Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Elena Oliveras

Luis Tomasello

Fundación Federico Jorge Klemm

Mientras muchos cinéticos se perdieron en resultados efectistas convirtiendo a sus obras en simples dispositivos (gadgets) decorativos, Luis Tomasello, pese a su bajo perfil, se impuso como referente ineludible de la tendencia que convierte al movimiento y a la transformación en recursos estéticos principales. Su interés por la transformación perceptual lo llevó a mantener una búsqueda coherente en el campo de las variaciones sutiles del color-luz, evitando el canto de sirena del fácil efecto cinético de entretenimiento, de atracción momentánea de la atención.

Nacido en La Plata en 1915, eligió como lugar de residencia la ciudad de París. Allí se instaló definitivamente en 1957. Muy pronto tomó contacto con la galería Dense René, líder del cinetismo en el plano internacional. El reconocimiento a su obra no tardaría en llegar, tanto en Latinoamérica como en Europa. En 1970 se le otorga el Gran Premio de la Bienal de Coltejer (Medellín, Colombia) y unos años antes fue elegido por Frank Popper —profundo conocedor del cinetismo y autor de uno de los primeros trabajos dedicados a ese tema (Naissance de l'art cinétique, París, Gauthier-Villars, 1967)— para sumarse a la gran exposición colectiva Lumière et Mouvement, que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de París, en 1967. Fue esa muestra, de algún modo, la plataforma de lanzamiento internacional de los representantes del cinetismo, tendencia que en la selección de Popper, valga recordar, contó con un altísimo porcentaje de latinoamericanos (30% aproximadamente) y particularmente de argentinos (más del 20%).

Exposición Individual: Luis Tomasello — imagen 1
Luis Tomasello. Atmósfera cromoplástica, 2007. 638 x 87 cm. (251 x 34 1/5 pulgadas).

Lo que se ha observado respecto a una especie de vocación geométrica en el arte argentino podría extenderse al cinetismo. Tal extensión encuentra su fundamento en el hecho de que el cinetismo es una derivación de la abstracción geométrica. La genealogía es explícitamente reconocida por Tomasello cuando afirma: “Mis investigaciones parten del arte concreto, principalmente de Mondrian”, artista al que admira por su trabajo sistemático en la ortogonalidad, por su concentración en el uso de la línea recta y por su apuesta a lo mínimo. No obstante, observa que la lucha obstinada del holandés por hallar la estabilidad de la superficie plana desembocó en su contrario. Es lo que sucede cuando se liberan los colores del “enrejado” negro, como lo vemos en los Woogies-Boogies.

Es así que Tomasello, estudiando a Mondrian, constata un principio de fundamental importancia en el desarrollo de sus búsquedas, una especie de drama del color: su imposibilidad física de permanecer fijo, estable.

 Las obras expuestas en la Fundación Klemm, fechadas en distintas décadas, ponen de manifiesto la dificultad de dar una solución “plana” al color. Despliegan la opción de salir realmente del plano para incluir el movimiento del espectador y la transformación del color-luz, es decir, la cuarta dimensión. Los cubos, cilindros, paralelepípedos, poliedros regulares o irregulares de sus Atmósferas cromoplásticas penetran realmente el espacio, quedando unidos a la superficie plana por medio de sus ángulos o por algunas de sus aristas. Las caras de los cubos de estas Atmósferas, pintadas en muchos casos de blanco, al recibir de modo diferente los rayos de luz, la reflejan con mayor o menor intensidad mostrando distintos valores de grises. En las caras interiores se colocan colores cálidos (rojo, naranja, amarillo) o bien fríos (azules, verdes) que tienen por función reflejar el color sobre la superficie de base. Se trata de un color espacializado, bidimensionalizado, por lo que Tomasello considera que en estas obras es “pintor más que escultor”.

En síntesis, la particularidad cinética de la obra de Tomasello reside en la variación de un elemento exterior (la luz) y en el desplazamiento del espectador, no en el uso de ningún tipo de movimiento real mecánico. Él “peina minuciosamente la cabellera de la luz” para develar “las emociones de la materia”, afirmaba su amigo Julio Cortázar, quien agregó: “Basta que la luz llegue a los nichos, a las colmenas aparentemente frías y austeras, para que un temblor de vida se difunda en el espacio contiguo y lo arrastre a su danza incontenible. Este alquimista no ha buscado congelar la luz en materia preciosa, sino precisamente lo contrario: un objeto sólido e inmóvil se dilata en luz y color, tiembla en el espacio, late con el mismo corazón del que lo está mirando”.

La fortuna crítica de la obra de Tomasello radica en la sabia conjunción de la fe en la racionalidad que no ignora el enigma, resaltado de modo especial en trabajos en los que recurre a las sugerencias del negro. Sus investigaciones tienen también la particularidad de superar los límites del “relieve”, para alcanzar la integración en la arquitectura, proyectándose en el ámbito museístico y estetizando del entorno cotidiano. 

ELENA OLIVERAS

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