En la cuarta exposición de Carlos Vega en la Galería Jack Shainman se pudo observar que sus pinturas se han tornado enigmáticas de una manera irreverente, con buenos resultados. El artista hilo extrañas historias para las que empleó técnicas deliberadamente inconsistentes. La exposición, donde se encontraban dos conjuntos de obras diferentes, presentó diez pinturas en plomo y casi treinta pinturas pequeñas en collage. Las pinturas en plomo son nuevas para él, pues la técnica que ha practicado por mucho tiempo es la de superponer textos recolectados en mercados de pulgas y otras fuentes, con pinturas de paisajes, arquitectura y figuras.
Las pinturas del primer conjunto nos cautivaron con sus caprichosas imágenes y sus sensuales superficies. Empleando placas de plomo y herramientas para grabado, Vega grabó sobre ellas intrincados dibujos lineales de escenas selváticas. En dos de las obras, tituladas The Last Gypsy y This is Making me Crazy, un hombre trataba de abrigarse al calor de una fogata y luchaba por armar una carpa en medio del viento. En otra obra aparecían dos ciervos detrás de un árbol pero, en un giro surrealista, sus partes posteriores estaban, de manera inconcebible, escondidas detrás del delgado tronco. Vega representa la flora y fauna con esmerado detalle, en escenarios donde el hombre se encuentra buscando esclarecimiento en la selva.

En The Deluded Mind…, la única pintura grande en plomo, el artista amplió las obras pequeñas para componer un espectacular retablo de formas naturales y fantásticas. La cabeza de una mujer flotaba en el agua, al estilo de Ofelia, rodeada de animales, vegetación y, de manera inexplicable, la propia silueta incorpórea del artista. Algunos cabellos y ondas de agua circundaban el rostro de la mujer, agujas de pino sobresalían del agua, y hierbas y dientes de león cubrían la orilla. Un gato se inclinaba junto a la siniestra cabeza de un monstruo de los pantanos, mientras una libélula con la cabeza del artista zumbaba entre la hierba.
En todas sus pinturas en plomo, las cualidades físicas de las láminas retardan nuestra interpretación de sus narrativas y acentúan nuestro placer visual. El tono del plomo, y sus superficies hermosamente combadas y carcomidas compiten por nuestra atención. Así, ver estas pinturas, en especial las de gran tamaño, involucra un proceso de acumulación visual, a medida que reconocemos las figuras grabadas sobre la superficie metálica.
El alarde técnico y la fantasía narrativa que Vega exhibe en sus pinturas en plomo hacen que sea fácil observarlas, en comparación con sus collages y obras en acrílico. El artista es enigmático en extremo en estas pequeñas pinturas, donde yuxtapone collage y figuras y formas pintadas para aturdir al espectador (a veces, con un trasfondo humorístico). Pero en todas ellas amplía la brecha entre la aparente relación entre las imágenes encontradas y los textos que componen sus elementos dispuestos como collage y los aspectos pintados de las obras.
Vega combina collage y pintura, con el propósito de llamar la atención hacia las misteriosas concordancias de forma. En una pintura titulada (How Big is the World) The World montó en forma repetitiva alrededor de los bordes del lienzo una imagen de un perico posado en su jaula, de modo que los barrotes de ésta empezaran a sugerir una red en el centro del lienzo, que Vega llenó. La fotografía absolutamente banal de un pájaro en una tienda de mascotas actuó entonces como la armazón de la red modernista bellamente pintada por el artista.
En varias obras yuxtapuso texto e imágenes, para sugerir propaganda en la que los políticos son agresivamente ambiguos. Un atrevido texto en el que se leía Pure Science servía de pie de foto para bocetos a lápiz de un águila calva, y la palabra History aparecía como texto igualmente atrevido en la parte baja de una fotografía de un hombre que estaba quemando cartas en un incinerador. En una obra titulada Clean-up Site, una consigna política fue cubierta por una mancha de pintura negra, de modo que sólo quedaron visibles las últimas tres letras —PLE—. Sin embargo, podían verse los bordes de dos figuras con boinas; uno de los personajes llevaba un cinturón con pistolera y cargaba un fusil. ¿Era una consigna revolucionaria terminada en la famosa frase the people (la gente)? De ser así, ¿de qué revolución?
La mancha de pintura que oscurecía las pinturas y el texto de esta obra aparecían en varias de ellas, y es una de las muchas formas en que el artista emplea la pintura para demorar la comprensión de manera indefinida. Vega exhibe su habilidad richteresca para pintar de manera competente en un amplio repertorio de estilos. A veces pinta en estilos realistas que parecen haber sido tomados de períodos históricos. Otras, adopta formas kitsch de ilustraciones comerciales como la pintura por números, o el estilo bosquejo de un arquitecto o diseñador.
Su propuesta conceptual es fortalecida por su agudo sentido del color y el diseño. Referencias explícitas a las enigmáticas figuras de James Ensor y Gerhard Richter aparecían en todas las pinturas de esta exposición y, sin duda, Vega canaliza las distópicas fantasías de Ensor y la embaucadora postura de Richter como pintor. El hecho de tomar claves de estos buscapleitos sugiere una dirección promisoria para su pintura.
HARPER MONTGOMERY
