Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Gladys Yunes

Clemencia Labin

Alternativa, Elvira Neri Galería de Arte

La fuerza expresiva que caracteriza la obra de Clemencia Labin (1946, Maracaibo, Venezuela) se hace presente, una vez más, del 5 de agosto al 16 de septiembre en los espacios de Alternativa. Elvira Neri Galería de Arte. Textura, volumen y color constituyen los atributos con los cuales esta creadora marabina logra un contundente impacto visual que trasciende los límites de lo perceptivo. Su propuesta parte de un formato que luego se transforma en un híbrido volumétrico que desborda los márgenes del plano. La artista crea formas macizas, buscando un altorrelieve que rompa los convencionalismos entre lo bidimensional y lo tridimensional. Pero Labin se considera ante todo una pintora que intenta liberar a la pintura de su estructura tradicional; por eso su trabajo no se circunscribe sólo al lienzo, sino que cada obra se convierte en una pieza flexible que se puede colgar en la pared, colocar como una escultura o una instalación.

Exposición Individual: Clemencia Labin — imagen 1
Clemencia Labin. Mini pulpas Emilia, 2007. Telas diversas acolchadas y pinturas acrílicas. 20 x 20 x 5 cm. (7 3/4 x 7 3/4 x 1 3/4 pulgadas). Foto: Carlos Germán Rojas.

La organicidad de sus composiciones alude a sugestivas connotaciones cuyas modulaciones, segmentadas y amontonadas, parecen buscar su propio acomodo en el entorno. Forma y color ofrecen sorpresivos choques causados por el recubrimiento con telas industriales de diferentes tonalidades, las cuales conforman un conglomerado de entrantes y salientes cuyas irregularidades contrastan vivamente con las superficies satinadas, opacas, rayadas, punteadas o floreadas. El conjunto brinda un panorama de estridencias cromáticas que atrapan y seducen la mirada del espectador, tal como se observa en la serie Pulpitas, 2006, y Mini pulpas, 2007. Otras composiciones, como Mega pulpa, Lote, 2006, la saturación de los elementos conforma un barroquismo de abigarradas superposiciones constituidas por un surtido de telas, bolas de anime y pigmentos acrílicos. En cambio, en la serie Pulpa múltiple, 2007, la artista construye una cuadrícula dividida simétricamente, parecida a una de las caras del “cubo mágico” o “Rubik”, en cuyas cavidades inserta telas acolchadas, a modo de diminutos cojines, forrados con estampados de diversos colores. De este modo, se conjugan dinámicas asociaciones entre lo aleatorio y lo geométrico, lo pictórico y lo racional, lo ordenado y lo desordenado. La pieza invita a los espectadores a que intercambien los cojines para obtener otra versión compositiva; en este sentido, nos enfrentamos a una “obra abierta”, una obra que se desarrolla azarosamente en el tiempo. Por otra parte, la artista concibe la muestra como una gran instalación; ya que, además de las veinticinco piezas que conforman la exposición, incorpora el espacio arquitectónico, debido a la intervención del ducto de aire acondicionado, y hace de esta puesta en escena una creación integral. Sin embargo, su obra va más allá del formato, se extiende hacia la gestualidad del cuerpo y hacia la interacción con la comunidad. Es así como el día de la inauguración prepara un performance en el que simula ser una prolongación del ducto, para ello utiliza unas extensiones que la unen al artefacto. Desde esta posición, con la ayuda de un ventilador, imita los movimientos de la fuerza eólica, tratando de envolver a los presentes. De ahí que el título de la exposición, Quimeras de viento, sea la metáfora que nos conecte a ese mundo de sensaciones que la artista pretende transmitir, a través de la experiencia estética. En cuanto a su trabajo con la comunidad, es oportuno mencionar la Velada de Santa Lucía, proyecto en el que ha trabajado, en los últimos años, en una de las calles de su ciudad natal, en el que se incorporan curadores y artistas para realizar exposiciones dentro de las casas del vecindario.

Toda su obra apela a la exaltación de lo visual, lo táctil, lo confortable; pero también establece correspondencias con lo gustativo, lo agradable, lo envolvente, lo sensual. Sensaciones éstas que anidan en el fondo de la memoria corporal, como la caricia de un juguete de peluche, la suavidad de un cojín, la degustación de una golosina o la voluptuosidad de una forma femenina. “Mi intención –—firma la artista— es revelar algo que produzca deleite, que un estímulo sensorial lleve a otro. Estas piezas son para tocar, se tienen que tocar…”. En una sociedad altamente globalizada que persigue la acumulación del saber intelectual y tecnológico, acuñada como la “sociedad de la información y del conocimiento”, la propuesta de Labin abre un paréntesis para el reencuentro con nuestros sentidos; una forma viable para acceder al goce que ofrece la contemplación de estas obras de arte.

GLADYS YUNES YUNES

Clemencia Labin, por Gladys Yunes | artnexus