Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Monica Kupfer

Isabel De Obaldía

Mateo Sariel Galería

Los veinte años desde que la artista panameña Isabel de Obaldía se inició en el campo de la escultura en vidrio no han pasado en vano. Sus piezas recientes son prueba de un cúmulo de conocimientos y un sentido estético que sólo se alcanza con la madurez que otorga la experiencia. Trabajando en un medio donde la fragilidad impera y el margen para accidentes durante la ejecución es considerable, De Obaldía se muestra como una creadora capaz de transformar el vidrio a voluntad. En su más reciente producción hay esculturas que asemejan tallas en piedra o trabajos en metal, piezas contemporáneas que recuerdan hallazgos arqueológicos.

El título, Prehistórica, describe bien la sensación que producen estas obras de De Obaldía: objetos que parecen vestigios de alguna civilización temprana, de gente primitiva que adoraba, pero también temía, la fuerza de la naturaleza. En el conjunto predominan las interpretaciones de hombres y animales representados principalmente por la fisonomía de sus cabezas, con frecuencia coronando formas verticales. Llaman la atención los cocodrilos con sus ojos prominentes y mandíbulas triangulares que en algunos casos parecen mirar al observador de manera un tanto caricaturesca. Sin embargo, una pieza como Daga de cocodrilo termina en su parte inferior como un puñal de un rojo sanguíneo que contradice la sensación inicial de simpatía. En los cuerpos verticales de estas figuras, la artista logra colores espléndidos y un contraste entre la translucidez del vidrio y la calidad áspera de las superficies, que ella talla con diversos diseños.

Exposición Individual: Isabel De Obaldía — imagen 1
Isabel de Obaldía. Cabeza azul, 2006. Vidrio fundido en arena. 42 x 20,3 x 12,7 cm. (16 1/2 x 8 x 5 pulgadas), con base: 77,5 x 25,4 cm. (30,5 x 10) pulgadas de diámetro.

El reino animal también está representado en esculturas de tiburones como Gran martillo, una pieza de un azul dramático con ojos en ambos extremos de la cabeza y múltiples aletas estilizadas. La obra transmite una sensación dinámica pero ambigua pues parece simultáneamente un animal marino y un arma de ataque, como un hacha primitiva. Este doble sentido en las formas se percibe igualmente en Tucán abstracto, de pico azul y cuerpo platinado que, más que un ave, parece un objeto de algún antiguo culto falocéntrico, en los que la yuxtaposición de figuras de animales era común.

En la mayoría de las piezas son notables las superficies rústicas, casi pétreas, que la artista logra a través de la técnica del fundido en arena. Es un proceso laborioso que se inicia creando un modelo en barro o plastilina, con el cual se crea un molde de yeso, que sirve para crear el prototipo en yeso de la escultura. Es con esa pieza que la artista crea un molde en la arena, insertando y retirándola para dejar un espacio vacío que luego se llena con vidrio derretido. Esa pieza pasa entonces a un horno que permite un enfriamiento paulatino, con un riguroso control de temperatura.

La arena del molde deja una impresión notable en la superficie de las esculturas, tanto de animales como de seres humanos. De Obaldía creó una serie de cabezas de hombre en vidrio, que ella expone montadas sobre —o atravesadas a la altura de las sienes por— tubos de cobre o acero inoxidables. Son caras de formas ovaladas sencillas, con narices protuberantes y cavidades oculares en las que la artista incorpora elementos del mundo natural. De la frente de Palmuflaje surgen las ramas de una palmera, y Cabeza de martillo asemeja un cruce entre hombre y tiburón. En cabezas como Prehistórica y Concha marina, De Obaldía se reta en el nivel técnico al incorporar, en la primera, un blanquísimo hueso de animal sobre el vidrio verde y rojo, y en la segunda, marcando la superficie con los patrones que dejan una serie de conchas marinas insertadas en el molde.

De Obaldia trata las caras de los hombres como un lienzo sobre el cual practica una exploración del color pero también de ciertos elementos iconográficos o simbólicos. En muchas ocasiones, hay protuberancias con la forma de lenguas u otras partes corporales. En Nido de serpientes, de una cara en delicados rojos y negros emergen trece cabezas de serpientes como lenguas con ojos que la transforman en una suerte de fetiche.

La impresión de estar frente a ídolos antiguos se magnifica en las columnas de casi dos metros, en las que De Obaldía combina seis o más piezas cilíndricas de vidrio, cada una cubierta por una serie de cabezas o calaveras. Aunque la artista se refiere a ellas como columnas, no cabe duda de que estas obras recuerdan los tótems de las culturas indígenas norteamericanas, representaciones metafóricas de grupos humanos interpretados a través de figuras de animales, columnas a las que se adjudicaban poderes sobrenaturales. Como siempre, en la obra de Isabel De Obaldía sigue rigiendo el binomio del hombre y la naturaleza.

MONICA E. KUPFER

Isabel De Obaldía, por Monica Kupfer | artnexus