Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Natalia Gutiérrez

Víctor Laignelet

Valenzuela y Klenner Proyectos Contemporáneos

Víctor Laignelet es un artista de amplia trayectoria, ganador del Primer Premio del Salón Nacional de Artistas en 1986 y ganador del Premio Luis Caballero en su primera versión, en 1998.

Hay que decir también que Víctor Laignelet marcó el arte de los años noventa en Colombia, con un trabajo primero en pintura que, además del sorprendente dominio técnico, propuso unas imágenes pensantes y sensuales para el ojo. Recordemos la serie de Vírgenes civiles y toreros que recogían la tradición de la pintura insertando tradiciones no mozárabes; una pintura reinventada para tratar el tema de lo femenino y lo masculino. Recordemos también la serie de Pinturas Suaves para Cintia, que exploraron climas y matices para envolver signos cabalísticos y de iconografía popular. Laignelet marcó el arte de los años 90 por otra razón: se preguntó por el sentido de las imágenes en un país con contradicciones sociales agudas, y desde entonces ha indagado la relación entre el arte y la cultura, en la pedagogía, en intervenciones urbanas y en acciones con la comunidad.

Exposición Individual: Víctor Laignelet — imagen 1
Víctor Laignelet. Fragmento de la exposición Libro de oraciones, 2007. 45 x 178 cm. (17 3/4 x 70 pulgadas).

En esta nueva exposición, Laignelet se propone varios métodos para retomar el hilo de las imágenes. El primero y fundamental es convertir el papel industrial en una cinta continua que recorre el primer piso de la galería (un atávico “cine continuo”), donde aparecen imágenes como oraciones. Esta palabra tiene el triple sentido de plegarias, de tiempo para la meditación y de frases con autonomía gramatical. Más que frases, son pequeños relatos en imágenes que el espectador está invitado a ligar. Imágenes un poco apocalípticas, hay que decirlo, e incómodas con el poder. Así, las grandes marchas políticas se confunden con Lacan, que advierte sobre la imagen y el poder del lenguaje sobre un sujeto desvalido y desconcertado. El método sin un centro de esta primera parte de la exposición, más que llevar a la fragmentación, es una manera que tiene el artista, y también el espectador, de adaptarse a una totalidad de la vida con temas promiscuos, sin emitir juicios definitivos: el desencuentro de las parejas, la niñez, la adolescencia, los discursos políticos, la sensualidad. Esta promiscuidad se nota en los temas y en las técnicas, y así, aparece el dibujo en esferográfico, en pastel, óleo, fotografía, grabados y técnicas de impresión callejeras. Pero no sólo se trata de técnicas sino que el artista reivindica también modos de hacer, jergas, un mundo un poco extraño para la historia del arte que tiene que ver con las fotonovelas, las historietas, el cine, las pinturas de domingo que recuerdan los manuales para pintores tan en boga en la provincia, que, en Colombia, es el espacio de la coexistencia de duraciones por excelencia.

La exposición se desdobla, y en el segundo piso, y a mi modo de ver, el artista plantea otro método, y es el de escuchar. La humanidad está dividida en dos categorías: los que escuchan y los que no escuchan, dice Philip Roth en su libro de entrevistas El oficio de un escritor, sus colegas y sus obras. Lo que quiero decir es que, en el segundo piso de la exposición, las imágenes están construidas por la lógica de las mismas imágenes, como si se mezclaran solas en un ejercicio de síntesis. De pronto, los ángeles de la pintura colonial latinoamericana, que se caracterizan por sostener un arcabuz como un bastón galante, en una de las obras se disparan a sí mismos, con una mirada no exactamente en el blanco sino pérdida, errática. Estas imágenes son un ejemplo de una construcción simbólica con un significado flotante. En ese mismo orden de ideas, el dibujo de un arquitecto entre decó y moderno se traduce en video y así, él mismo y su mesa de trabajo se disuelven y se reestructuran. El arquitecto, el constructor de la modernidad por excelencia, que en esta exposición ejerce su oficio de dibujante del mundo en una pantalla de video, una superficie inestable que permite pasar de la estructura a la disolución. A propósito de los videos, en esta exposición son el resultado del oficio de un pintor que no da la luz por sentada sino que la consigue con modulaciones de tonos, cambios de formatos y verdadera experimentación con la imagen. Otros protagonistas permiten ver la realidad de manera más transversal; son protagonistas “pensativos”: ángeles masculinos-femeninos, arquitectos que construyen y deconstruyen su diseño del mundo, madres dolientes que lloran a sus muertos o esperan, budas fecundos; son invitaciones a ligar, a establecer nuevos vínculos entre el espectador y el mundo de afuera, saturado, necesitado de que cada uno lo reescriba.

NATALIA GUTIÉRREZ

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