La serie de fotografías de la exposición de Liset Castillo titulada Pain Is Universal But So Is Hope presentó los monumentos de la historia mundial, sagrados y seglares, reunidos de manera absurda en un paisaje que luego fue destruido lentamente y registrado en una secuencia de imágenes que desafiaban nuestras nociones de ilusión versus realidad. Cada una de las impresiones sobre aluminio de esta joven artista cubana proyectaba una enorme ventana en una especie de diorama, un mundo de versiones de las maravillas arquitectónicas del mundo antiguo y moderno esculpidas en forma muy exigente, pero hechas de dorados granos de arena.
En la fotografía final de la serie, Pain Is Universal But So Is Hope, Violet, 2007, las edificaciones habían colapsado en una pila de escombros y una altísima grúa surgía imponente sobre el montón de ladrillos, mármol y piedra construidos con arena, contra un cielo de color violeta oscuro. Era una imagen inquietante que, en última instancia, explicaba la fuerza del proyecto de Castillo. (Otra parte de su obra se exhibió en forma simultánea en la exposición de otoño del Museo Brooklyn, Infinite Island: Contemporary Caribbean Art). Aunque sus fotografías registran un mundo de fantasía, ella esculpe con notable destreza, y a medida que uno examinaba visualmente la destrucción de cada uno de estos intrincados retablos que marcaban, por ejemplo, la destrucción del edificio Chrysler o el Panteón, empezaba a interpretar la escena no simplemente como una estratagema ilusionista sino como una visión del colapso de la civilización, un punto en particular apremiante durante esta época de la guerra en Irak.

La primera de la serie de fotografías de 70 x 92 pulgadas era Pain Is Universal But So Is Hope, White, 2007, que con su misterioso cielo blanco ofrecía una visión detallada de un puñado de edificios famosos que parecían acabados de esculpir. El escenario se creó allí, revelando el hecho de que la fotografía retrataba un paisaje de íconos históricos construidos de un material deliberadamente frágil, cuyo resultado era un mundo imaginario y efímero. El Coliseo romano, el Museo Guggenheim, el edificio Empire State, para mencionar unos pocos, colindaban entre ellos, iluminados por el ominoso cielo brillante que parecía presagiar el desastre que se desplegaba en las otras siete imágenes.
En la siguiente fotografía de la serie, Pain Is Universal But So Is Hope, Pink, 2007, un cielo rosáceo bañaba una vista más amplia y más distante que la última, dando prueba de una explosión. El edificio Empire State se inclinaba hacia la derecha en forma peligrosa, descansando sobre enormes planchas de concreto, y el Coliseo estaba casi sepultado bajo montañas de escombros. Milagrosamente, sin embargo, un poderoso ícono aparecía en esta escena de tambaleantes monumentos, elevándose sobre el Coliseo. Con los brazos bien abiertos, una réplica en arena de la escultura de Cristo que se levanta sobre Rio de Janeiro estaba colocada en el montón de tierra (arena, en realidad) sobre las ruinas romanas. En una discordante referencia a la mezcla de historia, cultura y épocas captadas en este retablo, la enorme escritura cursiva de un aviso de Pepsi-Cola se desprendía del montículo que sostenía la figura de Cristo. Dos símbolos distintos pero ampliamente conocidos aparecían en marcada yuxtaposición.
La siguiente visión de la catastrófica destrucción, Pain Is Universal But So Is Hope, Orange, 2007, retrataba un barrido más amplio del escenario mostrado en la imagen anterior pero incorporaba nuevos monumentos, como la Catedral rusa, con sus inconfundibles domos en forma de cúpula, con cruces que sobresalían entre el desorden, un martillo y una hoz junto a éste y el pináculo del edificio Chrysler instalado junto a la figura de Cristo, ahora caída. Esta escena pálida, de color parejo, hecha de arena, presentaba el caos y la devastación en un grado mucho mayor que las fotografías anteriores, y presagiaba el colapso gradual captado en las restantes obras de la serie.
En el fondo, las fotografías de Castillo son miradas muy perturbadoras a un mundo que ha fracasado. El hecho de que construya los monumentos de la historia y los símbolos del poder de una cultura en arena, un material frágil por naturaleza, demuestra lo efímero de cada edificio y la civilización que lo construyó. Además, el que fotografíe este proceso de devastación, haciendo un registro fijo de la destrucción, despierta de inmediato la curiosidad del espectador y, luego, su dolor. Estas grandes visiones fotográficas, tan extraordinarias como parecen, son, en última instancia, poderosas alertas sobre los ciclos de la historia y lo efímero del poder. La esperanza reside, por ejemplo, en la grúa que se levanta de entre las ruinas.
MARY SCHNEIDER ENRIQUEZ
