Encuentro de Arte en Montevideo ERA 2007

Monica Bonvincini. Satisfáceme, 2007. Instalación para sitio específico en el espacio urbano. Dimensiones variables.

Colectivadic 2007 - feb 2008· Por Claudia Laudanno

Encuentro de Arte en Montevideo ERA 2007

Más allá del límite de los sentidos, el análisis crítico sobre las condiciones de existencia de las obras de arte

¿Hasta qué punto el arte contemporáneo no sólo interesa per se, sino por aquella capacidad subterránea e intuitiva de captación de lo que acontece al sujeto actual, incluso en ámbitos no estrictamente estéticos, en la medida en que es capaz de sintetizar las complejas situaciones globales y profundizar en las mismas, desde la periferia?

El Encuentro Regional de Arte (ERA, 2007), llevado recientemente a cabo, en Montevideo, bajo la iniciativa y concepción general de Gabriel Peluffo, director del Museo Juan Manuel Blanes, da cuenta de cómo estas problemáticas pueden llegar a presentarse en un ambicioso proyecto, bajo un renovado espesor conceptual, historiográfico y crítico. Es interesante aquí rescatar que el intencional abandonó a toda referencia unilateral a un centro vuelve a movilizar interrogantes y ser la causa de un vértigo intelectual y estético, muy típico de este recién nacido Tercer Milenio. Sabido es que las múltiples manifestaciones artísticas actuales son incapaces de producir ese “orden” de la modernidad, que pueda sobrepasar la variedad de conocimientos parciales, pudiendo recubrir certezas. Nuestra cultura ya no puede medir más el mundo. Vivimos y experimentamos una deslocalización esencial, justamente porque hemos verificado el fracaso del juego de las analogías y semejanzas. Por tal motivo, entrelazamientos sin mediaciones y de corte horizontales” a los que se refiere Peluffo, tuvieron cabida por doquier con una programación de muestras, debates y mesas redondas que se desarrollaron, simultáneamente, en el Museo Blanes, el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, el Centro Cultural de España, el Cabildo de Montevideo, el Centro Municipal de Exposiciones, el Museo de Arte precolombino, la Galería Market Upmarket, el local Zabala y el espacio urbano de la ciudad, respectivamente.

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Mona Hatoum. Toda puerta, una pared, 2003. Tinta sobre tela. Colección Alexander & Bonin Gallery, Nueva York.

El centro es, desde ahora, un no-lugar mutante, cambiante, que va migrando por toda Montevideo. De tal suerte, las relaciones que establecen los artistas con las obras son relaciones precarias, transicionales, en el límite de ese vacío, de ese fondo sin fondo, desequilibrio, de disrupción. Al carecer de esa verticalidad utópica, adolecemos de referencias fijas, porque la verticalidad metafórica se ha desvanecido también. El sujeto que visita las diversas exposiciones de ERA 2007, se sitúa, al mismo tiempo, dentro y fuera.

Formalizar ese rechazo y aplazamiento de la centralidad se acomoda mucho mejor a la idea de un nomadismo, que es la quintaesencia de este megaevento, pues impone ese movimiento “horizontal” que recalaba Peluffo Linares, es decir, el del vagabundeo y errabundeo mental, en imágenes que son concreciones de esa inquietud ambulatoria.

Ejemplo de este interjuego provisional con una geografía firme, pero al mismo tiempo de fronteras lábiles, descuella la exposición Imágenes Sitiadas, curada por el argentino, Roberto Amigo, con un análisis exhaustivo del destino de ese imaginario visual que arranca desde 1830 hasta 1870, proponiendo una mirada museológica y un guión curatorial contemporáneo, para incidir en la traditio visual y política rioplatense, desde su propia autoproblematización. Un abultado repertorio iconográfico de obras, entre pinturas, grabados, impresos, dibujos, fotografía documental y textiles, ponen en estrecha relación nociones tan cargadas y, a la vez, vaciadas de contenido como “tránsito”, frontera”, “violencia” y “sociabilidad”, para reformular las “trazas” de la escena regionalista decimonónica, que se abre al mundo como doble estrategia de ida y vuelta, de desbaratamiento, si se prefiere, y “reescritura” de la otrora intocable historia oficial de cada país. Se destaca el apartado testimonial consagrado a la guerra de la Triple Alianza, exhibido en el Museo Nacional de Artes Visuales, con ampliaciones que se realizaron a partir de la colección de fotos positivistas del acervo de la Biblioteca Nacional. En este punto vale acotar que, aun en el siglo XIX, es impensable la práctica del arte sin esa infiltración de la condición fotográfica como memento mori y “medio del instante fugaz”.

