La Casa América presentó: Arte, sátira… ¡Subversión! 5 visiones iberoamericanas, recientemente expuesta en la ciudad de Madrid, bajo la curaduría de Dennys Matos y Lorena Pérez Rumpler.
La muestra reunió artistas de la talla de Martín y Sicilia, (España) Marcos López (Argentina), Elio Rodríguez (Cuba) Rubén Ortiz-Torres (México) y Santiago Echeverry (Colombia), quienes desde sus respectivos y muy particulares lenguajes y modos de representación nos traducen su imaginario inmediato empapado de la inquietante realidad que los circunda e inspira, invitándonos a satirizarla y reírnos conscientemente del penetrante e incisivo contenido crítico que estas piezas apuntan frente a nosotros.
Valiéndose de la parodia y la sátira como estrategias para dilatar irónica y humorísticamente los problemas de nuestro mundo, esta muestra colectiva concentra la mirada que cada uno de los artistas devuelve a su entorno, permitiéndonos encontrar en sus respectivos trabajos la agudeza crítica con la que han diseccionado las limitaciones y vicios de la sociedad actual, abordándola de manera divertida, acercándonos a su comprensión, al imaginario visual, sociocultural y político que las sostiene.

Es el sarcasmo responsable de subvertir todo orden lógico, moral y político, para darles sentido a estas piezas, que inevitablemente están asociadas a la idiosincrasia que les es propia como fenómeno. Todos ellos encuentran a su disposición las fuentes del imaginario popular, de la publicidad y de la cultura de masas, que en mayor o menor medida extraen de sus países y de su historia para tejer sus discursos.
Para comprender los procesos de creación y producción de estos artistas que se basan en lo hilarante y lo irónico, es importante considerar como estructuras sociales coherentes al capitalismo, ligado a la sociedad de consumo y al socialismo, ligado a un proyecto de justicia social, y darnos cuenta de que la lucha entre estas fuerzas antagónicas depende en gran parte de las imágenes, tanto en su papel pacificador como subversivo, funcionando cotidianamente en lo profundo de nuestra conciencia y conducta, sumergiéndonos en ellas. Son estas imágenes dotadas de una potente carga de humor transgresor las que sustentan las diferentes piezas aquí reunidas.
El dúo de artistas Martín y Sicilia (Santa Cruz de Tenerife, España, 1974 y 1971), deudores del realismo español y europeo de los siglos XVIII y XIX, se decantan por la tendencia neofigurativa para recrear paródicamente relatos actuales e imágenes de la vida cotidiana, subvirtiendo su orden lógico. Apropiándose de los cánones compositivos, así como de la profundidad de campo propia del realismo, este colectivo ha sustituido la temática que confiere importancia a los bodegones, marinas, retratos cortesanos e interiores palaciegos, por contundentes relatos de actualidad dentro del espacio público o privado.

Ocupando íntegramente una de las salas, El brindis confronta de esquina a esquina imágenes en tamaño natural de militares y civiles en dos bandos, cuyos roles ha sido cambiados: mientras la actitud de los que brindan con champaña se aleja de la marcialidad que les confieren sus insignias y uniformes, civiles hacen un despliegue de actitudes ofensivas, portando armas de fuego, apuntándolos directamente. Lo que pudiera entenderse como una imagen de identidad nacional encarnada por este grupo de militares, es contrapuesta por la imagen de un grupo perteneciente a la burguesía nacional, que disfrutaría normalmente de este típico coctel party.
Elio Rodríguez (La Habana, Cuba, 1966) se vale de su alter ego, El macho, para profundizar de manera sensual-caribeña y contestataria en el concepto establecido del sincretismo cubano. De la reinterpretación de estampillas propias de los habanos a finales del siglo XIX brinca a la gráfica cartelística norteamericana de los años prerrevolucionarios. Idilio tropical, El jinetero, El poder del trópico, por una parte, y El asalto, por otra, son clarísimos ejemplos de cómo la tradición española aunada a la influencia racial negra e indígena de la Colonia, se enfrentan a la arrolladora presencia postcolonial norteamericana en la Cuba prerrevolucionaria. Coches, frutas tropicales, botellas de ron, palmeras, habanos, música, lujuria y cine conviven para ser parodiados y trazados cínicamente por el artista. Sus composiciones, a la manera de etiquetas, si se quiere publicitarias, nos hacen pensar en todo este compendio cultural e híbrido cubano-caribeño como un producto, que ha sido reducido a su condición mercantil, perdiendo inmediatamente su verdadera identidad para adquirir una nueva estampa que lo hace negociable.

