Desde
hace algunos años, el trabajo de Gabriel de la Mora (Colima, México, 1968) ha
llamado la atención por la simultaneidad temática que aborda. Se trata de un
autor que es capaz de transitar por varios caminos al mismo tiempo y, sin que
parezca que una serie es capaz de tocarse con otra, llega el punto de
encuentro, y las partes, como si fuese un gigantesco rompecabezas, se unen
sorpresivamente, haciéndonos testigos de un todo abundante y generoso.
En esta ocasión, Brújula de cuestiones se convierte en una muestra clave para la trayectoria de Gabriel de la Mora. Al entrar en la galería la pieza que nos recibe es Autorretrato a los 39 años, 23.sept.07, la caja de acrílico transparente que contiene el cuerpo del maniquí del propio Gabriel al que, a manera de piñata, golpeó con un palo hasta deformarlo y mutilarlo. No se trata estrictamente de una destrucción. Él mismo ha dicho que el video Gabriel de la Mora vs Gabriel de la Mora es una construcción/deconstrucción de sí mismo el día de su cumpleaños número 39. Con 20’:12” de duración, esta pieza grabada con tres cámaras tiene la peculiaridad de que Gabriel de la Mora invierte exactamente el mismo tiempo golpeando la piñata de sí mismo, de la que salen reconstrucciones del corazón, el hígado, el pulmón y sangre, hechos de cartón, papel y confeti, que recogiendo los despojos y metiéndolos en la caja de acrílico donde han quedado para su exhibición. El video se hizo en una sola toma continua, lo que anulaba la posibilidad de cometer errores.

La muestra continúa, y nos encontramos en la sala contigua el retrato de su padre fallecido. La reconstrucción de la imagen de cuando él tenía 25 años, en 1951, y que nace de un retrato familiar, es cuando se ordenó sacerdote católico y cantó su primera misa. Esta pieza está hecha en su totalidad con el pelo del padre de Gabriel e la Mora, del suyo propio, del de su madre, del de dos hermanas, del de su hermano menor y del de su hermana sin nombre, que nació muerta en 1971 y a la que se exhumó, al igual que al padre, para extraer de ellos el cabello que ahora da forma al rostro de don Gabriel de la Mora.
La siguiente pieza es una de las más impactantes de Brújula de cuestiones. Se trata de una videoinstalación compuesta por la proyección en dos muros, con escenas de ocho marionetas que, de manera simultánea, podemos ver frente a nosotros en constante movimiento real, gracias a un mecanismo que cada una tiene para este fin. Los personajes son la familia directa del artista: el padre (Don Gabriel), la madre (Doña Rosalva), la abuela materna (Justina), la hermana mayor (Yunuén), el propio Gabriel, el hermano menor (Luis), la hermana menor (Rosalva) y, finalmente, la hermana sin nombre, a quien el artista decidió vestir de blanco y no ponerle rostro.
El pelo que las marionetas tienen en las cejas y las pestañas pertenece al miembro de la familia al que representan. El video muestra en dos pantallas sincronizadas escenas improvisadas que describen a la familia en cuatro actos: presentación, padres, hijos y agradecimiento/despedida. Existe una lectura múltiple de la pieza a través de los motores, los hilos y las marionetas, así como de las sombras de los hilos en el video, y el video mismo. El montaje ha sido hecho sobre un piso blanco, por lo que cada marioneta deja la marca de sus zapatos en el piso, un desgaste que provoca a su vez un dibujo, marca o huella negra.
Vale decir que la expresividad de los muñecos es tal, que sus constantes y repetitivos movimientos crean una sensación inquietante. Sus ojos de vidrio tocan inesperadamente la mirada del espectador haciéndolos cómplices de una historia íntima y personal. La muestra continúa en la parte baja de la galería. Ahí vemos el libro autobiográfico que escribió el padre de Gabriel de la Mora: El Manumiso, en el que de manera autobiográfica narra su vida de religioso. Cada palabra, cada renglón, cada página del libro que también se encuentra en exhibición en su edición original, ha sido convertido en una escultura formada por igual número de letras hechas por la conocida sopa de pasta. Así, podemos ver por ejemplo que hay 42,485 letras “A”, 4,919 “B”, 15,278 letras “C”, etc. Cada una, clasificada y separada de las demás letras, tiene su propio espacio en un recipiente de acrílico con subdivisiones en su interior. Durante toda su vida y hasta antes de la muerte de su padre, Gabriel de la Mora había pensado que El manumiso era solamente una novela. En 1993, durante el velorio, se enteró del pasado religioso de su papá quien se había ordenado como sacerdote; por lo tanto, El Manumiso era un libro autobiográfico.
Finalmente, el retrato de familia que Gabriel de la Mora monta en una sala de la Galería OMR integra por primera vez a toda la familia cercana completa, incluidos los dos miembros fallecidos (su hermana, en 1971 y su padre, en 1993). Para que pudieran estar presentes, Gabriel de la Mora debió exhumar los dos cuerpos y hacer una reconstrucción de los cráneos. Posteriormente, se le pidió al resto de la familia sacarse una tomografía, logrando así que cada cráneo sea una réplica exacta a escala 1:1, a través de una impresión tridimensional hecha con sulfato de calcio, cianocrilato, y un acabado en laca. La altura de cada cráneo en el muro corresponde a la altura de cada miembro de la familia, y están colocados de izquierda a derecha por grupos o familias.
Brújula de cuestiones es una exposición clave en la trayectoria de Gabriel de la Mora. Aunque a primera vista parecería que se han conjuntado series inconexas de trabajos realizados a través de los últimos años, en realidad todos confluyen armónicamente, pues en ellos subyacen las grandes interrogantes de la identidad y la reestructuración familiar. Familiares, amigos y personajes retratados con cabellos, que se han convertido en las líneas del dibujo; letras de sopa de pasta que van remedando al texto que las produce, con la secreta esperanza de armar nuevamente un discurso o, al menos y por ahora, poseerlo; escrituras y huellas dactilares que sirven para identificarnos reconstruidas con el pelo de quien firma; la tridimensionalidad de los cráneos/esculturas rehechos, es decir, revividos.
Se trata de introspecciones que inician hace 14 años, el día en que muere su padre y cuando él tiene conocimiento de que había sido sacerdote. "Un secreto no es una mentira sino una verdad oculta", escribió Gabriel de la Mora en una nota sobre esta muestra. Muy probablemente, las directrices de De la Mora en las próximas series que emprenda irán por caminos muy diversos, lo que hará que esta muestra sea una especie de alto en el camino para recapitular una de las trayectorias más enigmáticas y ricas del espectro del arte contemporáneo mexicano.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS
