Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Mercedes Fernández-Gálvez

Rosario D. Pinasco

Museo de la Nación

Una vez más, el trabajo de Rosario Dellepiani de Pinasco gira entorno a este instrumento sonoro. Un arte abstracto y en movimiento, formado por pinturas e instalaciones, en donde las campanas son entendidas en la real dimensión de su simbología religiosa.

A lo largo de la historia, las campanas nos han movido hacia una vida espiritual. En Occidente, el catolicismo tuvo a este elemento como una fuente de comunicación. Las campanas son símbolos de llamada pero también fueron utilizadas en otros aspectos y vivencias de la sociedad en pleno, tanto así que se han materializado desde hace siglos en tamaños que van desde lo monumental hasta muestras portátiles, de valor tanto práctico como artístico.

Exposición Individual: Rosario D. Pinasco — imagen 1
Rosario D. Pinasco. Sin título, 2007. Instalación, globos y base de hierro. Medidas variables, aproximadamente 2,50 x 2 m.

Como antaño, y usando el mismo instrumento, Rosario nos muestra su sello, su esencia, la pasión por sentir el sonido de sus campanas y darles perpetuidad dentro del lienzo. Le ha puesto color a las campanas de su infancia, ha reinventado a través de sus recuerdos los colores de las divinidades, queriendo transmitir, a través de su colección personal —que crece en sus viajes— el dulce llamado de las campanas de su niñez.

“Hablar de las campanas me hace recordar un libro algo antiguo llamado El otoño de la Edad Media (Johan Huizinga, 1929). Este histórico documento relata en sus primeras páginas la importancia que tuvieron las campanas como medio de comunicación en dicho período de la historia. En la Francia de los siglos XIV-XV, las campanas eran tan ricas como elemento comunicativo, que cada sonido, cada lapso entre una campanada y otra, la forma o el ritmo de ellas, tenían un significado muy particular, incluso los católicos llegaron hasta el extremo de hacerlas sonar todo el ‘bendito’ día, con noche incluida”, comenta Rosario Pinasco.

En su continua búsqueda por reinventarse, nunca se da por satisfecha ideas vanguardistas con instalaciones cuya base es de metal y globos rojos, dando por resultado la fuerza hecha movimiento.

Rosario D. Pinasco se vuelca con todo el amor del artista a su obra: ‘’La obsesión por las campanas la tengo de toda la vida. De chica iba mucho a Ica, donde teníamos un fundo en el que la comunicación era por campanas. No había celular y, dependiendo de la persona que querías llamar, variaba el número de campanadas’’, señala Rosario Pinasco, quien ha alcanzado una justa notoriedad gracias a la exposición de sus obras en Nueva York, Washington, Miami, Québec, Santa Cruz y Caracas.

Ahora, la particularidad de esta propuesta está basada en el movimiento que inunda cada pieza, lo que permite que el espectador asista a una comunión personal con cada cuadro, donde lo abstracto se puede convertir, con una pizca de imaginación, en flores o coloridas mujeres, de clara influencia andina.

La propia artista agrega: “El simbolismo de la campana es la voz de Dios, es una comunicación espiritual. Tengo una colección de ellas. Adonde viajo compro siempre una. Por eso empecé a hacer un estudio y encontré por qué me gustaba tanto, y es que el simbolismo de la campana es muy fuerte y se ha usado en casi todas las religiones y rituales”.

Los personajes creados, manejan su propio silencio como un rito personal, logrando así una armonía en conjunto, que va más allá de una muestra pictórica. Éstos se sirven de los objetos representados, sean campanadas o frutos, para personalizarse a través del lienzo, desprendiendo sus voces de la figuración, reafirmando su presencia en el trazo como una danza. Y dando cuenta de una comunicación que transita desde lo íntimo a lo sagrado y lo divino.

Es a través de estos ritos que el desfile de personajes mantiene un discurso sugestivo y callado sobre la abundancia, en la que el fruto es el símbolo sacrosanto y se traduce como la apuesta por un futuro venturoso. Los gestos quietos de cada uno, nos develan sus cuidadosos movimientos y en ellos, los colores, que no sólo se muestran sino que también insinúan una naturaleza en absoluta armonía.

MERCEDES FERNÁNDEZ-GÁLVEZ

Rosario D. Pinasco, por Mercedes Fernández-Gálvez | artnexus