Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Florencia Malbrán

Quisqueya Enríquez

The Bronx Museum of the Arts

Bajo el título The World Outside, el Bronx Museum presentó una exposición panorámica de Quisqueya Henríquez que comprende un abanico de obras que va desde 1991 hasta 2007. Se trata de una selección de fotografías, videos, objetos e instalaciones caracterizadas por una limpieza formal ineludible. Todas las instancias de materialización de la idea que guía a Henríquez en la realización de sus obras parecen ser cuidadas al extremo. Las obras acaban entonces en la precisión, en ellas nada está de más. Ponen de manifiesto, en fin, un extraño tipo de belleza que, aunque es exacta, escapa de cualquier regla.

Pero por toda su severidad, Henríquez no claudica al sentido del humor. Es más, hace gala de una perspicacia especial para crear situaciones de comicidad sutil que ponen al desnudo un mundo que habitualmente no vemos. Las obras de Henríquez se escabullen de los límites de la certeza cotidiana y, con mucha inventiva, subvierten categorías de pensamiento. El video El mundo de afuera (2006) fue tomado con una cámara fija ubicada en el balcón de Henríquez en Santo Domingo. La artista captó durante tres años el movimiento de esa realidad exterior a la de su casa. El video muestra, en una suerte de cadena de progresiones, el avance de motocicletas, barcos o paracaídas, el incansable ir y venir de una mujer que barre o el de un hombre que levanta pesas. La actividad atlética de este señor fue, justamente, el punto de partida de otra obra. Henríquez advirtió que las pesas con las que el hombre ejercitaba a diario eran caseras, fabricadas con macetas de cemento. Ella misma se apropió entonces de esa idea y realizó otras pesas caseras de cemento. Al colocarlas dentro de la sala de exposición, estas pesas pasaron a ser una escultura, que Henríquez tituló, como no podía ser de otra manera, Pesas caseras (2006). Las dos obras, El mundo de afuera y Pesas caseras, marcan el pulso del tiempo que se escurre a la vez que exhalan un fino sentido del humor. Las conexiones en y entre ambas obras señalan también el ritmo de un mundo compuesto de flujos e intercambios que nos obligan a desafiar lo que percibimos como entidades discretas y distintas.

Exposición Individual: Quisqueya Enríquez  — imagen 1
Quisqueya Henríquez. B306, 2006. Impresión blanco y negro. Colección Miami Art Museum.

Aquí la clave del mundo de afuera que nos muestra Henríquez: todo se conecta. Siguiendo a la curadora de la exposición, Amy Rosenblum Martín, la negativa de esta artista a alinearse con el sentido común determina una estética del rizoma. Acorde con la teoría de Deleuze y Guattari, las obras de Henríquez están signadas por una dinámica de fusión entre elementos heterogéneos y por una proliferación de relaciones nuevas. Arriesgaría que este mundo rizomático emerge de una observación punzante de la realidad, de una mirada que deja al descubierto las trampas del pensamiento. Henríquez presiona cualquier definición, y cuestiona especialmente los motes “caribeño” y “latinoamericano”.

La fotografía en blanco y negro B306 (2006) fue tomada a partir de otra fotografía, un famoso retrato de la diseñadora Charlotte Perriand recostada en un sillón Chaise Lounge creado por ella misma, Le Corbusier y Pierre Jeanneret. Ese sillón modernista lleva el nombre de B306. Operando un giro conceptual, Henríquez reemplazó a Perriand y se recostó sobre otro sillón. Luego realizó un autorretrato en el que sólo pueden verse las sombras de la silla y su propio cuerpo en reposo. Con este juego de contornos y réplicas, Henríquez incursiona en el debate sobre el arte en América Latina, y se resiste al embate de la perspectiva derivativa que ve a las vanguardias locales en filiación neta con la modernidad europea. Algo similar ocurre con Helado de agua de mar Caribe (2002). Los espectadores podemos probar ese helado de un color turquesa intenso que recuerda al cielo y al mar de los trópicos. El sabor no es dulce sino salado, con un cierto aroma a coco y, sobre todo, con un dejo de ambigüedad en el paladar. El gusto del helado de Henríquez impide la descripción con adjetivos fáciles, así como lo hace la compleja región del Caribe.

A contramano de cualquier estereotipo, Henríquez promueve con su arte vínculos que nos disparan en direcciones inesperadas. Ella esquiva cualquier reducción y con susƒ evasivas nos abre a un mundo ubicado fuera de los confines del lugar común.

FLORENCIA MALBRAN 

Quisqueya Enríquez, por Florencia Malbrán | artnexus