Exposición Individualmar 2008 - may 2008· Por Píter Ortega Núñez

Adonis Flores

Galería Habana

 La guerra como pasarela. Lo militar en tanto snob show. Soldados bailando al hula-hula, y el camuflaje, manierista, femenil. Flores en lugar de bombas. Tragedia devenida circo, espectáculo. Todo un glamour que troca la violencia en goce, en delectación. De ahí van las piezas de Adonis Flores exhibidas en su más reciente muestra personal, Carne de cañón (Galería Habana). Adonis Flores se adentra en el universo marcial, para subvertir sus cánones, sus paradigmas, sus principales mecanismos de autosublimación (entre ellos, el falocéntrico). Ante sus obras nos invade un efecto de extrañamiento que le resta toda solemnidad al hecho presenciado. La percepción estética no pasa de ser entonces un divertimento, un hobby deshumanizado, imperturbable. Nada de catarsis frente a la imagen; más bien, estoicismo, impavidez, indiferencia. Nuestra mirada se torna impasible, tal cual ocurre en la visualización de la información guerrerista mass-mediática. Sí, porque las obras de Adonis Flores son eso, un testimonio sígnico que se erige en metáfora de las condicionantes perceptuales del sujeto contemporáneo en relación con su entorno. Incluso, hasta la pieza probablemente más grotesca de todas, Carne de cañón, no deja de ser bella, monstruosamente hermosa, estetizada hasta volver intrascendente su posible dimensión repulsiva. Qué bueno que el arte cubano una vez más me sorprende con otro exponente que le apuesta a la universalidad, a desterrar los localismos, la “neurosis identitaria”, la pelea contra los demonios políticos. Mira que ya es hora de quitarnos el cartelito y globalizarnos definitivamente.

Exposición Individual: Adonis Flores — imagen 1
Adonis Flores. Mascarada, 2006. Impresión digital. 66,6 x 100 cm. (26 1/5 x 39 1/4 pulgadas).

En todas las piezas de la exposición, la postura del artista es irreverente, desacralizadora. Pensemos, por ejemplo, en Aliento, obra en la que se observa un soldado muerto, de cuya boca emerge una vegetación frondosa, de intenso verdor. De manera que el fallecimiento del joven militar implica un renacer casi primaveral; la extinción de la vida humana comporta en este caso un nacimiento otro. Asimismo, en el video Honras fúnebres, el soldado juega morbosamente con la muerte, ajeno a toda preocupación o ansiedad (“El miedo a la muerte que giraba a mi alrededor constantemente, aún a los 18 años, terminó desembocando al paso del tiempo en la burla de su solemnidad”1, confiesa Adonis Flores). El artista nos presenta a la muerte con un desparpajo olímpico, se mofa de ella sarcásticamente. Parece haber arribado a la conclusión de que el temor a aquélla no es más que una construcción cultural, de que la paranoia ante la finitud de nuestra existencia es infundada, baldía. Por otra parte, Lenguaje nos habla del camuflaje o simulacro del diálogo marcial, de la información transmitida desde la oralidad. Y en este sentido, otra pieza sumamente reveladora es Oratoria, que alude a la demagogia y falsedad consustancial a todo discurso proferido desde los núcleos o instancias hegemónicas, al tiempo que nos remite al refrán popular “echar flores por la boca”, proverbio que, tratándose del orden militar, resulta sumamente provocador e incisivo.

En el caso de Maleza, se establece nuevamente una asociación entre lo humano-guerrerista y el reino de lo vegetal inanimado, pero esta vez no desde el individuo sino desde la masa, desde la colectividad que despersonaliza, inválida o profana la voluntad individual. Es así que observamos a una gran multitud uniformada que avanza a rastras al combate, mientras el título nos indica cuán perniciosa puede llegar a ser la tropa. “En la unidad está la fuerza”, pero también lo nocivo, lo dañino e insano, nos recuerda el creador.

Pero, sin dudas, una de las obras más subversivas de la muestra es Mascarada, cuya representación iconográfica consiste en el rostro del soldado cubierto por un maquillaje que le otorga una dimensión de “payaso”, de personaje cuya misión fundamental es el divertimento de otros. Aquí la ironía se dispara hasta límites paroxísticos: el corresponsal bélico es insuflado de un hálito bufonesco, carnavalesco, a la vez que su mirada revela desconsuelo, insatisfacción, hastío con su propio cometido.

La autorreferencialidad es una premisa fundamental para comprender la poética de Adonis Flores. En primer lugar, el artista se toma a sí mismo como modelo para la creación de sus obras. Pero más allá de esto, el hecho de haber participado en la guerra de Angola en 1989 fue un suceso trascendental que marcaría de ahí en adelante su vida como ser humano y su desempeño profesional en el terreno de las artes plásticas. De ahí el porqué de la visualidad seleccionada como base para erigir sus propuestas. El propio Adonis Flores lo ha declarado explícitamente: “Cuestionando la condición humana con temas como la fragilidad, la violencia, la inseguridad, el poder, la irracionalidad y la muerte, las obras se inspiran en mis experiencias en la vida castrense y mi presencia en Angola en 1989 pero, sobre todo, en el actual clima de guerra y terrorismo”2.

NOTAS

1. Conversación con el artista en noviembre de 2007, Ciudad de La Habana.

2. Idem.

PÍTER ORTEGA-NÚÑEZ

Adonis Flores, por Píter Ortega Núñez | artnexus