De manera intelectual, el argentino Marcos López (Santa Fe, Argentina, 1958) hace uso de un marcado humor negro, para señalar particular y sarcásticamente con sus fotografías hiperrealistas, divertidamente cínicas, el mundo publicitario, que engloba todo lo relacionado con la superficialidad en la sociedad de consumo. Estética del vacío llevada a su máxima expresión, poses, fetiches y culto al cuerpo, al placer, la cultura kitsch, estereotipos que destilan encanto y clase. Al parecer, todo ello como premisa para Picada en la Terraza de la Fundación Proa, en la que limpiamente conjuga y compone cada uno de estos elementos. Sus personajes, sin distinción de clases sociales, se encuentran inmersos en el papel que le corresponde, atentos a su rol frente a la cámara, bien sea como mesonero, como fisicoculturista, como nadadora, como modelo, como intelectual. El tiempo se detiene para inmortalizarlos en esta fotografía. El uso contrastante del amarillo y el azul cobalto, así como la disposición de sus personajes, le dan un acabado impecablemente publicitario a la composición. En piezas como Boca Junior, Perón y Evita, El Che y Gardel preocupado, Marcos López subraya la importancia de dislocar estos símbolos nacionales típicamente argentinos para ridiculizar al extremo sus expresiones, desmitificándolas. El artista acentúa en estas fotografías lo ficticio del grano coloreado, lo sonrosadas que lucen las mejillas o sus poses deliberadamente forzadas. Cabe destacar Asado en Mendiolaza como el exceso de la sátira, en la que los más diversos tipos sociales recrean a los doce apóstoles y a Jesús compartiendo una auténtica barbacoa en un banquete teatralmente magistral, como si de la Última Cena se tratase.
Rubén Ortiz-Torres (Ciudad de México, México, 1962) interviene sus fotografías para describir y denunciar acuciosamente cómo la cultura mexicana, sus mitos y sus tradiciones son sistemáticamente invadidos, dada la incorporación de elementos provenientes de otros grupos y culturas, como es el caso de Sacrificio humano con tiburones y Sex Goddess, siendo un ejemplo típico de contaminación cultural. Con la serie The past is not what it used to be, el artista interviene carteles y fotografías con un aparente rigor etnológico, con el objeto de indagar estéticamente la inclusión de diferentes elementos y discursos, signos y objetos fuera de contexto. Ortiz-Torres estudia la transculturización, no sólo material sino espiritual, incursiona fusionando elementos iconográficos que son ajenos a las composiciones iniciales, reductos del reciclaje y pastiche, con el objeto de llevar al extremo la tensión existente entre el objeto y la escena que adopta, resultando desproporcionada. Piezas como la que muestra la Colosal cabeza olmeca en las ruinas mayas, o Atlántida, entre otras, dan cuenta de esta relación. Cabe destacar el Supermercado dentro de la pirámide precolombina mexicana, fotomontaje explotado en color rojo, en el cual un supermercado parece haber sido excavado dentro de una pirámide precolombina, para hacerlo no sólo típico, sino vistoso y monumental, al mejor estilo norteamericano, respondiendo a una visión crítica de transformaciones socioculturales en el marco de la globalización.

La obra de Santiago Echeverry (Bogotá, Colombia, 1970) se detiene en la ubicuidad social del sexo, en torno a la cual reflexiona sobre las categorías impermeables y excluyentes de lo masculino y lo femenino. Haciendo uso de la imagen audiovisual, Echeverri desarrolla una postura reivindicativa de la subcultura gay en la capital colombiana, con una fuerte carga autobiográfica. En Manifiesto Pattytetikko, el autor desenhebra su discurso de manera nihilista y contestataria, al mejor estilo de las vanguardias del siglo pasado, reconstruyendo y luego ironizando la ideología que se esconde tras los discursos anatómicos, antropológicos y biológicos que clasifican lo masculino de manera opuesta y complementaria de lo femenino. La parodia se extiende al performance sexual y social íntimamente ligado al hombre y la mujer. De manera doblemente efectiva, el sarcasmo si bien legitima la realidad homosexual colombiana, por una parte denuncia y, por la otra, no se basta de todo el imaginario visual al cual está asociada la cultura gay, para poder explicar su contenido y traducirlo en enunciados fácilmente asimilables por el espectador.
En Lover Man (Where can you be), esta contraposición de lo masculino y lo femenino se hace patente, valiéndose de la sátira que subvierte el rol de un hombre en su proceso de transformación en Drag Queen, recurriendo detalladamente a cada uno de los procesos psicológicos y físicos que esta metamorfosis implica. De esta manera, nuestro personaje confiesa cómo se siente rechazado al ser parte de un colectivo que se somete a la intolerancia y la feroz violencia de una ciudad como Bogotá, pero, en todo caso cualquier ciudad latinoamericana frente al tema homosexual. Summertime de Billie Holliday, como el himno de la comunidad gay bogotana, forma parte de la banda sonora de esta pieza, en la que nuestro personaje canta, se conmueve y nos habla directamente a los ojos, haciéndonos espectadores privilegiados frente a su vulnerabilidad.
Arte, sátira…¡Subversión! da cuenta del empleo estético de la parodia, sin desligarse directamente de los contenidos socioculturales como fundamento de las propuestas de cada uno de los artistas, quienes admiten y cuestionan, legitiman y subvierten situaciones, estereotipos e iconos, para reafirmarlos y revisarlos con guiño humorístico.
Todas y cada una de las propuestas aquí mostradas guardan en común la necesidad de transformar la representación de las imágenes de manera unívoca, una batalla que se libra contra el poder que la representación les confiere. Un esfuerzo colectivo por unirse en la risa y el escarnio que hace mucho más llevadera la asimilación de lo que se corresponde con la realidad social, cultural y política iberoamericana, a la cual estamos sometidos y que hemos decidido saber llevar de la mejor manera posible y nunca mejor que riéndonos de ella!
El humor y el escarnio son recursos constantes de los que estéticamente se han valido estas cinco propuestas para provocar deliberadamente entretenimiento en el espectador, paralelamente a una profunda reflexión acerca de las problemáticas que las sociedades iberoamericanas atraviesan actualmente dentro de la carrera cultural hacia la globalización.
ELISA RODRÍGUEZ