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Santiago Sierra. Sin título, 2007. Instalación objetual, cuya banda sonora reproduce al unísono los himnos nacionales de Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile.

Por otro lado, igualmente resulta acertada la selección de la serie de pinturas, para rescatar la idea de original y de “aura”, para mostrar sin tapujos sus convenciones, las trampas de los estilos, las tentaciones descriptivas, los contenidos subyacentes y aquella parte que compete a la delectación estética y emocional, cuestionando la universalidad de ciertos códigos pictóricos en boga durante aquel período de formación de nuestras identidades nacionales, en tanto países aluvionales y de fuerte inmigración. Aquí, Amigo, como curador e historiador, coloca sobre el tapete una simultaneidad de tácticas opuestas, de cruce de lenguajes entre el pasado y el presente, en las que siempre procuró superponer el estudio de la función representativa en esos cuerpos de obras testimoniales al carácter autorreflexivo, que es la mitad postutópica de nuestros propios saberes.

En la megaexpo, La cuadratura del cono (Border Jam), que tuvo como curador invitado a Gerardo Mosquera continúa con su work in progress a gran escala de trabajo en equipo con diferentes curadores, teóricos y críticos locales de América Latina. De más reciente data, su proyecto Transpacífico. Un Encuentro en Santiago, del 17 de mayo al 22 de julio de 2007, en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, para el cual Mosquera partió de la idea de realizar una primera cita entre artistas del Pacífico asiático y de Chile.

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Luis Camnitzer. Sin título, 2007. Dibujo para sitio específico sobre la pared. Dimensiones variables.

El punto nodal sigue siendo aquí, en Montevideo, ese planteo de “encuentro”, que reconfigura las nociones de indagación, ampliación de moradas, intereses comunes y respeto por las diferencias. Para el curador cubano, el término “encuentro” tiene un valor gnoseológico, de conocimiento, pero también de “aventura, de duda, de espejo poliédrico y de detonador de futuro”, para nuevas propuestas y proyectos. Los artistas seleccionados fueron: José Damasceno y Cildo Meireles (Brasil), Miguel Ángel Ríos y Amalia Pica (Argentina), Luis Camnitzer, Ricardo Lanzarini y Pablo Uribe (Uruguay), Santiago Sierra y Teresa Margolles (México), Mónica Bonvicini (Italia), Mona Hatoum (Líbano), Lucía Egaña y Claudio Correa (Chile), Osvaldo Salerno y Claudia Casarino (Paraguay), Shilpa Gupta (India), Fernando Sánchez Castillo y Cristina Lucas (España), junto a Vibeke Tandberg (Noruega). Tan es así que decidió realizar una serie de “intromisiones” de obras contemporáneas, en el espacio de la muestra curada por Amigo, a la vez que invitó a éste a realizar la misma operación de desterritorialización, pues se trata de un diálogo fluido entre diferentes tiempos, horizontes de recepción, cadenas de significantes y significados. Al ser una muestra ramificante y laberíntica que asume para sí la diseminación, La cuadratura del cono, se desplaza desde el Museo Nacional de Artes Visuales hasta el Centro Cultural de España, y de éste, al Museo Municipal Juan Manuel Blanes y al Cabildo. No posee, por lo tanto, un punto de apoyo fijo: su vocación son el nomadismo y el exilio, como si se tratase de una road movie.

El Archivo vivo del brasileño José Damasceno es un enorme site specific object, realizado en cartón, con superficies caladas y exhibiendo ese “grado cero de los materiales”, con un planteo escultórico muy post-povera. Esta obra genera un sutil vértigo, una delicada convulsión, en relación con el espacio visual y táctil que lo circunda, aludiendo, en sus límites, a la necesidad de extrañeza, de unheimlich que exige la sensibilidad de sus recientes obras, realizadas con estos utilitarios. El Archivo vivo es un “cuerpo vivo” que parece hablar por sí solo de tantas microhistorias que resultaron fuertemente destructivas y degradantes para las historias de los países conosureños.

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Jose Damasceno. Organigrama, 2007. Escultura en cartón. Dimensiones variables.

Otra obra de Damasceno, Organigrama, es una ritmada espiral y pliegue que se repliega ad infinitum, en un site specific, especialmente realizado para esta ocasión. Sus alusiones irónicas y silenciosas aparecen como residuos no absorbidos por el cálculo o la razón. En el umbral de lo evanescente, nos advierte que puede disolverse ante nuestra mirada embriagada en su ligereza y sofisticación de medios expresivos mezcla de rigor y sensualidad.

