El artista y el historiador de arte pueden
describirse como los forjadores de las llaves maestras que abren las
misteriosas cerraduras de nuestros sentidos, para las cuales sólo la naturaleza
tenía originalmente la llave. Son cerraduras complejas2.
Enrique Martínez Celaya es un artista a quien le sientan muy bien estas
complejidades, por cuanto explora continuamente la pintura, la fotografía y la
escultura desde la perspectiva del científico, el filósofo, el poeta y el
intelectual. Uno podría también sentirse tentado a describir su búsqueda de las
respuestas al significado de la vida como la de un existencialista, un filósofo
analítico en busca de la verdad de la
existencia humana por medio de la expresión y la creación artísticas. Su obra está
inspirada por su intelectualismo y su respuesta muy sensible al mundo que le
rodea, en especial, el de la naturaleza y la familia. Estudia con la intensidad
de un pensador alemán para hacer refinadas distinciones en su obra mediante la
teoría crítica que ha dominado como artista y como profesor. Estas serias
búsquedas han dado como resultado el establecimiento de una compañía editora
para crear textos y guías tendientes a ayudar a sus estudiantes a entender las
fuentes primarias de la literatura teórica3. El compromiso compartido entre
la producción de arte y la historia del arte es lo que eleva la obra de
Martínez Celaya por encima de la mera aplicación o fabricación de materiales.

La tranquila intensidad con la que este artista aborda la creación de arte se entiende mejor después de conocer algunos aspectos de su vida. Nacido en Palos, Cuba, en 1964, empezó a estudiar arte con un pintor académico cuando tenía once años. En 1972, su familia salió para España, donde sufrió el extraordinario trauma del exilio, una oscura experiencia que nunca lo abandonaría. Después de otro traslado, esta vez a Puerto Rico, el joven Martínez Celaya pronto demostró su talento precoz como científico y se ganó una beca para estudiar física aplicada e ingeniería eléctrica en la Universidad de Cornell. Después continuó con un trabajo de posgrado en electrónica cuántica en la Universidad de California, en Berkeley, para el cual recibió una beca del Brookhaven National Laboratory. También publicó poesía, construyó un láser y recibió premios del Department of Energy y el National Congress of Science. Él explica su inclinación a la ciencia como un escape del caos del exilio y el desplazamiento, un refugio de orden y precisión en un mundo de confusión. La ciencia lo atrajo porque era una búsqueda constante de la verdad, la misma búsqueda que es tan evidente en su obra como artista. Sin embargo, a lo largo de esos años de investigación científica fue el artista el que finalmente emergió, cuando Martínez Celaya abandonó el programa de doctorado, con el fin de obtener una maestría en bellas artes y seguir su pasión. Después de vivir por muchos años en California, donde enseñó y continuó con su carrera como artista, se trasladó con su familia a Delray Beach, Florida, y ahora disfruta de una tranquila vida de pueblo y una vista del mar. Es imposible analizar su obra sin reconocer la naturaleza dual de este genio (lo que a menudo se menciona como sensibilidades "cerebro derecho/cerebro izquierdo") y los efectos de sus experiencias de vida, desde el pasado hasta el presente.

Martínez Celaya utiliza el proceso de crear arte como un medio para entender estas experiencias y sus efectos en su realidad cotidiana. A menudo, cuando empieza a aplicar sobre la superficie del lienzo capas de pintura, brea, fotografías, dibujos, palabras y otros materiales, no está seguro de que resultará ni cómo evolucionará. Puede trabajar en una pintura durante meses, haciendo cambios, agregando, raspando y recubriendo, a veces destruyendo y volviendo a empezar. Algunas de sus obras más impactantes involucran la aplicación de brea y plumas, materiales con sus propias implicaciones de violencia e historia. La brea es como la sangre, las dos son sustancias viscosas naturales; sin embargo, el artista les da un nuevo significado para que se conviertan en sustancias vitales con visos oscuros. También emplea sangre como un medio con sus propias características exclusivas. Su fe en el medio y el proceso se traduce en lo que él describe como proyectos o ciclos en vez de series.
La publicación de su más reciente libro, Martínez Celaya: obra temprana, ofrece una oportunidad de enfocarse en algunas de sus obras más recientes (2004-2006), dentro del contexto de su carrera (1977-hasta hoy). El libro está dividido en sus Proyectos, que fueron compilados a partir de sus archivos de estudio de fotografías y bocetos, y reproducciones de las obras, y revelan que, para el artista, “la urgencia de ciertos intereses y métodos siempre tuvo su momento. Los proyectos siguen los ritmos de la vida y a menudo trazan mis deficiencias más que mis fortalezas”4. La imaginería visual está organizada en una cronología invertida, y esta decisión encapsula la ética del trabajo de Martínez Celaya, quien explica que “en las cronologías convencionales se adopta una progresión lineal: las actividades tempranas parecen conducir de manera inevitable y casi determinista a actividades subsiguientes o posteriores que tienden a fijar el significado y la importancia del pasado… La organización sugiere algo más. El pasado no está ligado al presente de una manera casual, pero está vivo, activo, y es una fuente de reflexión e interpretación continuas”5.

