Con
una actitud que pareciera oscilar entre la de un artista y la de un científico,
Andrea Juan se traslada al lugar de estudio: las zonas más australes del
continente americano. Allí explora, mide y compara. Su programa operativo tiene
la particularidad de desarrollarse en el límite de lo estético y lo ético,
apostando a la toma de conciencia acerca de los cambios climáticos y de sus
consecuencias. En el centro de la cuestión figurará la responsabilidad humana
en lo que hace a estas transformaciones, tal como podemos observar en la muestra
Letal de la Serie Metano, presentada
en Praxis. Veinte fotografías y un video dan cuenta de los últimos tramos de su
Proyecto Antártica, para el cual
contó con una beca Guggenheim y otra otorgada por el gobierno de Canadá, además
de respaldos provenientes de instituciones nacionales que sin duda tuvieron en
cuenta su larga y reconocida trayectoria en el campo del videoarte y la
fotografía.

Para llevar adelante Letal, la artista partió de la investigación del científico argentino Rodolfo del Valle sobre la aparición de partículas de gas metano en la superficie de la Antártida. El peligro radica en que, al disminuir la barrera de hielo a causa de su descongelamiento, el gas metano asciende y potencia el efecto invernadero. Frente a esto, la artista alerta tomando registro fotográfico y videográfico de grandes masas de hielo y de bloques desprendidos que recuerdan, por ejemplo, la pérdida de la barrera de hielo Larsen, que hoy ocupa tan sólo el 30 por ciento de la extensión que ocupaba.
El video que acompaña a la selección fotográfica registra tres acciones performáticas realizadas en días distintos, en estricta relación con el cambio climático. Allí vemos, sobre la meseta nevada en la isla Marambio, a dos performers que caminan en la inmensidad del desierto arrastrando metros y metros de tules violeta, azul y naranja, colores asociados al gas. La primera acción, realizada en un día soleado, fue seguida de otra en un día nublado. En este caso, la acción también se llevó a cabo desde arriba de un helicóptero; los tules velaban nuestra visión directa del continente y así metaforizaban la peligrosa situación ecológica causada por el gas tóxico metano encontrado en su superficie. La tercera performance se realizó en plena tormenta, lo que hacía muy difícil la acción de los performers, que debían luchar contra las inclemencias del viento y de la lluvia para sostenerse en pie. De este modo, se ponía en figura, de modo dramático, la tensión contemporánea entre el hombre y la naturaleza.
Si bien en la exposición que comentamos las tres performances conformaron un video (presentado como una unidad), la artista también las pensó como partes de una videoinstalación, para ser proyectadas simultáneamente. Así se exhibieron en la reciente Bienal del Fin del Mundo, que tuvo lugar en la remota ciudad de Ushuaia. Podríamos imaginar que las imágenes registradas producen un efecto similar al de algunas obras de Caspar Friedrich: un sentimiento sublime, una mezcla de placer y temor causada por las fuerzas descontroladas de la naturaleza. Gracias a las posibilidades de las nuevas tecnologías, Andrea Juan traspasa el plano meramente representativo, para llevar a cabo su apelación a lo vivencial. Aunque a miles de kilómetros de distancia, frente a sus grandes pantallas y a sus fotografías, es posible vivenciar una indeseable situación en la que todos estamos inmersos, para poder reflexionar en profundidad sobre ella.
El Proyecto Antártida comenzó a realizarse en 2004, cuando la artista efectúa su primer viaje al lugar, que será seguido de otros, en los tres años siguientes. El primer resultado de sus viajes fue la performance Red, en la que desplegó 50 metros de lienzo traslúcido color rojo sobre un glaciar de la península Antártica, para producir elocuentes asociaciones con la sangre y la herida, que metaforizaban el desastre ambiental. A Red le siguió la videoinstalación Proyecciones, con dos videos que se proyectaban in situ, sobre los hielos australes: Girasoles y Encapsulados resultaron también espectaculares metaforizaciones del actual desastre ambiental y del futuro cada vez más incierto del planeta.
Señalaba Susan Sontag en Sobre la fotografía que ésta se convierte en “ética visual” cuando indica lo que debe ser visto, esa realidad oculta o semioculta sobre la que es preciso tomar conciencia y accionar. Desde esa perspectiva, es clara la “ética visual” de Andrea Juan, quizás una artista romántica a comienzos del siglo XXI.
CECILIA FIEL
