dice Noé acerca de sus obras en continuo movimiento, indagando, desafiando.
VICTORIA VERLICHAK
