En 2008, varios homenajes, entre ellos, el
del Rockefeller Center en Boston —en asocio con la Universidad de Harvard—,
harán reconsiderar desde diferentes lugares la propuesta que estructuró Fernell
Franco (1942-2006) en la fotografía.
Si bien el nombre de Fernell Franco fue conocido como el de uno de los mejores fotógrafos de Colombia y como el de uno de los maestros de los problemas técnicos de la cámara y del laboratorio, a muchos sorprendió, en la primera muestra de significación dedicada al trabajo que el fotógrafo realizó en silencio y paralelamente a su actividad comercial (Fernell Franco, Otro documento, 2004), el que una obra de tanta magnitud expresiva hubiera permanecido encerrada en el taller del artista, casi hasta el final de su vida. Su timidez y su extrema modestia contribuyeron a ello, pero también, la escasa profundidad filosófica y analítica con que en Colombia se ha juzgado el valor artístico e incluso, el aspecto técnico de la fotografía.

Fernell Franco entendió la imagen a través de la fotografía mucho más allá de todas sus posibilidades concretas, en el agente más complejo y abstracto que la genera, que es la luz, razón por la que su propuesta exige un atento y penetrante estudio para ser comprendida. Desde ese lugar, Fernell Franco edificó el sentimiento espectral que recorre toda su propuesta.
Fueron muchas las razones que confluyeron en ese entendimiento que alcanzó Fernell Franco, y que lo posicionan en su país como el primero en ahondar en la fotografía después de lo formal y matérico, aspecto en el que también puede ser uno de los más lúcidos fotógrafos de América Latina.

Entre esas razones que llevaron a Fernell Franco a traspasar la superficialidad de lo fotográfico pueden tener un lugar de relieve el hecho de que este fotógrafo desarrolló su propuesta personal en las horas de la tarde o de la madrugada, después de que terminaba las jornadas laborales en reportería o en publicidad, y también, la circunstancia de haber sido autodidacta y de haber encontrado, por lo mismo, un importante apoyo formativo en la afición que desde niño tuvo por el cine. Esa aproximación de amplio espectro a la magia del cine le dio a Fernell Franco la capacidad de analizar, con sorprendente profundidad crítica, la estructura compositiva y expresiva de la imagen, y de entender que el gran esfuerzo narrativo y expresivo del cine primero, y de la imagen, en general, se sustentaba por entero en la captura de lo que puede decir en instantes el elemento móvil, mutante e inaprehensible por excelencia, que es la luz.
Pero la observación de la luz en el cine, en la misma fotografía y en la penumbra siempre remitió al artista a otros territorios en los que sus profundizaciones ganaron un orden y una personalidad. Fernell Franco nació en el campo, en la población de Versalles, cercana a Cali, a cuyos sectores más empobrecidos llegó junto con su familia, huyendo de la violencia que ha martirizado la vida rural de Colombia después del asesinato de líder popular Jorge Eliécer Gaitán (1948).

En las propias palabras de Fernell Franco, se expresa de la mejor manera lo que ese hecho pudo significar: “En términos visuales, la ciudad para mí significó al comienzo la pérdida de la naturaleza alrededor, la pérdida del horizonte al que me habitué siendo niño, un cambio brusco a lo construido por los hombres o a lo edificado. En mi niñez todo era verde y tenía un gran paisaje que se podía respirar enteramente. Para mí la luz era muy distinta, el sol pleno y la naturaleza estaba siempre presente.
La topografía de Versalles, en donde nací, es lindísima. El pueblo está en la montaña, levantado entre las ondulaciones de la cordillera occidental, de manera que uno siempre está viendo un ritmo amable de pequeñas calles empinadas, que no se sabe a dónde llegan porque cuando alcanzan la cima parece que terminaran en el cielo. Las luces y las sombras juegan extensamente en ese paisaje que uno sabe que es amplísimo aunque siempre lo ve trazado por la montaña.

Por el contrario, una ciudad puede ser algo muy plano en la medida en que siempre hay un impedimento, el espacio se cierra porque normalmente hay algo enfrente que coarta la mirada limpia hacia el vacío y que por lo mismo, interrumpe la relación con la naturaleza, que es algo esencial del ser. En una ciudad hay una gran complejidad de cosas que no permiten desarrollar una vida cotidiana sencilla. Siempre hay una barrera en la que se generan problemas que son indescifrables.
El cambio del campo a la ciudad produce un choque muy fuerte, pero no por eso deja de tener aspectos maravillosos. Una de las grandes diferencias de la ciudad que me atrajo desde el principio fue la aglomeración de luces artificiales. En la noche del campo uno tiene el espectáculo de las estrellas en el cielo, y en contraste, lo que yo vi al llegar a Cali fue que aquí las estrellas estaban en la tierra.

Tengo muy presente mi sorpresa con la cantidad de luces encendidas que había en la ciudad cuando la vi por primera vez. Al llegar, el camión en que nos mudamos pasó por el centro de Cali antes de que nos desembarcara en un barrio popular, lejos de lo más decorado o de lo más bonito. De manera que eso que fue como una visión maravillosa pasó y se quedó atrás, pero mi sentimiento era que habíamos llegado a un lugar mágico. Junto a la Ermita había una ciudad de hierro con unos fuertes chorros de luz que subían al cielo..., de pronto sí puede haber nacido allí el encuentro de la luz con la oscuridad profunda que he buscado con la cámara”.1

Junto a la contradicción luz-sombra en que se dibuja el mundo visual, Fernell Franco desentrañó otras más que expresan de una manera novedosa y única su sentimiento sobre lo natural y lo artificial, sobre lo que significa la emergencia de una ciudad en medio de los procesos de colonización de la modernidad en el Tercer mundo, sobre las formas en que se pertenece a un lugar, y también, sobre el drama humano que avivan las diferencias extremas. La conmovedora presencia de su obra se fundamenta en el hecho de que es su propia experiencia, intensa y difícil, la que se transcribe a través de cuerpos cargados de significado y memoria. Las de Fernell Franco son imágenes que sólo pudo haber descubierto al mundo una sensibilidad artística capaz de enfrentar lo más crudo de la violencia: la convicción poética.
La trayectoria de Fernell Franco en la fotografía comenzó a muy temprana edad en la reportería de guerra, campo al que llegó sin ninguna formación y acosado por la necesidad económica. Inmediatamente, en la práctica aparecieron la pasión por el medio y la necesidad de ofrecer un rostro a observaciones sobre el conflicto y la esencia del ser que exigían ser ordenadas, como el mismo Fernell Franco lo expresó, sin ofender al espectador con el drama que él enfrentaba cada día y que había marcado su vida desde la infancia. Lo hizo con bondad y con la convicción en la continuidad de la vida como única ley permanente, abriendo otros universos en los que de nuevo la contemplación ganara un espacio digno.
NOTA
1. María Iovino, Fernell Franco, Otro documento, pág. 22, 23 y 24, Cali, Colombia, 2004.
MARÍA IOVINO