Miguel Ángel Ríos, con su pieza de videoarte A morir (2003), nos propone, desde el movimiento y la acumulación, el frenesí de una mirada que prescinde de modelos, conscientemente huérfana y defectiva, en sincronía absoluta con la tensión del inacabamiento y el sin fin.

Luis Camnitzer realiza una sustancial instalación, que Mosquera “recoloca” en el ámbito expositivo de Imágenes sitiadas, curado por Amigo. Pero también incide a través del dibujo mural a gran escala y directamente sobre la pared con una estructura arborescente, que redobla, a modo de tautología significante, el espíritu rizomático de La cuadratura del cono, en una suerte de ombú gigantesco que se expande por la pared blanca del recinto que lo alberga. En esta obra, el dibujo es una filigrana abundante y es indisociable de la idea de ausencia, ese componente de vacío y gratuidad que encierra siempre el gesto de la grafía.

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Miguel Ángel Rios. A morir, 2003. Video de 4 minutos, 45 segundos.

En Sin título, el objeto monádico de Santiago Sierra, bajo la forma de una estructura colosal postminimalista negra, emite una banda sonora incomprensible, completamente babélica, en la que se mixturan los himnos nacionales de Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile, para producir un ruido muy cercano al random noise de John Cage, pues cada solemne canto se convierte en un soliloquio reiterativo. Esta obra enigmática de Sierra plantea el ritual inflexible de lo obsesivo.

Mona Hatoum, en Every Door a Wall, 2003, propone una forma “otra” de tangilibilidad, asociada a la visión y al recorrido físico, que nos permite transitar y transponer barreras. Las telas de estas leves cortinas se encuentran impresas por noticias de tensiones, muertes, conflictos de toda laya, es decir, límites que se fusionan pero que también se separan entre sí. La italiana Mónica Bonvicini, en Satisfy Me, 2007, manipula el spot publicitario y la leyenda en neón, superponiendo el mensaje de un cuerpo femenino deseante sobre una fachada histórica de la ciudad de Montevideo, cuya puerta, a su vez, fue tapiada o “cegada” por el artista Pablo Conde. El material sin el lenguaje perdería aquí su significado intrínseco y contextual. Bonvicini trabaja con el lenguaje como imagen visual del arte y sus títulos, a menudo, son imperativos.

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Teresa Margolles. Herida, 2007. Intervención y performance urbano para sitio específico, de carácter socio-político. Dimensiones variables.

El gesto irreverente de Ricardo Lanzarini, con su instalación La pescadería del Sur, 2007, acomete contra el dibujo del célebre pez de Joaquín Torres García, padre del Universalismo Constructivo, ícono y fetiche, como lo requería toda condición de obra vanguardista y tiranizada por la novedad en su tiempo. Pero Lanzarini, que no es rupturista ni moderno, se apropia de esa “imago”, la convierte en objeto instalatorio y la presenta ubicuamente, como un gran juguete irónico, kitsch y mordaz, en un environment, con cortinas de plástico transparente, como si ingresáramos a una pescadería de la costa.

En tanto, la mexicana Teresa Margolles, con Herida, 2007, exhibe el proceso in situ de una obra situacionista, que es una mezcla de performance e intervención en el espacio urbano. Su Herida es una estrecha y larga raja, que va cavando como una zanja en la tierra y donde luego coloca objetos usados por detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. En esta obra, las fronteras de lo abyecto y lo siniestro se tornan borrosas y lúgubres, pues, en realidad, el trabajo de Margolles se asume desde el abismo del silencio y la mirada retrospectiva, hacia los años de plomo que dominaron el Cono Sur, durante las décadas del sesenta y del setenta.

El uruguayo Pablo Uribe, en Dos coronas, 2007, desterritorializa dos esculturas de bulto, conmemorativas, bien antropomórficas, de Juan Manuel y Nicanor Blanes, para redituarlas, ya descontextualizadas de su lugar de origen, en lo alto de la fachada del Museo Blanes.

La artista india Shilpa Gupta, además de presentar su Bandera, 2007, de color rojo, que contiene un poema de amor autorreferencial, bordado con cintas amarillas, imbricando el espacio de lo privado en el símbolo de un estandarte, por su parte, también adopta el modelo situacionista e intervencionista callejero, precintando diversos edificios, con el eslogan “aquí no hay límite”.

CLAUDIA LAUDANNO

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