En
cada nueva apuesta expositiva de Beatríz Milhazes, (Rio de Janeiro, 1960) su
repertorio iconográfico, es decir, su “idiolecto”, se complejiza y “se pone a
prueba”, barroquizándose aún más, como en este caso, para su reciente
individual, realizada en la Galería Fortes Vilaça, del 29 de noviembre de 2007
al 25 de enero de 2008, conformada por un conjunto de piezas inéditas, entre
pinturas y collages, de embriagadora
pregnancia cromática, al amparo de un abanico de yuxtaposiciones morfológicas,
neogeométricas, abstractas, figurativas y psicodélicas, que provocan un bigbang sobre los diversos y versátiles
patrones de sus pinturas, las cuales han ido de cambio en cambio, para
permanecer, no obstante, fieles al rico imaginario visual de la artista
carioca. Según Milhazes, cada obra “trae consigo problemas plásticos
singulares, desafíos a resolver”. Por ejemplo, en Night Club (2007), acrílico sobre tela de 191 x 190 cm, el fondo
verticalizado y estriado de la pintura, saturado de ondas serpenteantes, borlas
y círculos serializados, hilvanados entre sí, como cuentas de un collar
infinito, oficia como la superficie ideal sobre la que reverberan, suspendidas,
tres configuraciones concéntricas de un rojo profundo, cretense o pompeyano,
con volutas y arabescos d’après
Matisse. Las mismas exhiben sutiles transparencias y veladuras sobre el fondo,
y al mismo tiempo, entablan un eficaz contrapunto de valores con el sol azul
ultramar del centro y las siluetas recortadas negras, destinadas a plantear un in crescendo de esta compleja
segregación de planos coloridos y ornamentales.

Hace algunos años, en una entrevista con Jonathan Watkins, la pintora afirmaba: “soy una carnavalesca conceptual”. En efecto, ella toma préstamos de la parafernalia de motivos y temas del Carnaval, entendido como una orgía dionisíaca colectiva, en la cual todo sucede al unísono, en un estallido de colores y movimientos, en el preciso instante en el cual se pierde el principio de individuación del sujeto y todos se mezclan con todos. Y uno de esos indicadores pulsantes, que recorre toda su andadura artística, es justamente la problemática del color. El color como sensación, fruición estética, deleite de los sentidos, inscripción afectiva del sujeto pintante, conexión palpitante entre la propia vida y la pintura, en tanto soporte de expresión. Sus palabras resultan esclarecedoras: “Trabajar con el color es siempre difícil y sorprendente. Un pequeño toque de color puede resolver o destruir una pintura. Es como la vida”. Ese equilibrio frágil e inestable, esa pequeña brecha o intervalo, son los que se nota que han mudado de ropajes, en sus actuales obras. Las espirales, las líneas irradiadas, los elementos hiperfigurativos se dan cita en pinturas del tipo de Modinha, con una citación en clave de patchwork del formato o género histórico, positivista y modernista del paisaje.
Mocotó es otra pintura acrílica de 199 x 124 cm. En dicha pieza, se evidencian el uso de la línea negra de contorno, típica del close up, en los arabescos, engarzados unos con otros, que los desprenden y autonomizan de la superficie bidimensional, como un emblema heráldico negro, o pieza barroca de joyería, instaurando el espectro, la nocturnidad de la pintura que atenúa los rojos estridentes del segundo plano y las configuraciones en cuadrículas del fondo. Ese recurso de énfasis espacial fundado en la existencia de un primer plano muy próximo y a través del cual se logra una extensión del espacio plano en dimensión amplificada. En la obra de Milhazes es un factor determinante. Recordemos esta estrategia igualmente utilizada por Fernand Léger y una de sus obras más significativas: La joie de vivre.
En la pieza Love, los colores inducidos cumplen un rol fundamental. La obra se asemeja a un mosaico o una pintura bizantina de oro, pero realizada en pleno tercer milenio. Aquí vuelven a hacer su aparición los mandalas, los targets, los círculos concéntricos, los vórtices, las rosas que se van ampliando desde un eje de rotación. El fondo dorado envuelve toda la composición, proporcionándole una temperatura caliente e ígnea que contrasta con espacios del lienzo desnudo y crudo, sin intervención de la mano de la artista. Esta “marca” del inacabamiento, pulsión por el hiato, espacio de respiro y sosiego, otorga a la pieza una fuerza enigmática poco frecuente.
Los collages de Milhazes, entretanto, se basan en la manipulación de diferentes texturas de papeles, provenientes del embalaje o el packaging de golosinas, dulces, bolsas de tiendas de ropas y envoltorios varios, incluso aprovechando las impresiones gráficas y textuales que traen ellos consigo. El soporte se transforma en una verdadera usina de trabajo experimental, donde se conjugan matices brillantes, rugosos, opacos, colores shocking y apropiación del spot y la gráfica publicitaria. En esta subserie sobresalen los trabajos Moon y Torrone.
Beatríz Milhazes comenzó su productiva carrera a mediados de los años ochenta. Desde hace tiempo, viene desarrollando una vasta e intensa actividad internacional. Por ejemplo, es una de las primeras artistas latinoamericanas que integra la base del coleccionismo corporativo del Deutsche Bank. Sus trabajos integran el acervo de prestigiosas colecciones públicas y privadas, del rango del Museum of Modern Art, de Nueva York (MoMA), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid) y el Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Vale la pena subrayar, son las representaciones que hizo de Brasil, como artista invitada para la 50ª edición de la Biennale Internazionale di Venezia (2003), la 18ª y 24ª edición de la Bienal Internacional de São Paulo, la primera de ellas con curaduría de Paulo Herkenhoff, y la segunda bajo la dirección del alemán Alfons Hug. Recientemente, expuso en la Bienal de Shangai, China, en 2006. En 2008, más precisamente, durante el mes de octubre venidero, será objeto de una importante retrospectiva en la Estación Pinacoteca de São Paulo, con la curaduría general de Ivo Mesquita, y en 2009 realizará una portentosa individual en la Fondation Cartier pour l’art contemporain, en París, Francia.
CLAUDIA LAUDANNO
