El Principio de Incertidumbre de
Heisenberg es relativamente sencillo de comprender: para conocer el estado, la
velocidad y la posición de una partícula, primero hay que iluminarla, pero la
luz afectará a la partícula en cuestión, modificando su velocidad y, por lo
tanto, su posición estructural en el átomo. En otras palabras: si yo quiero
conocer a una mujer que veo en la mesa vecina, debo acercarme y preguntarle
algo, ponerle atención, proseguir de acuerdo a las respuestas; pero mis
preguntas, mi intromisión y mi atención concentrada perturbarán el estado
natural de la mujer cuando no se sentía observada, es decir que no la conoceré
más que en relación con mi persona. Tal vez mi ejemplo peque de inexacto: una
mujer es mucho más inestable que cualquier partícula; para defender mi ejemplo
citaré a Stephen Hawking: “El principio de incertidumbre de Heisenberg es una
propiedad fundamental, ineludible, del mundo”.

Del Principio de Incertidumbre se deduce que la ciencia no es después de todo tan científica, que su objetividad es tambaleante; que no se puede conocer la realidad y, por lo tanto, tampoco predecirla. La realidad es inestable. Una conclusión bastante perturbadora si se considera cuánto creemos que la realidad es todo aquello que es. Bajo el mismo título y premisas del Principio de Incertidumbre se presenta una exposición colectiva, realizada en el marco del Forum Universal de las Culturas y albergada por el Centro de las Artes de Nuevo León. Se buscó reflejar las teorías del caos y los procedimientos llamados interdisciplinarios. Entre los participantes Francis Alÿs y Pablo Rasgado son quienes se suscriben con mayor exactitud a estos preceptos. La pieza de Alÿs es una pintura en tríptico sobre el tema un tanto excéntrico de la jungla, y se compone, además, de una mesa de trabajo donde se pueden ver los bocetos, las acuarelas, los ensayos y los cambios de camino que llevaron finalmente al tríptico. Mostrar el proceso: ¿por qué fascina conocer el proceso de un producto? Porque el camino y la llegada no guardan relaciones formales de sentido. Obsérvese, como lo haría un científico, la conversación entre dos que se aman o que ahora se odian: suelen conversar sobre el cómo se conocieron, sobre cuán inesperado es que hayan llegado adonde ahora están; no importa cuánto se muestre y descomponga el proceso, siempre guardará algo de incertidumbre. La pintura resultante es de poco interés, al lado de los variados momentos que la precedieron. Este despliegue es un gesto amable, como suelen ser los de Francis Alÿs. ¿Quién no ama los bocetos? Su indefinición, la libertad expresiva de su inconclusión. Ensayo y error: es lo que la ciencia y el arte han tenido siempre en común.

Las piezas de Pablo Rasgado son sobresalientes: diez mil vasos que alguna vez estuvieron llenos de agua con tinta, sobre una plataforma iluminada en diferentes intensidades; el agua se fue evaporando y la tinta dejando su marca irregular: las mínimas variaciones en el experimento provocaron diferencias en el registro de la evaporación. Las otras piezas que presenta son la consecuencia de plomo fundido vaciado en agua fría. Los procedimientos realizados por Rasgado tienen toda la mecánica de un experimento científico, prueba y repetición, y los productos, toda la apariencia formal de un escultor experimentando o de un artista tergiversando el signo habitual de objetos cualesquiera. Basta ver estos objetos para imaginar los procesos y lo que éstos pueden significar. Esto no se logra siempre en el arte conceptual: que las piezas no necesiten ser explicadas para disfrutarlas; transmitir que la ciencia y tal vez, por lo tanto, el arte es divertida.

En parte debido a la masiva afluencia del Forum, la exposición ha resultado satisfactoriamente fiel al principio de su título. Muchas de las piezas han ido modificándose: el dibujo en carbón sobre el muro de Magali Lara que alude a lo aleatorio de un sujeto con alzheimer fue manoseado por varios visitantes, expandiendo la línea y generando diseños nuevos, pero que, de hecho, no eran pretendidos por la artista ni pudieron ser evitados por las efectivas fuerzas del orden; el huevo que simboliza la unión entre los amantes en Kiss of the Egg de Gabriel Orozco se rompió varias veces, para el probable infortunio de los amantes (el Centro tuvo la precaución de sustituir el huevo original de mármol por uno de gallina). La exposición fue curada por Fernando Delmar y participan, además de los mencionados, y entre otros más, Nathalie Regard, Pedro Reyes, Manuel Rocha, Marco Arce, Andrea Di Castro, Demián Flores, Adriana Calatayud, Pablo Vargas Lugo, Damián Ortega, Torolab y Ana de la Cueva.
ERICK VÁZQUEZ

