Cristian
Segura (Tandil, provincia de Buenos Aires) en uno de los artistas más
polifacéticos de la joven generación argentina. No sólo se desempeña como
artista audiovisual, sino que es museólogo y ha dirigido el museo de su ciudad
natal. Es, además, curador independiente e investigador. Le interesa toda la
compleja red que va desde el creador hasta el usuario de la obra de arte, en
sus múltiples variantes y posibilidades.

Para la Galería Florencia Loewenthal (Santiago de Chile) preparó una muestra site-specific que ocupó la pequeña sala con una media docena de trabajos en varias técnicas. Atendiendo al hecho de que este espacio fue, hasta hace poco, un local de arriendo de películas, quiso restablecer de alguna manera el vínculo ya generado con el público del barrio Santa Isabel1. Para ello, reunió unos veinte trabajos de videoarte de colegas argentinos, los embaló en cajas manipuladas y los colocó en uno de los muros, en repisas, como si se tratara de un local de venta o arriendo de este material. Y, efectivamente, los videos podían ser arrendados por el público, aunque no exhibidos por la galería, con la excepción de uno, de la autoría del propio Ribera, que muestra su frenética carrera por el museo de Tandil, aprovechando la apertura de algunas salas que se encontraban en proceso de reforma. Desde luego, cuando filmó este video ya había dejado la dirección de la entidad, que en 2001 mereció el premio Museo del Año, entregado por la Asociación Argentina de Críticos de Arte. En otro muro, un video continuo mostraba las habituales advertencias sobre propiedad intelectual que preceden los videos de uso nacional. Tomados de muchas fuentes, en varias lenguas y formatos, todos usan el rojo como vehículo de la advertencia. La intervención tipo afiche pegada en la puerta de vidrio de la galería, en rojo y blanco, hace juego especular con la exposición:
AUDIENCIA
AVISO
CONTENIDO NO EXPLÍCITO
Dos libros de artista están presentes. En uno, editado por la desaparecida Fundación Velox, y relativo a la pintura del Mercosur, el artista realizó una serie de cortes que suprimen imágenes y texto, generando un contenedor vacío. El otro es una caja-maleta, hecha para albergar un antiguo catálogo del museo de Tandil, recortado igualmente y relleno con un dispositivo que reproduce el ruido producido por los visitantes del museo. Su autor lo considera un “museo portátil”. Hay un ácido comentario a la cultura libresca, y un llamado a la vivencia directa del arte no mediatizado. Pero, ¿qué haríamos sin los libros de arte? Estamos muy lejos de su total sustitución por los medios audiovisuales, substitución que, de hecho, podría no ocurrir nunca. Otra obra, aún no terminada, consiste en un alfabeto inventado a partir de la caligrafía de varios artistas argentinos, computarizada y rearmada. Un computador permitía que el público escribiera con esos nuevos tipos.
Aparte de la seriedad y profundidad de sus trabajos, Cristian Segura asume una postura lúdica, igualmente sería, que se convierte en el puente comunicativo con su público. Hay contenidos livianos, joviales, divertidos, en sus muy meditados trabajos. Y ese rasgo lo salva de una excesiva conceptualización, que equivaldría al total aislamiento del público común y corriente. Un video invita a verlo, un computador a disposición de los visitantes, a usarlo. Hay una real interacción con los visitantes, cumpliendo así los objetivos del artista.
NOTA
1. Esta nueva sala de exposición está ubicada en un sector totalmente ajeno a los circuitos de galerías de arte establecidos en la ciudad de Santiago. Sin embargo, muchos artistas connotados tienen sus talleres en esta zona.
MARÍA ELVIRA IRIARTE
