Cuando,
en 1969, Marie Orensanz (Mar del Plata, Argentina, 1936) es invitada a realizar
una obra en una galería de su ciudad natal, la artista exhibe, a modo de friso,
en todo el perímetro de la sala, unos carteles que dicen: “El pueblo La
Gallareta lucha por su única fuente de trabajo”, junto a una instalación con
bolsas de arena y cemento de la artista Mercedes Esteves. La operación político
conceptual, de transcribir el texto de un volante protestando por el cierre de
unos talleres ferroviarios donde trabajaban sus habitantes, trajo a primer
plano la problemática real de ese pueblo de la Provincia de Santa Fe y alejó a
la artista del minimalismo. Con el país bajo la dictadura militar, iniciada por
el general Juan C. Onganía el año anterior, la muestra fue suspendida al día
siguiente y provocó un extenso período de reflexión en la artista, que se
preguntó por el papel del arte en la sociedad.
Aunque ahora, en la Retrospectiva 1963/2007, son pocos los carteles de La Gallareta en exhibición, se perciben el espíritu contestatario pero reflexivo, el afán de libertad y justicia de la artista, en toda su obra desplegada en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. “Uno de los motivos de mi dedicación y desarrollo en el medio plástico es la lucha contra la injusticia a través de la expresión artística,” sostiene Orensanz.

La artista, que vive y trabaja entre la Argentina y Francia, fue alumna de dos grandes maestros argentinos como Emilio Pettoruti y Antonio Seguí. La muestra incluye dibujos, pinturas, estructuras primarias, acrílicos, fotografías, videos y trabajos en mármol. Recorre la trayectoria de Orensanz desde sus inicios en 1963, desde el minimalismo hasta la actualidad, pasando por obras conceptuales y aquellas pertenecientes al fragmentismo, algunas de gran formato, que comienza a mostrar en Milán en 1975.
Generadora de teoría, la artista definió en un manifiesto al “fragmentismo” como la búsqueda de “la integración de una parte a un todo, transformándose, por sus múltiples lecturas, en un objeto inacabado e ilimitado a través del tiempo y del espacio”. Así, los objetos escultóricos discurren entre el fragmento y el todo. “(…) Somos, a la vez, fragmento de un pasado y de un futuro” sostuvo. La aparición y el innegable atractivo de lo inconcluso es central, también, en los videos y en las acciones en la vía pública registradas en fotos, como Apropiación de una base (1982).
Incompletos son los dibujos, las grafías plasmadas sobre imperfectos pero bellos trozos de mármol de Carrara o con tinta china sobre papel, diferidos son los significados de las películas, quebradas están las frases que expresan un pensamiento. Luego de trabajar con el blanco en pequeños objetos y esculturas, mira al color negro y realiza grandes piezas de material liviano. Son telas endurecidas con acetona, pintadas de negro, que aluden al adentro y al afuera, a la naturaleza y a lo femenino.
En uno de sus videos —con segmentos de su vida— aparece una niña, que es la madre de la mujer de hoy. Las risas grabadas que acompañan a las sonrisas parecen un coro exasperado que reconoce que el viaje en el tiempo, a través del espacio y la memoria, lleva al fin, que ¿es lo mismo que el principio? Esa ambigüedad está presente en la instalación ...nada más que... (2007), hecha con un espejo de 250 x 150 cm y un puente de madera de 90 x 200 x 80 cm.
Con un pensamiento fuerte, Orensanz sigue apostando a las palabras para resignificar objetos de uso cotidiano que, vaciados de su función, encuentran otras definiciones. En su manifiesto Eros 12 (1974), la artista afirma que: “El pensar es un hecho revolucionario”, frase que es el sostén de otra obra a ser emplazada en el Parque de la Memoria de la ciudad de Buenos Aires, junto al Río de la Plata, donde fueron desaparecidos centenares de argentinos víctimas del terrorismo de Estado. La maqueta de Pensar es un hecho revolucionario se exhibe en la retrospectiva, mientras que la pieza se encuentra en proceso de realización. Está compuesta por dos bloques de curten, de seis metros de altura por dos metros de ancho cada uno (total, cuatro metros de ancho) por 50 cm de espesor, enfrentados entre sí, en cuyo interior se encuentra el texto, horadado en los bloques, de manera tal que el espectador tenga que rehacer la frase mentalmente. “Pensar significa dudar, analizar, buscar, proyectar, dialogar, reflexionar... Pensar es considerar al otro… tener presente que cuando uno habla hay otro que escucha. Pensar significa libertad… Pensar es la construcción del futuro”, abunda la artista.
VICTORIA VERLICHAK
