Como
inicio de una serie de actividades conjuntas entre la Dia Art Foundation y la
Hispanic Society, Dia invitó a Francis Alÿs a instalar su obra conceptual
titulada Fabiola en las galerías de
pinturas del siglo XIX de la Hispanic Society. La muestra, que abrió sus
puertas el 20 de septiembre de 2007 y podrá visitarse hasta el 6 de abril de
2008, presenta al público la colección de Alÿs de más de trescientas imágenes
de santa Fabiola, colgadas casi como si fueran parte de la colección de la
Hispanic Society. Con su abrumadora exposición de copias de íconos, el artista
nos muestra cómo en los mercados de pulgas y ferias callejeras donde encuentra
imágenes de la santa cristiana Fabiola, las pinturas todavía se compran y se
venden por los poderes milagrosos que se les atribuyen. Incomprensiblemente más
valiosas en su multiplicidad, como generaciones de copias inexactas, esta
colección de pinturas presenta una contradicción directa con el mercado de arte,
donde éste se valora por su originalidad.
La perdurable popularidad de los íconos devocionales de Fabiola surgió durante el siglo XIX, cuando un cardenal británico popularizó su historia y los católicos de toda Europa adoptaron a esta santa hasta entonces casi desconocida que era considerada protectora de enfermeras y esposas abusadas. La pintura original de la santa que sirvió como modelo para todas estas copias se perdió.

Mientras uno camina por las galerías, le sorprende la sensación contradictoria de que estas pinturas son a la vez irremediablemente similares e individualmente únicas. A primera vista, instaladas al estilo salón, sobre paredes de caoba de color oscuro, la iconografía y la paleta de las pinturas sorprenden por su uniformidad. La composición y la paleta varían muy poco entre una pintura y otra. Incluso, los pliegues de los ropajes que circundan el rostro de Fabiola y el tono de la tela roja son muy similares, y casi todas las pinturas la muestran con el rostro hacia la misma dirección.
Sin embargo, reconocemos casi de inmediato que esta uniformidad es sólo aparente. Dentro de una estricta fórmula iconográfica que sigue una típica pintura de Fabiola, notamos diferencias que marcan las pinturas como únicas y sugieren la presencia de fabricantes y dueños o la edad y el origen de las pinturas. Muchas están pintadas sobre lienzos rectangulares pretensados, de dimensiones estándar, pequeñas, medianas y grandes, lo que les da una cualidad de pintor dominguero. El óleo y la témpera son los medios preferidos, pero al menos once fueron elaboradas en bordado, lo que quizás signifique que muchas de las pinturas fueron hechas por mujeres. El trabajo artesanal aparece de nuevo en un collage de Fabiola hecho enteramente con legumbres y granos, lo que da a entender que su creación se llevó a cabo en Italia o México, donde estos alimentos están a la mano. No podemos asegurarlo, pero estos indicios refuerzan el valor personal y espiritual que entraña poseer o crear una pintura de Fabiola.
Alÿs también está muy entregado a su colección. En la exposición está disponible una carpeta argollada que contiene información cuidadosamente registrada sobre las dimensiones, la fecha y el lugar en que encontró cada pintura, su condición y el precio que pagó por ella. El acto de coleccionar las Fabiolas ha sido para él un indicador de sus desplazamientos geográficos y su desarrollo como artista.
Es claro que su colección desencadenó sus primeras colaboraciones con pintores de avisos mexicanos a los que Alÿs contrató para que copiaran sus propias pinturas. Pero, en el contexto de la Hispanic Society, un entorno sin duda distinto al de la típica galería de conceptos rígidos, las Fabiolas se relacionan más con la práctica del artista de introducirse en un aspecto existente de una institución. (Por ejemplo, de un modo similar a cuando grabó un circuito interminable de grabaciones para un número 1-800 en el Wadsworth Atheneum de Hartford, o cuando instaló una serie de sus pequeñas pinturas entre la colección permanente del Lousiana Museum de Dinamarca). El desafío de estos proyectos es que siempre ocupan un estatus intermedio dentro de la institución en cuestión. Con su rechazo a definirse claramente, plantean problemas que sólo lo más ambicioso del arte contemporáneo logra plantear: ¿cómo, por ejemplo, puede una colección de arte expresar un deseo de trascendencia espiritual? o, ¿qué nos dicen las colecciones de arte sobre la forma en que el poder y las creencias circulan por el mundo? Dentro del contexto de la Hispanic Society, Alÿs lleva este tipo de preguntas —preguntas tan relevantes para nuestro mundo actual— para hacerlas explícitas en un entorno que añade urgencia histórica a su importancia.
HARPER MONTGOMERY