Esta es una afirmación importante que obliga a una evaluación o discusión de su obra desde una perspectiva conceptual más que lineal. Hay temas que aparecen una y otra vez: el niño, los niños, el mar, árboles, montañas, animales, aves. Sin embargo, en cada proyecto adquieren nuevo significado con una amplia gama de emociones y expresiones estéticas.
El niño que aparece tan a menudo puede verse como el alter ego del artista, una visión de autoexploración que es una presencia monumental como escultura de tamaño natural hecha de pintura, polvo, brea, paja, acero, vidrio y flores en Niño en vitrina, 2004; una reflexión sutil sobre la llegada del niño a su mayoría de edad en Niño elevando los brazos, 2005, y Niño y témpano de hielo, 2005, una imagen en óleo y brea sobre lienzo que representa a un niño que flota sobre el mar de color azul hielo y que está embelesado por completo; es el mismo que en otras obras se ve inquietante. Con frecuencia, el niño aparece solitario, en sombras, en realidad fotográfica, en pinturas, dibujos e instalaciones. ¿Es el rostro aterrador, en bronce cubierto de brea, colocado sobre una mesa de mármol de Leopardo, 2005, que yace allí con un gavial que está siendo devorado por un leopardo?

Es justo esa oscura imaginería la que hizo que el artista se ganara una vez el nombre de “Príncipe de la Oscuridad”6. Su October Cycle, 2000-2002, originado en la filosofía, la poesía y complejas experiencias de vida, fue hecho para que “funcione como icono, una forma estética que invita a la contemplación de lo trascendente por medio de lo inmanente”7. El artista lo describe como “una metáfora extendida que explora la relación entre las estaciones y la transición en la vida humana. Las enormes pinturas están cubiertas de brea emulsionada combinada con óleo y solventes, con el fin de generar una llamativa superficie con colores que van de los negros y cafés a tonos cálidos e intensos de ámbar y rosado. La imaginería de árboles, figuras y nieve que cae surge como notaciones de experiencia, y rastros.”8 Lo que en un principio puede parecer tenue y misterioso, como en Hombre y cielo, 2002, y Árbol en la nieve, 2002, cuando se examina más de cerca revela trazos de blanco y arco iris bajo la superficie que hablan más de esperanza que de oscuridad, y un clima de investigación científica que ha sido transformado en un ritual alquímico. ¿El científico/artista se convierte ahora en el artista/científico? Martínez Celaya es las dos cosas, y siempre lo ha sido; ahora ha sustituido los instrumentos de precisión por los rituales de un chamán. El arte es un acto de transformación, como la ciencia, la poesía, la fotografía y la música; cada una es importante para su estética.

La música se convierte en tema de exploración en uno de sus proyectos más sugestivos: Schneebett (2003-2004) fue inspirado por la muerte de Beethoven y revela la fascinación del artista por el compositor genio. El proyecto implicó un intenso período de investigación y trabajo que concluyó con exposiciones en París, Aspen y, por último, el Schneebett en la Berliner Philharmonie, 2004, y el Museum der bildenden Künste Leipzig en 2006, donde la obra fue colocada sobre una cama de nieve. La instalación del lecho de muerte de Beethoven en la Philharmonic se basó en dibujos de la verdadera cama. Era una cama de bronce congelada cuyas sábanas y almohada fueron hechas de escarcha; estaba colocada contra una enorme pintura de un bosque de abedules cubierto de nieve en el que la línea del horizonte simbolizaba la vista desde la habitación del compositor, y la transición de la vida a la muerte.9 Ramas secas de abedul tomadas del cercano Berline Tiergarten completaban el frío y contemplativo ambiente. El frío nórdico que ha aparecido en otras de sus obras en románticos paisajes montañosos e icebergs flotantes fue incorporado allí. La muerte es invierno.
En Florida no hay invierno, y los últimos años han obligado a cambiar el ambiente y a que una paleta más clara interrumpa las perturbadoras pinturas de brea (que siguen siendo parte de su obra). Dos proyectos: El Atlántico (2004-2005) y Shore: “¿El hoy es el ayer?” (2004-2005)10 son los que primero aparecen en su libro Martínez Celaya: obra temprana, de acuerdo con su cronología invertida, y pueden verse no sólo como una nueva dirección para el futuro sino como un resumen del pasado. Shore fue inspirada por una pregunta que le hizo su hija de tres años y por la transitoriedad de la experiencia, encarnada en un árbol de alcanfor que vio un día mientras montaba en bicicleta por la playa. El proyecto, un comentario visual sobre la ilusión de la permanencia, es descrito por el artista como “un ambiente de obras en el que los niños y el paisaje expresan preocupaciones sobre identidad, desplazamiento y mortalidad”. Sus hijos cumplen un papel significativo en su vida y su obra. Sin embargo, nunca son las trivialidades de la invención artística o del orgullo paternal sino participantes importantes de su creatividad. En Shore, la obra es todavía mínima, con la discreta intensidad que marca su estética de la ausencia. Las figuras emergen más allá de una presencia fantasmagórica para convertirse en fantasmas reales (¿los fantasmas son reales?) e integrarse a nuevos ambientes de naturaleza con arena y mar. Niño en puesta de sol, 2005, es un enorme díptico con un espejo. Un niño, con los brazos estirados, está de pie contra un fondo oscuro creado con óleo y brea; el brillo de una puesta de sol forma una aureola. Está a punto de volar, como un rostro mítico que supervisa su territorio. El espejo perturba el espacio introduciendo a la fuerza la imagen en el ambiente normal de un estudio o galería para romper el ensueño.

