Exposición Individualmar 2008 - may 2008· Por Freddy Carreño

José Antonio Fernández

Galería 39

Siempre el medio natural ha sido un estímulo poderoso para la búsqueda, el hacer, la invención; de manera constante reta al ser humano, lo induce a superarlo, a doblegar su poderosa presencia, impulsándolo a situarse por encima de su condición de escenario primigenio. De igual manera, este componente vital ha sido incentivo para la creación artística, y es también el artista, el que desde siempre ha aceptado el desafío, pero nunca para someterlo, tampoco para obtener provecho de él. Por el contrario, se ha interesado en descubrir, a través de la reflexión y el estudio, las claves de su estructura sencilla pero de articulación compleja que la naturaleza oculta, pero que no niega, sólo para recrearla, reinventarla, de manera ilusoria en la obra de arte.

Desde la visión contemporánea, el arte se orienta, más que a la búsqueda de la verdad, hacia la reinterpretación de los relatos, la redimensión de los escenarios; le interesa hallar nuevas significaciones a las experiencias del pasado, valorando de manera fundamental el acto comunicativo. En ese ámbito creador se hallan presentes todos los aspectos relacionados con la vida, y de manera fundamental, el medio natural.

Exposición Individual: José Antonio Fernández — imagen 1
José Antonio Fernández. Encendido, 2007. Bronce. Diámetro: 45 x 30 cm. (17 3/4 x 11 3/4 pulgadas).

En el contexto de esa milenaria relación arte-naturaleza, pensada desde la actualidad, se inscribe la exposición Bifurcaciones de José Antonio Fernández, en la Galería 39, Caracas, exhibida del 18 de noviembre al 9 de diciembre. Fernández, quien recientemente se acreditó el Primer Premio de la Bienal Nacional de Escultura Francisco Narváez, plantea, a través de su obra, un acercamiento al escenario marino, mundo recreado, formas construidas a partir de una intensa actividad intelectual, apreciable en los dibujos de la exposición, pero no por ello ajenas al asunto que les da origen, a la materialidad que las soporta. Las obras de Fernández nos sitúan en el espacio de un mundo ilusorio que, paradójicamente, nos lleva al reencuentro, sin ambigüedades, con la dimensión de lo real.

Abre la muestra, por decirlo así, la obra Infinito, una pieza de pequeño formato que integra la visión abstracta con la tensión dinámica de lo orgánico; los pequeños y retorcidos filamentos que la configuran se mantienen unidos, sin que podamos precisar un comienzo o un fin; recuerda vagamente los racimos sin frutos de las palmas datileras. Su estructura frágil y a la vez sutil, suspendida en el espacio, se torna ante la mirada del espectador en un objeto de intensa presencia, y a la vez, en diminuto cosmos percibido desde la dimensión de nuestra propia corporeidad. Se le contraponen, en la relación de escala, las obras de la serie Bifurcaciones; en éstas, la dimensionalidad toma otro carácter, se ha expandido hasta hacerse un hecho dominante en el pequeño espacio que las contiene. Son trozos de líneas, segmentos que se unen en numerosos puntos para multiplicarse, ampliarse a nuevas direccionalidades; es una inmensa red, un tejido que se expande infinitamente, pero del que el artista muestra sólo fragmentos: esbeltas y armónicas siluetas que se recortan contra los muros de la sala.

Estas obras son, por momentos, un ramaje antepuesto a la tupida maraña del bosque; en otros casos, la íngrima presencia del árbol desnudo ante la inmensidad del desierto; pero más propiamente remiten a las gorgonias marinas, enigmáticos seres que perteneciendo al mundo animal tienen aspecto vegetal, y, que como estelas se mantienen firmemente sujetos al suelo, adaptándose constantemente a las cambiantes condiciones de aquel medio. Sin embargo, las obras creadas por Fernández van más allá de estas referencias al mundo sensible, tan lejos como el espectador lo quiera: son formas cargadas de significaciones múltiples.

Otras piezas de la exposición, los Paisajes submarinos, son realizaciones a las que el artista denomina Motivos; en este caso, se trata de construcciones —medias esferas— articuladas a partir de la línea. Una línea ondulante, flexible, que crea arabescos, sinuosidades, extrañas florescencias, laberintos curvilíneos, en fin, todo un repertorio ornamental inspirado en las abigarradas apariencias del fondo del mar. Al contrario de las Bifurcaciones, abiertas, expansivas, los Paisajes submarinos se concentran en sí mismos, volcados sobre su propia formalidad; su expresividad más allá de la diversidad decorativa la modela lo simbólico, lo circular como comienzo y fin.

On y Off son dos piezas sorprendentes dentro del conjunto, más que por su volumetría, por la contundencia de su materialidad, contrapunto inequívoco ante la buscada transparencia de las bifurcaciones. Son objetos semejantes y, de alguna manera, complementarios, aunque contrarios en su definición; a la solidez que emana de Off, a su percepción como elemento que se cierra, se opone el carácter expansivo de On, su poderosa dinámica. Es energía contenida en sus componentes, a punto de desprenderse del núcleo que los retiene, para proyectarse en el espacio.

La exposición de José Antonio Fernández muestra la frescura y el desenfado, dentro del rigor de la realización, características del arte joven, de una vertiente impulsada por la percepción crítica del entorno como espacio vital para la sobrevivencia de los seres humanos.

FREDDY CARREÑO

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