Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Richard Leslie

Emilio Pérez

Galerie Lelong & Co.

Las palabras parecen poco convincentes, a veces desesperadas, frente al impacto de los orquestados remolinos visuales de Emilio Pérez. Sus turbulentas figuras biomorfas son el resultado de una especie de síncopa entre las pinturas de techo barrocas y enloquecidos animés: Peter Paul Rubens se une a los hermanos Wachowski. Llámenme anticuado, pero me encanta cuando lo visual vence las palabras, desafiando a las reseñas de arte a ir más allá de la posición adjunta de mera descripción. Y hay mucho que describir.

Las formas abstractas y las dinámicas de varios niveles provienen de muchas fuentes, con su proceso como quid. Paneles de madera son pintados en acrílico negro y luego cubiertos de coloridas pinceladas de pintura de látex que van en múltiples direcciones. Después, el artista hace meticulosos recortes sobre la capa de látex, no sólo para dejar al descubierto la pintura acrílica que está debajo sino para diseñar su uso. La destreza respalda el derecho de Pérez a reivindicar la influencia del grabado en madera, a medida que los nítidos bordes negros lineales que rodean cada trazo de coloreado látex transforman el expresionismo personal inherente al gestualismo abstracto en el terreno más distante del gráfico. El arte pop, en particular Lichtenstein, puede haber sido una influencia, pero Pérez transmite de manera simultánea la contradicción de un cambio tranquilo y una acalorada presencia en un terreno diferente.

Exposición Individual: Emilio Pérez — imagen 1
Emilio Pérez. El tiempo de su propiedad, 2007. Acrílico y látex sobre panel de madera. 213,4 x 182,9 cm. (84 x 72 pulgadas).

La orquestación viene de diversas formas. A veces el negro impone la dirección que deben seguir las pinceladas aplicadas en capas, y otras veces sirve como contrapunto. El artista establece contrastes con rigurosos negros y blancos en los bordes y los traslada hacia las monótonas composiciones de colores, para darles a los paneles pintados la sensación de una instantánea de una realidad coexistente, una especie de averno que se sale del campo visual, aunque constantemente articulado. El látex de colores es agrupado en secciones de anchura variable, con el fin de alterar las proporciones de formas energéticas que surgen y crear vórtices de espacio ilusorio similares a un tornado.

Su proceso también fusiona conceptos de figura-aspecto y problematiza relaciones tradicionales entre abstracción y figuración, línea y pintura, forma y figura, lo óptico y la profundidad. Pero, ¿qué significa? ¿Quizás qué no es el asunto? Con frecuencia, los títulos hacen referencia al tiempo: all we have is now y the time of your own, y utilizan verbos de acción: pescar, ahogarse, dirigirse, hacer. Los dos conceptos generales tienen su correlación en la experiencia general de las obras, mas no en la específica. ¿Podemos decir más, y dónde giramos?

Para quienes están desesperados por el tono de los tiempos actuales, quizás Pérez es un análogo de nuestro desorden nacional de exuberancia irracional que ha caracterizado el pensamiento de las relaciones extranjeras y los mercados financieros. En forma más extrema, se le puede interpretar como cataclismo destructivo o dystopia. Hay mucho desespero incorporado en las artes hoy, junto con una sensación de frugalidad dislocada. Para quienes están más contentos con la vida, la experiencia visceral de Pérez es suficiente; ¿el retorno de la belleza o sinestesia quizás? En la actualidad, los pintores jóvenes exploran viejos conceptos como creatividad y originalidad, aunque en sus propios términos, a través de una cultura saturada por los medios. Queda mucho por decir sobre esas relaciones, porque Pérez hace alusión a la cultura popular, y muchos críticos mayores no entienden qué significa ser contemporáneo. Pero me gustaría dar paso, brevemente, a una nueva interpretación.

Lo que veo aquí y en buena parte del arte joven de hoy es un intento de minar el pasado, no sólo en nuevos términos sino como un giro hacia una especie de semiótica de la inteligencia social; no qué sino cómo el mundo adquiere significado. No es el individualismo exclusivo de algún acto creativo, heroico y existencial sino más bien una improvisación en una era compleja que desautoriza la articulación específica. Es una generación desplazada hacia lo efímero, al darse cuenta de que una persona es insuficiente en la actualidad pero que hay una inteligencia grupal o de sistemas: la formación de la coherencia dentro de sistemas complejos. Pregunto si el dinamismo y el caos cuidadosamente construidos de Pérez presentan una inteligencia emocional como metáfora de la nueva inteligencia social que ahora necesitamos para sobrevivir.

*Esta reseña aprovechó las discusiones que se presentaron durante un seminario de crítica y arte contemporáneo realizado con estudiantes del Instituto Pratt.

RICHARD LESLIE

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