En El Atlántico, 2005, el artista revela su relación con el paisaje tropical de Florida, su cielo y mar azules y exóticos árboles que crecen con fuerza en el cálido y húmedo ambiente. Describe los olores como “una compleja mezcla sureña de muerte y melancolía a la que algunos por aquí llaman entusiasmo”. La perturbadora presencia de un pequeño niño aparece a menudo en su proyecto. En Niño contra el horizonte, 2005, un dibujo de tamaño natural hecho en tinta sobre lienzo, la realidad fotográfica de la figura sirve de contrapunto al pintoresco segundo plano del mar. El niño aparece de nuevo en The Water, 2005, una excelente abstracción de mar y forma. Las yuxtaposiciones de tiempo y espacio y medios distintos aportan una percepción diferente de las ideas que el artista utiliza para crear la totalidad del concepto.
Un enorme díptico, Sin título, 2006, comisionado para la exposición La pieza faltante: los artistas toman en consideración al Dalai Lama, próxima a inaugurarse, domina su estudio en los últimos meses. Un espejo del mismo tamaño de la enorme pintura que está a su lado refleja al espectador y su espacio a la vez que sirve de elemento de dislocación que destruye la pared y el espacio mismo. La imagen de una tormenta se funde en una sensación de aislamiento en la que el rayo es la metáfora de la conciencia. La obra está manchada de sangre, para expresar temporalidad; sin embargo, a medida que la naturaleza muestra su poder, se manifiesta un efecto que, aunque parezca extraño, es sublime y tranquilizante. No es una imagen violenta sino un oasis de calma y paz en medio del drama de la naturaleza, como lo es el Santo Varón.

Al mismo tiempo que se estaba preparando para exposiciones y residencias en Europa, Japón y Estados Unidos, Martínez Celaya se embarcó en otro proyecto basado en la obra del poeta ruso Osip Mandelshtam y destinado a la Galería Sara Meltzer, de Nueva York (mayo-junio de 2007). El título de la exposición, Awaiting a second plan, revela en forma simultánea fracaso y esperanza, y es ésta la que sigue interesándole al artista a medida que explora lo filosófico y lo poético mediante la memorización de la esposa de Mandelshtam como metáfora de soledad en The two worlds, 2006.
Las obras de Enrique Martínez Celaya siguen los ritmos de la vida como referencias sensuales a las ilusiones de lo real y lo imaginario inspiradas por los ciclos de la naturaleza; ellas proclaman el derecho del arte a elevarse e invadir el territorio del intelecto y lo científico con una literalidad material que fluctúa entre lo luminoso y efímero y las profundidades de lo oscuro11.
NOTAS
1. Aristóteles, Politics, 1340A, en E.H. Gombrich, Art and Illusion (Princeton University: Bollingen, 1956) 359.
2. E.H. Gombrich, Op cit, p 359.
3. Enrique Martínez Celaya, Guide (Los Ángeles, CA: Whale and Star, 2002), y Sketches of Landscapes (Readings on the Philosophy of Art) (Los Ángeles, CA: Whale and Star, 2002). Whale and Star Press es la compañía editora del artista.
4. Enrique Martínez Celaya, en Martinez Celaya: Early Work (Delray Beach, FL: Whale and Star, 2006) 11.
5. Daniel A. Siedell, en Martínez Celaya: Early Work, p. 5.
6. Elisa Turner, “The Prince of Darkness” Miami Herald, 7 de marzo de 2004, 3M, 5M.
7. Daniel A. Siedell, Enrique Martínez Celaya: The October Cycle, 2000-2002. Catálogo para exposición en la Sheldon Memorial Art Gallery and Sculpture Garden, University of Nebraska-Lincoln, 2003, p.21. La exposición, curada por Daniel A. Siedell, viajó al Museum of Art, Fort Lauderdale, en 2004.
8. Siedell, comentarios del artista, p.82.
9. Schneebett: An Installation in the Green Room en la Berliner Philharmonic, Berlín, 2004-2005. Comentarios del artista, New Work, p. 104.
10. Shore: “Is today yesterday?” fue exhibida como Part I y Part II en Berlín y Santa Mónica, California, 2005.
11. Le agradezco a Enrique Martínez Celaya la oportunidad que me dio de entrevistarlo en su estudio para este artículo y ver con anticipación su nuevo libro y la obra que está desarrollando.
CAROL DAMIAN
Profesora de historia del arte. School of Art and Art History. Florida International University.

