Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Andrés Isaac Santana

Mario García Torres

Galería Elba Benítez

 Al margen de alguna que otra presencia muy puntual en el panorama expositivo español, se estrena, ahora con una muestra personal en la Galería Elba Benítez, el joven artista mexicano Mario García Torres (Monclova, 1975). Objetos para un rato de ocio, no es sino una exposición estupenda, cuya seña de identidad más relevante es la corrección con la que García Torres consigue articular un mapa discursivo sujeto, de un modo impecable, a la coherencia argumental de los planteamientos de los que parte y el rigor conceptual con el que alcanza a relatar tramas argumentales que aluden a la propia historia del arte. Todo ello a partir de una formalización del lenguaje que apunta a la austeridad como virtud de la obra, en lugar del exceso de recursos narrativos tan al uso en muchos artistas del área. La exposición está compuesta de tres piezas, dos de ellas ya conocidas, y una tercera que dialoga con las anteriores en el afán por presentar una visión conceptual sostenida por la propia naturaleza de las obras.

Exposición Individual: Mario García Torres — imagen 1
Mario García Torres. Una breve historia del legado de Jimmie Jonson, 2006. Video, color, sonido. 6 minutos, 49 segundos en loop.

En tan sólo poco más de cinco años, García Torres ha disfrutado del placer del éxito que supone una carrera meteórica. Su labor intelectual no sólo se circunscribe a la producción de artefactos sugestivos que cuestionan el propio estadio de la inteligencia y de sus relatos, sino que de la misma manera se mueve por los paisajes de la labor académica, el comisariado y el mundo editorial. Su ubicación en el panorama internacional del arte le debe mucho a la participación en eventos y certámenes líderes en el campo del arte y las prácticas contemporáneas. La presencia de su obra en la pasada Bienal de Venecia, seleccionada entre muchas por Storre, el éxito de su muestra en el Stedelijk Museum de Ámsterdam y la obtención del Premio Cartier 2007, presentado estos días en la Feria londinense Frieze, le han garantizado un reconocimiento estrepitoso en el que algunos, de manera infundada quizás, desean advertir cierta inflación de este artista. En España ha participado en un proyecto que estuvo a cargo de la artista Filipa Ramos, Clearly Invisible, en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona, y una de las piezas ahora expuestas se proyectó en el ciclo Una noche en el museo (o lo que vio Betty Boop), del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, MNCARS.

El campo de interés de García Torres, en gran medida, ha estado determinado por su vocación hacia los temas sociales, políticos y culturales. Es ésta una de las razones por las que su propuesta resulta de gran atractivo para un buen sector del pensamiento crítico. En esta oportunidad, y a propósito de esta muestra, Torres ha fatalizado la mirada sobre cuestiones tributarias al arte mismo y a sus hábitos más extendidos, los que por fuerza sientan criterios rabiosamente ortodoxos acerca de lo que es o no una experiencia artística. De hecho, según el artista, las tres piezas que orquestan la muestra sostienen un hilo conductor que las conecta desde la distancia, a favor de una narración que apunta hacia el comentario sociológico de tono crítico e irónico respecto al arte, a la Historia del Arte y a sus mecanismos y paisajes institucionales. El museo, en tanto espacio social de consagración y validación del hecho estético, se convierte en el eje de reflexión sobre el que se articula una crítica dura a los hábitos de recepción y de los esquemas de valorización.

De este modo, el video A Brief History of Jimmie Jonson's Legacy centra el interés en los convencionalismos, los usos y el significado de estas instituciones encargadas de fraguar el gusto estético colectivo sobre la base de unos rituales y protocolos de actuación que Torres disfruta cuestionar con absoluta desfachatez. En ese afán revisionista, al artista se sirve de acciones anteriores de artistas y cineastas como Jean Luc Godard, Bernardo Bertulucci o el mexicano Juan José Gurrola, para interrogarse e interrogarnos acerca de la naturaleza y ontología de la acción artística respecto a otras acciones que, pudiendo serlo, quedan fuera del esquema de consagración.

En una línea parecida, e igualmente irónica, la pieza Abandoned and Forgotten Land Works That Are Not Necessarily Meant To Be Seen As Art pretende convertir el catálogo de pistas de aterrizajes abandonadas a la largo del estado de California, activas durante la Segunda Guerra Mundial, en una especie de dossier colectivo de obras pertenecientes al Land Art, dejando entonces abierta la posibilidad de concebir este recorrido basado en diapositivas que se suceden como una posible colección —del más alto rigor— de obras inscritas dentro de esta corriente artística. Una idea tan simple, pero rabiosamente bien orquestada y conceptualmente robusta, no hace sino aportar una de las mejores piezas de esta muestra y, al mismo tiempo, de la carrera del artista.

La última pieza de esta muestra no es más que un juego de préstamos y apropiaciones tan al uso entre los artistas jóvenes de su generación. Consiste en pedir prestado un título de una obra que forma parte de la colección Thyssen-Bornemisza, con el que da nombre a esta muestra. Así, Torres despliega una acción que tiene como doble escenario al museo y a la galería. Título prestado hace referencia a una obra del Museo Thyssen, justo a través de sus datos de catalogación. De este modo, el bodegón, obra de William M. Harnett (1879) Objetos para un rato de ocio, consigue advertir sobre ciertas recurrencias, repeticiones y hábitus que permanecen casi estáticos a través de la misma historia del arte. Con este juego, Torres traza una metáfora congruente en torno a las relaciones entre pasado y presente. 

ANDRÉS ISAAC SANTANA

Mario García Torres, por Andrés Isaac Santana | artnexus