Exposición Individualmar 2008 - may 2008· Por Carol Damian

José Bedia

Fredric Snitzer Gallery

 José Bedia ha explorado durante mucho tiempo las culturas de sociedades indígenas y tribales a través de sus viajes y su interacción personal con los pueblos y su gente y sus chamanes. También estudia los artefactos significativos para la vida cotidiana y sus rituales y tiene una notable colección de libros y objetos que le sirven de inspiración para sus obras. Este interés comenzó en su juventud, cuando estuvo en Angola como soldado, y con su iniciación en el Palo Monte, una religión llevada a Cuba desde el Congo por esclavos africanos en el siglo XIX. Los creyentes en el Palo Monte se adscriben a una visión cósmica de la existencia humana en la que el hombre y la mujer son uno con la naturaleza, los animales, la tierra y el cielo. Adoran a los espíritus y les suplican su beneficencia con ofrendas preparadas en altares y santuarios e investidas de poderes con acumulamientos mágicos. En las recargadas obras de Bedia, el ritual de llamar a los espíritus se repite constantemente durante el proceso de creación, así como con el uso de simbolismo cósmico africano.

Exposición Individual: José Bedia — imagen 1
José Bedia. Mupala, 2007. Acrílico sobre lienzo. 181,6 x 471 cm. (71 1/2 x 185 1/2 pulgadas).

Las obras para esta exposición se crearon después de dos viajes (2004 y 2006) al noroeste de Zambia, tierra del pueblo chokwe, donde experimentó “de primera mano” el poder del ritual y la energía contenida en los objetos rituales. Bedia explica que esa “forma de experiencia directa es absolutamente vital para lo que hago y siempre he hecho, que va más allá de la inspiración. Está más basada en el conocimiento; impulsada por afinidades y tendencias filosóficas y sincronizaciones percibidas que no serían posibles en una atención superficial o meramente formal al valor estético”. Es un enfoque holístico de la apreciación de los objetos tribales mediante la experiencia, lejos de las exhibiciones en museos, donde estos están totalmente fuera de contexto. Su visita a estos pueblos les infundió un nuevo significado a los objetos que estudió y coleccionó. También tuvo el privilegio de participar con un artista maestro en la pintura de una casa en la aldea Lunda; la contribución de Bedia consistió en pintar una imagen de un león en rojo escarlata, en homenaje a un anciano famoso que había muerto. El hecho de coleccionar un nuevo grupo de objetos, incluidos máscaras, figuras y textiles, creados por la gente (o sus ancestros) con la que estaba interactuando, agregó una nueva capa de autenticidad y trascendencia a sus propias actividades creativas.

Lo que distinguió esta exposición de otras del renombrado artista presentadas anteriormente fue la combinación de los objetos recién coleccionados con grandes pinturas (medios mixtos sobre papel hecho a mano), dispuestos para responder a su extraordinaria energía física y espiritual. El pueblo chokwe utiliza una diversidad de materiales naturales para elaborar máscaras de madera y fibra, textiles, ornamentos de abalorios, figuras ancestrales y fetiches revestidos con el poder de relicarios y otra parafernalia ritual. Cada personaje de su panteón de espíritus tiene un papel específico en la aldea; a menudo, enseñarles a los niños en ceremonias de iniciación e inspirar buenas conductas mediante el buen ejemplo. Bedia captó su energía en las pinturas expuestas, en esmerado arreglo cerca de su colección de objetos, que incluía figuras de tamaño natural vestidas en materiales comerciales, máscaras y figuras.

En Mupala, el agresivo espíritu del antílope estaba representado en pigmento café oscuro con trazos de blanco y azul, como si estuviera en control de la naturaleza y todos los que se comportaran como él debieran ser castigados. Las mismas lecciones contra la agresión aparecían en la espectacular pintura anaranjada dominada por Utenu Kazaye (Angry Utenu), que blandía un arma y llevaba puesta la máscara/el tocado del antílope. Las máscaras, con sus cabezas alargadas, hechas de fibras y madera pintada con fuertes trazos de blanco, estaban colocadas con las pinturas. Bedia reprodujo los diseños de textiles e hileras de ornamentos de abalorios con suma atención, en contraste con la tosca inmediatez empleada para representar las figuras mismas. Cada color y diseño era un comentario sobre el espíritu que habitaba en los objetos. Mientras los niños aprenden los peligros de la conducta destructiva, otros espíritus inspiran mensajes más positivos, que Bedia aborda con humor y una moderna sensibilidad.

La máscara que inspiró Kazwazwa (Butterfly/Airplane) representaba la mariposa neutra con detalles en collage sobre madera pintada y amplias alas que salían de su cabeza. Los misterios de su vuelo se equiparaban con los de un avión, en una llamativa imagen cuyo cuerpo a rayas reproducía los detalles de la máscara que se hallaba cerca. Otras obras pequeñas en medios mixtos sobre papel le rendían homenaje a la profunda tradición africana de figuras ancestrales y fetiches a los que se les ha investido de poder como receptáculos (nkisi) de potentes sustancias e incluso el alma de los muertos, y que a menudo están envueltas en tela, como la de la colección de Bedia. En su dibujo Nkisi Yombe (Power Figure), la figura se erguía protegiendo una imagen más pequeña. Esta combinación era una de las más admirables de la exposición, y las dos obras cumplían su función como contenedores de fuerzas cósmicas más allá de nuestra comprensión, tanto, que a veces daba miedo. Para José Bedia, el mundo está dominado por la idea del espacio sagrado, el viaje entre la realidad terrenal y la espiritual, y la presencia de espíritus y deidades como ancestros, guardianes y protectores (tanto benignos como malévolos), y presidiendo todo esto está el concepto de autoridad espiritual, representado por una enorme figura que se cierne imponente y guía la existencia terrenal.

CAROL DAMIAN

José Bedia, por Carol Damian | artnexus