Exposición Individualdic 2007 - feb 2008· Por Christine Frérot

Alejandra Figueroa

Musée National du Moyen-Age-Thermes de Cluny

Instalada en París desde hace cerca de quince años, la joven fotógrafa mexicana Alejandra Figueroa se interesa exclusivamente en el detalle. Los fragmentos de rostros y cuerpos, los pliegues, protuberancias y depresiones en toda su majestad, los juegos de luces y sombras sobre la “piel”, las líneas captadas y retenidas en su fuga… ponen en escena, en cada una de sus obras, una nueva anatomía. La artista está empeñada en encontrar, en el arte de los museos del mundo entero, todo detalle que merezca ser resaltado y que, tal vez, permita contemplar el pasado con una mirada nueva. Su primer interés es el volumen de la escultura en la que desmenuza la figura jugando con el clarooscuro y la voluptuosidad de las formas, para no conservar más que una pequeña parte: un pliegue del drapeado velo que cubre apenas la desnudez; una curva escondida; un gesto delicado… Todos estos fragmentos revelan un erotismo discreto y sensual a la vez. Al abordar ahora el vitral medieval, la artista se impone, sin duda alguna, un nuevo reto. En efecto, esta vez tiene que vérselas con una superficie plana y con una técnica que no atrapa la luz sino que la deja pasar en transparencia para que la densidad pictórica pueda existir.

Exposición Individual: Alejandra Figueroa — imagen 1
Alejandra Figueroa. Sin título, 2002. Cibachrome. 180 x 120 cm. (70 4/5 x 47 1/5 pulgadas).

Para esta exposición, que se exhibe en un salón abovedado del Museo de Cluny, la artista presenta un conjunto de 22 fotografías a color de gran formato. Los vitrales fotografiados (de los siglos XII al XIV) fueron restaurados gracias al mecenazgo de la fundación Gaz de France. Es la primera vez que este museo, instalado en uno de los más bellos palacetes de París y cuya vocación es mostrar el arte del Medioevo (estatuillas, tapices, entre los cuales podemos mencionar a la famosa “Dame à la Licorne” (La dama del unicornio), monedas, estelas y más que nada vitrales de los que posee la más vasta colección de toda Francia) acoge una exposición de arte contemporáneo. Pero para la fotógrafa, no se trata de su primera vez. En efecto, ella ya tiene la experiencia de los lugares históricos y prestigiosos en los que efectuó la mayoría de sus exposiciones. Vemos así que, ya en 1997, exhibió en el Gran Louvre sus extremadamente potentes fotografías, en blanco y negro, de fragmentos de cuerpos esculpidos; más adelante, en 1998, hizo una exposición en el Museo de Orsay y en 1999 recibió un pedido del Vaticano. Tampoco podemos dejar de mencionar su exposición Skin of Angels en la Iglesia San Eustaquio de París, en 2002, para el Mes de la Fotografía.

A diferencia del white cube del arte contemporáneo y de las antiguas fábricas convertidas en espacios de exposición en los que prevalece la sobriedad, el espacio convencional del museo, cargado de obras, está impregnado de historia. Este entorno obligado es un desafío más, en la medida en que la adecuación evidente entre el tema tratado y el lugar donde se exhibe podría quitar fuerza al discurso de la artista. Pero para Alejandra Figueroa no se trata simplemente de hacer eco a sus “modelos” ni de responder dialécticamente a ellos. Lo que le interesa es más bien establecer correspondencias virtuales o crear una empatía estética con esas figuras esculpidas o pintadas que el ojo humano nunca alcanza a ver en su totalidad.

Este afán de priorizar el detalle no es sólo su opción estética sino una decisión que se refiere también a la percepción sensible y estética del sujeto. No existe realmente un enfoque obligado en la forma de mirar la obra de arte. Existen diferentes tipos de miradas, así como existen incitaciones et informaciones que condicionan nuestra mirada. Existen también modas que favorecen la atracción o el rechazo, y percepciones que varían en función de la cultura, del hábito de visita, de la sensibilidad y del conocimiento. En el caso de Alejandra Figueroa, encontramos una pista privilegiada, la decisión de considerar la obra a partir de un detalle. Se trata en cierta forma de forzar la mirada, de orientarla hacia una opción predeterminada, pero por encima de todo, de abrirle nuevos espacios de reflexión y permitirle descubrir, tal vez, otras interpretaciones que puedan poner en tela de juicio las afirmaciones de la historia. No se trata aquí del detalle del que habla el historiador de arte francés Daniel Arasse, aquel que puede dar su sentido a la narración de la obra y que el artista escoge para atribuirle un lugar determinante en la estrategia pictórica. Pues en una obra el detalle es a menudo el hilo conductor que aglutina cada una de las partes y permite conformar el todo.

Con Alejandra Figueroa, hacer énfasis en el detalle es, en cierta forma, crear una nueva obra de arte a partir de la misma. Es escoger, como observador externo, un detalle específico —cosa que nos permite la fotografía, que, en realidad, se basa en una visión parcial— es inventar acercamientos iconográficos que logran yuxtaponer los tiempos de la historia del arte y de los estilos, para crear puentes entre el arte antiguo y el arte moderno. Si la macrofotografía encontró su campo de predilección en la naturaleza, el trabajo de Alejandra Figueroa, por su parte, nos invita a mirar de cerca las obras de arte de grandes dimensiones y a magnificar nuestro placer estético encontrando enfoques y complicidades insospechadas. Con ella descubrimos hasta qué punto el arte del vitral —que se quedó equivocadamente en un arte llamado menor— es rico en expresiones, desde los rostros hasta la flora y la fauna, pasando por los decorados. Por último, las fotografías de vitrales de Figueroa nos introducen en un universo de abstracciones y hábiles geometrías en donde el color intenso es utilizado con precisión y fuerza. De esta manera, la artista nos permite atravesar los siglos y sus formas para acercarnos a los modernos, a los expresionistas abstractos o neoplásticos, y construirles una nueva historia. 

CHRISTINE FRÉROT

Alejandra Figueroa, por Christine Frérot | artnexus